Sinner dio vuelta la final en Montecarlo, bajó a Alcaraz y volvió a la cima

Deporte12/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El italiano resistió los mejores pasajes de Alcaraz, se quedó con los puntos decisivos en Montecarlo y recuperó el número uno del ranking.

Sinner
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Jannik Sinner volvió a ubicarse en lo más alto del tenis masculino después de una final que exigió temple, reacción y precisión en los momentos de mayor presión. El italiano derrotó a Carlos Alcaraz en Montecarlo por 7-6(5) y 6-3 y cerró una jornada que no solo entregó un título importante, sino también un cambio inmediato en la cima del circuito. La definición tenía un valor doble y Sinner la resolvió con autoridad cuando el partido parecía inclinarse para el otro lado.

La pulseada no empezó cómoda para el campeón. Alcaraz entró mejor, quebró rápido y se puso 2-0 con una propuesta de puntos largos, pensada para incomodar al italiano y sacarlo de su ritmo. En ese tramo, el español logró instalar la sensación de que podía manejar la dinámica del encuentro, pero esa ventaja temprana no le alcanzó para sostener el control.

Sinner no tardó en responder y cambió la dirección del desarrollo con una postura más agresiva. El italiano recuperó terreno, emparejó los intercambios y llevó el primer parcial a una zona donde cada detalle empezaba a pesar más que el dominio previo. Ahí apareció una de las claves de la final: cuando el set entró en el terreno del ajuste fino, el italiano encontró mejores respuestas que su rival.

El desempate del primer set dejó una señal fuerte para el resto del partido. Sinner aprovechó errores de Alcaraz, sacó ventaja en el tie break y se quedó con una manga que había empezado torcida. Ese cierre no solo le dio el 7-6(5), también cambió el ánimo del partido porque convirtió una situación incómoda en una plataforma favorable para el resto de la tarde.


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La reacción de Alcaraz en el segundo parcial volvió a poner en discusión el desenlace. El español recuperó iniciativa, quebró para adelantarse 3-1 y parecía quedar bien perfilado para estirar la final. En ese momento, el encuentro otra vez mostró un giro, porque cuando el murciano tenía margen para imponer condiciones, la consistencia se le volvió intermitente.

Sobre esa caída parcial del español construyó su mejor tramo Sinner. Con más soltura, más variantes y una lectura precisa de los puntos importantes, el italiano enlazó tres games consecutivos y pasó a mandar en el resultado y en el tono del partido. Esa secuencia fue decisiva porque le permitió transformar una desventaja concreta en una posición de dominio sin volver a ceder espacio.

El peso del duelo también venía marcado por todo lo que estaba en juego alrededor de la final. No era solo un partido por el trofeo en el Masters 1000 de Montecarlo, sino también una disputa directa por la cima del ranking mundial. En ese contexto, cada cambio de impulso tuvo un valor mayor, porque el ganador no iba a salir solamente con una copa, sino con el liderazgo del circuito.


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Además, el cruce arrastraba un historial cargado y un antecedente favorable para Alcaraz, que llegaba arriba en los enfrentamientos entre ambos por 10-6. El partido en Montecarlo fue el decimoséptimo entre los dos, un dato que refuerza la magnitud de una rivalidad que ya se instaló entre las más fuertes del tenis actual. Esta vez, sin embargo, la estadística previa no condicionó el cierre, porque el italiano logró imponer su respuesta en los pasajes más exigentes.

El recorrido hasta la final también le daba espesor a la definición. Alcaraz venía de eliminar a Valentin Vacherot, mientras que Sinner había hecho lo propio ante Alexander Zverev, de modo que ambos llegaban después de superar pruebas de peso en el torneo. La final, entonces, no resolvió solo un campeonato, sino la jerarquía del mejor cierre de semana en el Principado.

Cuando llegó el tramo final, Sinner sostuvo el control sin dejar fisuras y selló una victoria que lo devolvió al centro del escenario. El italiano cerró el partido por 7-6(5) y 6-3, levantó el trofeo en Montecarlo y recuperó el número uno del mundo. La combinación entre título, rival y contexto convirtió su consagración en una señal fuerte dentro del circuito: la cima volvió a cambiar de dueño y quedó otra vez en manos del jugador que mejor resolvió el día más pesado.

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