Amenazas, seguimientos y miedo: dos periodistas denuncian ataques y crece la preocupación

Actualidad13/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Los mensajes intimidatorios y los movimientos sospechosos encendieron alarmas en el periodismo. ADEPA pidió investigar con urgencia lo ocurrido.

Desde la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) advirtieron sobre el impacto que generan este tipo de episodios.
Desde la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) advirtieron sobre el impacto que generan este tipo de episodios.

La circulación de amenazas contra periodistas volvió a encender señales de alarma en el ámbito de la comunicación. En los últimos días, dos casos distintos expusieron situaciones que combinan intimidación directa y episodios que exceden lo virtual, lo que llevó a una reacción institucional con pedidos concretos de investigación.

El punto en común aparece en la gravedad de los hechos denunciados. Desde la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) advirtieron sobre el impacto que generan este tipo de episodios en el ejercicio profesional y en el clima general en el que se desarrolla la tarea periodística.

Según detalló la entidad, “los propios damnificados y los medios en los que estos se desempeñan indicaron que los mensajes intimidantes fueron recibidos en los últimos días”, lo que ubica los casos en un contexto reciente y aún en desarrollo. Esa cercanía temporal también explica la rápida reacción institucional.

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Uno de los hechos tuvo como protagonista a Ignacio Ortelli, periodista de Radio Rivadavia y A24. El propio comunicador decidió hacer pública la amenaza que recibió a través de Instagram y luego la difundió en su cuenta de X, lo que amplificó el alcance del caso y generó repercusiones inmediatas.

En paralelo, otro episodio sumó un elemento adicional de preocupación. Tomás Méndez, vinculado al Grupo Octubre, denunció ante la Policía de la Ciudad no solo amenazas, sino también movimientos sospechosos en su entorno. Según se informó, los hechos incluyeron seguimientos dirigidos contra él y su familia.

La combinación entre mensajes intimidatorios y situaciones presenciales elevó el nivel de alerta. En este caso, ya no se trata únicamente de agresiones en redes sociales, sino de hechos que podrían implicar un riesgo físico, lo que obliga a una respuesta más amplia por parte de las autoridades.

Frente a este escenario, ADEPA fijó una postura contundente. La entidad consideró que este tipo de acciones constituyen “un grave mecanismo de intimidación”, al tiempo que remarcó la necesidad de avanzar con rapidez en el esclarecimiento de lo ocurrido.

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El pronunciamiento también incluyó un llamado directo al Estado. La organización exhortó a las autoridades a intervenir de manera inmediata para investigar los hechos, con el objetivo de determinar responsabilidades y evitar que situaciones similares se repitan.

El impacto de estos episodios no se limita a los casos individuales. Las amenazas y los seguimientos generan un efecto más amplio sobre el ejercicio del periodismo, ya que introducen un factor de presión que condiciona el trabajo cotidiano y el acceso a la información.

Mientras las investigaciones avanzan, el foco se mantiene en la respuesta institucional y en las medidas que puedan adoptarse para garantizar la seguridad de quienes desempeñan tareas periodísticas. En ese marco, los casos de Ortelli y Méndez se transformaron en referencia de una problemática que vuelve a quedar expuesta.

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