
Los hoteles ya bajan precios y el Mundial todavía no logra llenar el viaje soñado
Actualidad15/04/2026
REDACCIÓNA semanas del arranque de la Copa del Mundo 2026, el entusiasmo convive con un freno inesperado: dormir en ciudades clave cuesta menos, pero viajar sigue lejos de ser barato.

A menos de dos meses del comienzo del Mundial 2026, el movimiento que empieza a verse en varias ciudades de Estados Unidos no responde al furor esperado, sino a una señal de preocupación. En sedes importantes del torneo, los hoteles comenzaron a bajar sus tarifas ante una demanda que no termina de despegar. La postal sorprende porque aparece justo cuando faltan pocas semanas para uno de los eventos deportivos más convocantes del planeta.
La caída de precios no es menor y ya se siente en plazas centrales para el torneo. En Atlanta, Dallas, Miami, Filadelfia y San Francisco, las habitaciones para fechas de partido retrocedieron cerca de un 33% respecto de los valores más altos que se habían registrado a comienzos de año. En un mercado que apostaba por una ola de reservas, la corrección muestra que el entusiasmo inicial no se convirtió, al menos por ahora, en ventas sostenidas.


El punto más delicado de ese escenario aparece fuera de los hoteles y apunta de lleno al costo de ver los partidos. Según referentes del sector, el precio de las entradas fijado por la FIFA se volvió un factor decisivo al momento de planificar un viaje. La expectativa de estadios completos sigue firme en el discurso oficial, pero en la industria turística ya asoma otra lectura, más vinculada a la cautela que al desborde de público.
La situación impacta de manera directa en los destinos que también miran los hinchas argentinos. Dallas aparece como una de las plazas más sensibles porque allí la Selección argentina jugará frente a Austria el 22 de junio y contra Jordania el 27 del mismo mes. En ese contexto, las habitaciones dobles en hoteles tres estrellas de esa ciudad hoy arrancan en U$S 200 por noche, un valor que revela hasta qué punto el mercado empezó a acomodarse para tentar a los viajeros.
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El calendario argentino suma además otro punto de atracción en el arranque del torneo. El debut está previsto para el 16 de junio frente a Argelia en Kansas, por lo que muchos viajeros deben pensar no solo en conseguir entradas, sino en una logística extensa entre ciudades y estadías. Ahí es donde el costo total empieza a crecer y deja de ser una cuenta sencilla incluso para quienes planeaban seguir al equipo desde el inicio.
Desde el sector hotelero ya hablan de nerviosismo abierto. Scott Yesner, gestor de hoteles boutique en Filadelfia, lo resumió con una frase que refleja el clima que recorre hoy a buena parte del negocio: "Estoy viendo que muchos operadores empiezan a entrar en pánico y a bajar sus tarifas". La señal es fuerte porque llega desde un rubro que esperaba que el Mundial ayudara a revertir la caída de ingresos por habitación que había golpeado al mercado durante el año pasado.
Buena parte de la tensión está concentrada en el sistema de venta dispuesto para esta Copa del Mundo. Las estimaciones indican que un hincha que quiera acompañar a su selección desde el partido inaugural hasta la final deberá gastar al menos U$S 6.900 solo en tickets, una cifra que multiplica casi por cinco el costo que demandó el mismo recorrido en Qatar 2022. La diferencia no solo modifica presupuestos: también enfría decisiones de viaje que meses atrás parecían mucho más sencillas.
El esquema de precios dinámicos aplicado por la FIFA profundizó todavía más esa sensación de imprevisibilidad. De acuerdo con los datos difundidos, hubo fuertes incrementos en 40 de los 104 partidos del torneo. Uno de los ejemplos más visibles aparece en la final de Nueva Jersey, donde los boletos pegaron un salto de U$S 4.185 a U$S 5.785, una variación que alimentó el malestar entre especialistas y fanáticos.
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A esa barrera económica se suman factores que exceden al deporte y que también alteran el mapa de la demanda internacional. Lior Sekler, directivo de la cadena HRI Hospitality, atribuyó parte de la baja del interés a la inestabilidad global por la guerra en Irán y también a las políticas migratorias y de visado impulsadas por Donald Trump. En otras palabras, el problema no pasa solo por cuánto cuesta dormir o entrar a la cancha, sino por un contexto internacional que vuelve más incierto todo el viaje.
Pese a ese cuadro, en la industria todavía no descartan un cambio de ritmo en la recta final. Algunos referentes creen que el flujo de visitantes internacionales puede reaccionar más cerca del torneo, cuando los planes se vuelven más concretos y la ansiedad por estar presentes empuja decisiones de último momento. Ed Grose, de la Asociación de Hoteles de Gran Filadelfia, mantiene esa expectativa, aunque por ahora los números obligan a mirar con atención una señal incómoda: el Mundial está cerca, pero en varias ciudades el negocio todavía espera a los turistas que imaginó desde el primer día.














