
AmCham apuró una baja de impuestos y le marcó al Gobierno que sin obras no habrá inversiones
Actualidad14/04/2026
REDACCIÓNLa cámara que reúne a empresas de Estados Unidos reclamó una reforma tributaria más profunda, pidió mejoras en infraestructura y respaldó el orden fiscal de la gestión Milei.

La relación entre el Gobierno y las empresas de Estados Unidos con presencia en la Argentina sumó este martes un mensaje tan claro como exigente: el orden macroeconómico es valorado, pero no alcanza por sí solo para abrir una nueva etapa de inversión. Desde la Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina (AmCham) reclamaron una reforma impositiva de mayor profundidad y señalaron que el país necesita además resolver déficits estructurales en infraestructura para volverse realmente competitivo. El planteo combinó respaldo político al rumbo general con una advertencia concreta sobre lo que todavía falta.
La voz principal de ese mensaje fue la de Mariana Schoua, presidenta de la entidad, quien planteó que la presión tributaria actual sigue siendo uno de los principales frenos para el desarrollo. Desde AmCham sostuvieron que el sistema impositivo argentino necesita una reorganización integral y no apenas retoques parciales. En esa línea, Schoua afirmó: “La Argentina necesita una reforma fiscal profunda que reduzca la presión impositiva sin comprometer el equilibrio fiscal, avanzando a un sistema tributario progresivo, simple y sin superposición de tributos. La simplificación no es un tecnicismo; es una decisión de competitividad”.


La definición buscó marcar un equilibrio entre dos exigencias que el sector empresario considera centrales. Por un lado, bajar impuestos y ordenar un esquema tributario que hoy aparece como pesado y superpuesto. Por otro, hacerlo sin poner en crisis el superávit fiscal, uno de los pilares que el oficialismo viene mostrando como señal de disciplina económica. Ese doble pedido deja ver que el empresariado estadounidense no está reclamando un giro contra el equilibrio de las cuentas, sino una reforma que alivie costos sin desarmar la base del programa actual.
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El tono general de AmCham, de todos modos, no fue de confrontación con la gestión de Javier Milei, sino de respaldo con condiciones. Desde la cámara evaluaron que la Argentina “empieza a dejar atrás una lógica de supervivencia para volver a discutir desarrollo”, una frase que resume la percepción de que la economía salió de una etapa más defensiva y empieza a abrir un debate de mediano plazo. En ese marco, el sector empresario reconoció avances en variables que considera básicas para reconstruir previsibilidad.
Schoua fue explícita en ese punto al destacar que “la corrección del déficit fiscal, la desaceleración de la inflación y la normalización de variables clave empiezan a reconstruir condiciones básicas para el funcionamiento de la economía”. El elogio, sin embargo, no se presentó como una aprobación cerrada ni como una señal de conformidad plena. Más bien funcionó como la base sobre la que AmCham construyó el siguiente paso de su reclamo: si la macro empieza a ordenarse, ahora es momento de resolver lo que impide transformar ese orden en inversión sostenida.
Ahí entró en escena otro de los ejes más fuertes del planteo: la infraestructura. Desde la entidad remarcaron que los costos logísticos siguen siendo elevados, que hay brechas importantes en obras clave y que el acceso al crédito continúa siendo limitado. En esa lectura, la llegada de capitales no depende solamente de impuestos más bajos, sino también de condiciones materiales que hagan viable producir, transportar y escalar proyectos dentro del país.
La cámara empresaria también llevó la discusión a un plano territorial más amplio al hablar de la necesidad de construir un “federalismo productivo”. Esa expresión apunta a una cuestión que viene ganando espacio en el debate empresario: la inversión no puede quedar concentrada en unos pocos polos ni depender de una competitividad desigual entre regiones. Para AmCham, el desarrollo de la Argentina en los próximos años debería apoyarse en sectores con despliegue territorial fuerte y capacidad de arrastre sobre distintas provincias.
En ese mapa, la entidad identificó a la energía, la minería, el campo, la salud y la infraestructura como los sectores con mayor capacidad para empujar crecimiento en la etapa que viene. No es una enumeración casual: reúne actividades que combinan generación de divisas, impacto federal, necesidad de capital intensivo y demanda de reglas estables. El mensaje implícito es que el potencial está, pero requiere condiciones más competitivas para traducirse en proyectos concretos.
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La intervención de AmCham coincidió además con la presencia del ministro de Economía, Luis Caputo, ante el mismo auditorio empresario. En ese contexto, el funcionario buscó reforzar el optimismo del oficialismo sobre la evolución de precios y del nivel de actividad. Caputo sostuvo que “la inflación va a tener certificado de defunción” y ligó ese objetivo al comportamiento de la demanda de dinero, la confianza y unas tasas de interés que, según remarcó, ya comenzaron a bajar.
El ministro también proyectó un escenario muy favorable para el corto y mediano plazo. Dijo: “Entramos en un proceso virtuoso. Creo que a partir de abril, los próximos 18 o 20 meses van a ser probablemente los mejores que la Argentina haya visto en las últimas décadas”. Esa mirada optimista dialogó con el clima general del encuentro, aunque el planteo empresario dejó en claro que la expectativa de crecimiento no elimina la necesidad de reformas más concretas y de inversiones estructurales.
Lo que dejó la jornada, en definitiva, fue una sintonía parcial entre el Gobierno y las empresas estadounidenses: respaldo al orden fiscal y a la desaceleración inflacionaria, pero presión para avanzar más rápido con una baja de impuestos y con obras que reduzcan costos. La señal de AmCham fue bastante precisa: la estabilidad es una condición necesaria, pero no suficiente. Para que la inversión deje de ser una promesa recurrente y pase a ser una realidad más amplia, el país todavía necesita resolver buena parte de lo que hace caro, lento e incierto producir en la Argentina.














