
Marineros se rebelan y salen a pescar sin aval sindical en plena crisis interna
Chubut15/04/2026
Sergio BustosLa decisión se tomó en silencio y estalló sobre el cierre del día, pero el impacto fue inmediato. Un grupo de marineros resolvió salir a trabajar sin esperar definiciones del sindicato, en una señal inédita de ruptura interna dentro del SOMU. La medida abre un escenario incierto en plena antesala de la temporada de langostino en aguas nacionales.

El movimiento no surge de la conducción formal, sino de un sector organizado que decidió avanzar por fuera de la estructura tradicional. Desde la Asociación Civil Unión Marítima 10 de Julio dejaron en claro que quienes quieran embarcar podrán hacerlo “sin ningún tipo de impedimento, freno ni compromiso”. La frase sintetiza el quiebre: por primera vez en años, la base se despega abiertamente de la conducción.
El trasfondo de esta decisión combina urgencia económica y desgaste acumulado. La última temporada dejó heridas profundas entre los trabajadores, con meses sin actividad y miles de marineros que quedaron fuera del circuito laboral. Ese antecedente alimenta hoy una lógica distinta, donde el riesgo de volver a perder ingresos pesa más que cualquier negociación pendiente.


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La tensión venía creciendo desde hace tiempo dentro del sindicato. Puertas adentro, el malestar con la conducción encabezada por Raúl Durdos se volvió inocultable, especialmente tras una paritaria que no logró avanzar. La falta de acuerdo, sumada a la cercanía del inicio de la zafra, terminó de precipitar una decisión que muchos ya anticipaban.
En ese contexto, los propios marineros describieron la situación con dureza. “La actividad no está frenada por falta de trabajo, está frenada por la incapacidad, la inoperancia y la falta de conducción”, expresaron, en un mensaje directo que expone la profundidad de la crisis interna. La crítica no solo apunta a la coyuntura, sino a un modo de conducción que consideran agotado.
El reloj también juega un papel clave en este conflicto. Desde el sector disidente advierten que existe un límite concreto: el 9 de mayo, cuando vence la prórroga del mandato sindical. Si no hay definiciones antes de esa fecha, temen un escenario de acefalía que deje sin capacidad de firmar acuerdos y complique aún más la actividad.
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Frente a esa posibilidad, la discusión dejó de ser técnica para volverse urgente. “¿Quedarse esperando para qué?”, plantean desde las bases, en una pregunta que resume el clima actual. La preocupación central pasa por evitar que la demora en las negociaciones termine traduciéndose en viajes perdidos y más ingresos que no llegan.
Otro punto que marca el quiebre es la aceptación implícita de un escenario adverso. Los marineros reconocen que todas las alternativas en discusión implican recortes, pero aun así optan por salir a trabajar. “No se está aceptando la baja. Se está trabajando en un escenario donde la baja ya está presente en todos los caminos”, sostienen, dejando en claro que la decisión responde a una necesidad concreta más que a un acuerdo.
La medida, además, incluye una estrategia futura. Quienes embarquen lo harán bajo protesta, dejando asentado que el conflicto sigue abierto y que podrían impulsar reclamos legales más adelante. Es una salida intermedia que busca sostener ingresos sin resignar derechos en el largo plazo.
Con este movimiento, el SOMU enfrenta una de sus crisis más profundas en años. La fractura ya no es solo interna, sino también operativa: mientras la conducción dilata definiciones, parte de la base decide avanzar por su cuenta. El impacto real de esta decisión se verá en los próximos días, cuando la actividad pesquera comience a moverse con o sin acuerdo formal.














