
La hermana del Presidente cerró filas detrás del jefe de Gabinete, abrió una tregua con la ministra y dejó otra pulseada latiendo en la Rosada.

La Casa Rosada resolvió una jugada doble en el momento más delicado del oficialismo. Manuel Adorni seguirá blindado en el centro del Gobierno aun cuando su permanencia arrastra costo político, pero al mismo tiempo Patricia Bullrich quedó mejor posicionada para disputar la jefatura porteña. Esa combinación exhibe algo más que una decisión táctica: muestra hasta dónde llega hoy la lapicera de Karina Milei dentro del armado libertario.
La continuidad de Adorni quedó atada, según la fuente, a una convicción que en el karinismo repiten sin rodeos. La hermana del Presidente sostiene que el funcionario puede seguir “hasta el último día de Javier en la Casa Rosada” y parte de esa confianza descansa en una idea de fondo: el resultado electoral futuro dependerá más del rumbo económico que del desgaste político que hoy rodea a la gestión. Karina apuesta a que el orden de la economía termine acomodando el resto de las variables, incluso en un contexto donde el nombre del jefe de Gabinete dejó de ser neutro para la imagen oficial.


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Ese blindaje, sin embargo, no responde solo a una señal de firmeza ante la presión externa. También expresa una limitación concreta de poder, porque el sector que responde a Karina no tiene un reemplazo sencillo para instalar sin costo propio. En ese tablero, Eduardo “Lule” Menem, Martín Menem y Pilar Ramírez aparecen mencionados con obstáculos distintos, desde una causa pendiente hasta la necesidad de no tocar piezas sensibles en Diputados ni vaciar el frente porteño.
La Ciudad de Buenos Aires quedó así en el centro de una negociación más amplia que ya no se reduce a nombres sueltos. El gesto que Karina hizo en la reunión de Gabinete, al ubicar a Alejandra Monteoliva junto a Bullrich, funcionó como una foto interna de tregua y como una bajada de línea para toda su tropa. De allí salió una definición política que en el oficialismo empezaron a repetir con claridad: “Es con Patricia, no hay dudas. Debe ser integrada nuestra gente, pero no tiene sentido discutirle a alguien que sacó 50 por ciento hace menos de un año”.
Ese movimiento también tuvo otro destinatario, porque el Gobierno mira de reojo a Mauricio Macri y a cualquier intento del PRO de levantar una propuesta propia. La posibilidad de que el ex presidente vuelva a pararse como alternativa alteró los cálculos libertarios, sobre todo en un distrito donde el macrismo todavía pelea por conservar su base de poder. Por eso la habilitación a Bullrich vale como gesto hacia adentro, pero también como mensaje hacia una fuerza con la que La Libertad Avanza todavía necesita entenderse en más de un terreno.
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La discusión no termina en la Capital. Dentro del oficialismo crece la idea de que un acuerdo con el PRO será necesario si Javier Milei quiere llegar competitivo a una reelección, especialmente ante un peronismo que la fuente describe con señales de mayor unidad y más volumen que en 2023. En esa lectura conviven la preocupación por la Ciudad, la pelea por la provincia de Buenos Aires y la certeza de que fragmentar demasiado el espacio propio puede costar caro.
Bullrich, de todos modos, no salió a abrazar esa candidatura como un hecho consumado. Cerca de la ministra bajan el tono y dejan una advertencia que también ordena prioridades dentro del mileísmo. “Patricia no es ni más ni menos candidata que la semana pasada. Sabe que mide bien, pero que no tiene sentido ganar un distrito si se pone en riesgo la reelección de Milei. Primero hay que evaluar en qué contexto se llega al año que viene”, resumió un colaborador citado en la fuente.
Detrás de esa tregua parcial con Bullrich sigue abierta otra guerra, mucho menos visible en público pero cada vez más intensa en la cúpula oficial. El deterioro en la aprobación del Gobierno no frenó la ofensiva de Karina contra Santiago Caputo, a quien en su entorno le adjudican parte de los problemas judiciales y del daño mediático que golpea a la administración. La frase que circula en ese sector condensa el nivel de la pulseada: “Si se va Manuel, se va Santiago”.
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Esa disputa ya impacta sobre el armado bonaerense, donde el oficialismo intenta decidir si conviene priorizar un entendimiento con el PRO o explotar la fragmentación del peronismo. En ese debate aparecen nombres como Sebastián Pareja y Diego Santilli, junto con viejos recelos por la experiencia de 2023, cuando la división del voto no peronista terminó beneficiando a Axel Kicillof. La abundancia de aspirantes, lejos de simplificar la estrategia, volvió más áspera la discusión sobre quién manda, quién cede y quién queda expuesto.
La decisión de sostener a Adorni, entonces, no cierra la crisis interna sino que la redistribuye. Karina preserva a un funcionario propio, despeja el frente con Bullrich en la Ciudad y trata de ordenar a un oficialismo que necesita acuerdos sin dejar de pelearse por el control. El límite operativo de esa jugada aparece ahí mismo: cada movimiento que hoy le da aire en un frente puede abrirle una disputa nueva en otro.
















