
Nahuel Gallo reapareció en Buenos Aires y volvió a exigir la liberación de detenidos en Venezuela
Actualidad12/04/2026
REDACCIÓNEl gendarme argentino, liberado en marzo después de 448 días preso, encabezó una corrida simbólica y puso otra vez en escena el reclamo por los extranjeros que siguen encarcelados.

Nahuel Gallo volvió a exponerse en público en Buenos Aires con un mensaje que buscó correr el eje de su caso personal y llevarlo hacia una situación más amplia. Después de participar de una actividad simbólica en la ciudad, el gendarme argentino reclamó por los extranjeros que aún permanecen detenidos en Venezuela y pidió que la atención internacional no se desplace hacia otros temas. Su aparición tuvo ese doble sentido: mostrar que recuperó la libertad y, al mismo tiempo, insistir en que el problema sigue abierto para otras personas.
La actividad elegida fue una corrida con carga pública y política, pensada para sostener visible un reclamo que no terminó con su liberación. Gallo la utilizó como una plataforma para hablar de quienes continúan presos y para remarcar que el suyo no fue un episodio aislado. El gesto tuvo además un peso adicional porque se produjo poco tiempo después de su salida de prisión, en una etapa en la que su historia todavía conserva repercusión diplomática y humana.


Durante esa intervención, el ex detenido planteó que en cárceles venezolanas siguen alojados ciudadanos de distintos países bajo condiciones similares a las que él mismo atravesó. Allí puso el foco en la falta de procesos judiciales claros y en la ausencia de garantías legales, dos elementos que aparecieron como parte central de su denuncia pública. Esa descripción no apuntó solo a reconstruir su experiencia, sino a señalar que la discusión sigue vigente más allá de su caso particular.
El reclamo tomó forma en una escena concreta de Buenos Aires, pero el mensaje buscó atravesar fronteras. Gallo sostuvo que todavía hay personas detenidas en un esquema que, según expuso, mantiene rasgos de arbitrariedad y opacidad. La corrida, en ese sentido, funcionó menos como un acto deportivo que como una forma de volver a instalar el tema en la conversación pública.
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La historia reciente del gendarme explica por qué su palabra conserva impacto. Gallo había sido arrestado en diciembre de 2024 cuando ingresó a Venezuela y permaneció privado de la libertad durante 448 días. Ese período se convirtió en uno de los datos más contundentes del caso, no solo por la duración del encierro, sino también por la tensión diplomática que provocó entre ambos países.
Su liberación recién llegó en marzo de 2026, después de un proceso que acumuló denuncias internacionales por violaciones a los derechos humanos. Desde entonces, según trascendió, resolvió impulsar acciones públicas para mantener el tema en agenda y para evitar que su salida de prisión sea leída como un cierre completo del conflicto. La actividad de este domingo se inscribió dentro de esa línea de exposición y presión.
En su planteo, el ex detenido también buscó dejar en claro que la comunidad internacional todavía tiene un papel pendiente. Insistió en que la presión externa debe continuar para que quienes siguen encarcelados puedan recuperar la libertad. El centro de su mensaje ya no estuvo puesto solo en lo que le ocurrió a él, sino en la persistencia de un sistema de detenciones que, según sostuvo, sigue afectando a extranjeros.
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Ese señalamiento convive con otro dato que le da dimensión al cuadro. Distintos organismos y reportes sostienen que todavía quedan cientos de presos políticos en Venezuela, incluso después de las excarcelaciones parciales que se produjeron en los últimos meses. La referencia amplía el foco del reclamo y ubica la aparición de Gallo dentro de una discusión mayor, atravesada por denuncias sobre derechos, legalidad y condiciones de detención.
La reaparición pública del gendarme, entonces, no quedó limitada a una escena testimonial ni a una evocación de lo vivido. En Buenos Aires, eligió un formato visible, breve y directo para insistir con una demanda que excede su caso y que apunta a otros detenidos que siguen sin recuperar la libertad. Ese corrimiento del eje personal hacia un planteo más amplio terminó dándole a la actividad un valor político concreto.
Con esa intervención, Nahuel Gallo volvió a poner nombre y cuerpo a una discusión que sigue abierta y que no quedó resuelta con su salida de la cárcel. Su mensaje no buscó clausurar una historia, sino advertir que todavía hay extranjeros presos en Venezuela y que el reclamo sigue vigente. La escena que dejó en la ciudad fue esa: un hombre recién liberado que eligió no hablar solo de sí mismo, sino de quienes continúan encerrados.














