
La localidad ya compra leña para 120 hogares, releva casos sociales para llegar con conexiones a tiempo y sostiene obras que buscan afianzar población.

El invierno empezó a ordenar las prioridades en Corcovado mucho antes de que lleguen las temperaturas más bajas. La urgencia pasa hoy por lograr que 47 familias puedan conectarse a la red de gas antes de los meses más duros, al mismo tiempo que el municipio ya reparte leña a 120 hogares y suma asistencia alimentaria en una localidad donde la presión del ajuste también se siente. Sobre ese escenario inmediato, el intendente Ariel Molina ubicó además un paquete de obras que, según planteó, busca sostener empleo, arraigo y servicios.
La conexión domiciliaria al gas aparece como el punto más sensible de ese esquema. Molina explicó que mantuvo una reunión en Esquel con el gobernador para buscar herramientas que permitan ayudar a los vecinos que no pueden afrontar por sí solos el costo de engancharse a la red, y dijo que el municipio ya trabaja en un relevamiento socioeconómico para definir dónde hace falta intervenir primero. Al describir lo que representa ese cambio dentro de una casa, resumió con una frase que bajó la discusión a la vida cotidiana: “tener gas es fundamental para una familia y cambiar totalmente la calidad de vida”.


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La explicación no quedó sólo en el beneficio doméstico, sino también en la experiencia concreta de los inviernos cordilleranos. Molina recordó lo que implica depender de la leña para calefaccionarse, levantarse de madrugada cuando el fuego se apaga y sostener rutinas básicas, como bañarse o mantener templada la vivienda, en condiciones mucho más precarias. Por eso insistió en que la meta es que esas familias puedan acceder al servicio antes de que llegue el invierno, porque el salto entre una casa con combustión lenta y una con gas natural modifica de raíz el día a día.
Detrás de esa posibilidad, el jefe comunal puso en valor una parte menos visible de la infraestructura provincial. Señaló que las plantas compresoras instaladas en Senguer y Gobernador Costa hicieron posible que hoy la cordillera y la comarca tengan presión suficiente para ampliar el servicio, y remarcó que se trata de obras que no siempre se ven, pero impactan de manera directa sobre la vida de los vecinos. Esa lectura enlaza la política de asistencia inmediata con inversiones previas que, según su mirada, explican por qué hoy el gas puede pasar por la vereda y dejar de ser apenas una promesa.
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El otro sostén del discurso de Molina estuvo puesto en el movimiento de obra pública que hoy muestra la localidad. Mencionó la construcción de una nueva escuela secundaria de más de 2.200 metros cuadrados, el segundo tramo de la ruta 17 que unirá Corcovado con Trevelin, la nueva sucursal de Banco Chubut prevista para fines de mayo, además de trabajos de viviendas, cordón cuneta y veredas. Más que enumerarlas como hechos aislados, las presentó como piezas de una misma estrategia para darle actividad a la economía local y mejorar condiciones de permanencia en el pueblo.
En ese punto, el intendente volvió sobre una preocupación que ya había planteado en otras ocasiones: el riesgo de que la gente se vaya de la localidad. Su respuesta, según explicó, pasa por exigir que cada obra que se ejecute tome trabajadores del lugar, y en el caso de la escuela señaló que ya hay más de 15 personas de Corcovado ocupadas allí. La definición fue directa: “lo único que yo pido es que la mano de obra que haga esta escuela o esta ruta, lo que sea, sea local”, una línea que también busca convertir la obra pública en herramienta de arraigo.
La preparación para el frío incluye, además, un refuerzo social que el municipio ya puso en marcha. Molina dijo que la Provincia transfirió los fondos del Plan Calor, que la compra de leña ya se concretó y que la distribución alcanza a 120 familias, en paralelo con la entrega de bolsones de comida en un contexto donde, según admitió, cada vez más vecinos llegan con dificultades a fin de mes. Esa doble asistencia muestra que el invierno en la cordillera no se resume a calefacción, sino que también expone el deterioro del poder de compra y la necesidad de sostener una red mínima de contención.
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A partir de ahí, la entrevista se corrió del plano local y entró de lleno en la disputa con la política económica nacional. Molina sostuvo que “el gobierno nacional recauda todo y no aporta nada”, cuestionó la falta de obras de infraestructura y vinculó esa retracción con el ajuste que luego sienten las provincias y, por derrame, los municipios. En su planteo, la caída de recursos no queda como una abstracción fiscal, sino como un límite concreto para sostener salarios, servicios, asistencia y ritmo de ejecución en localidades chicas que dependen fuertemente de la inversión estatal.
Esa tensión también apareció cuando habló del frente salarial y del empleo público. El intendente sostuvo que la salida más sencilla sería despedir trabajadores para liberar fondos y mejorar aumentos, pero remarcó que esa no será la decisión ni en su municipio ni, según dijo, en la conducción provincial. En ese pasaje buscó transmitir que la administración está ajustada, aunque con la intención de sostener a todos los empleados dentro del Estado y administrar con márgenes mucho más estrechos.
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Corcovado entra así en la previa del invierno con dos planos superpuestos. Por un lado, la urgencia de llegar con gas, leña y asistencia a los hogares que más lo necesitan; por el otro, una batería de obras que el municipio exhibe como señal de crecimiento en un contexto nacional adverso. Lo que se juegue en estas semanas no será menor para la vida diaria del pueblo: de la velocidad con que se resuelvan esas conexiones, de la continuidad de las obras y de la capacidad para sostener ayuda social dependerá buena parte del invierno que atraviesen decenas de familias cordilleranas.

















