
Salió a subir un volcán y no volvió: lo buscan en una zona donde el terreno engaña
Policiales16/04/2026
REDACCIÓNEl operativo se activó de noche con drones y equipos especiales, mientras crece la preocupación por las condiciones del lugar donde desapareció el andinista.

El silencio de la montaña empezó a pesar con el paso de las horas. Un andinista argentino que había salido a realizar un ascenso en Chile no regresó al punto acordado y desde entonces se desplegó un operativo de búsqueda en una de las zonas más complejas de la región de La Araucanía. El caso mantiene en alerta a equipos especializados que trabajan contrarreloj en un terreno que combina frío extremo y riesgos invisibles.
La persona buscada es Javier Ignacio Álvarez, de 48 años, quien había iniciado la travesía desde el refugio Nevados de Vilcún con la intención de ascender el volcán Llaima. El último contacto se registró durante la mañana del miércoles, momento en el que comenzó el recorrido. Desde entonces no se tuvieron más noticias sobre su ubicación ni sobre su estado.


La ausencia encendió rápidamente la preocupación en su entorno cercano. Fue su pareja quien realizó la denuncia al advertir que no regresaba en los tiempos previstos, lo que activó los protocolos de emergencia en la zona. A partir de ese momento, distintas unidades comenzaron a coordinar el despliegue de búsqueda en el área.
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El operativo quedó en manos del Grupo de Operaciones Especiales (GOPE) de Carabineros, que inició las tareas incluso durante la noche. Para ampliar el rango de rastreo, se sumaron drones que permiten recorrer sectores inaccesibles a pie y detectar posibles señales en medio del relieve irregular. La estrategia apunta a cubrir tanto los caminos habituales como zonas donde podría haber quedado atrapado.
El escenario donde se desarrolla la búsqueda suma dificultades adicionales. El volcán Llaima, ubicado cerca de Temuco y a unos 40 kilómetros del paso Icalma que conecta con Neuquén, presenta características que obligan a extremar precauciones incluso para montañistas experimentados. La combinación de nieve, hielo y desniveles genera condiciones que pueden cambiar en cuestión de minutos.
Uno de los principales riesgos señalados por las autoridades son las grietas cubiertas por nieve. Estas formaciones, muchas veces invisibles a simple vista, pueden convertirse en trampas difíciles de detectar durante un ascenso. En ese contexto, cada paso implica una evaluación constante del terreno, algo que también complica el avance de los rescatistas.
A eso se suman las bajas temperaturas, que condicionan tanto la resistencia física de quien está en la montaña como la logística del operativo. El frío extremo puede acelerar situaciones de hipotermia y reducir los márgenes de supervivencia, lo que agrega presión sobre los tiempos de búsqueda. Cada hora que pasa aumenta la urgencia por obtener algún indicio concreto.
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Las tareas se desarrollan en una zona de acceso limitado, donde el traslado de equipos y personal requiere planificación específica. La geografía del lugar obliga a combinar distintos recursos, desde recorridos terrestres hasta sobrevuelos con tecnología aérea. Esa complejidad hace que el operativo avance con cautela, pero sin pausas.
Mientras tanto, la incertidumbre crece alrededor del caso. No hay confirmaciones sobre el recorrido exacto que pudo haber tomado el andinista ni sobre las condiciones en las que se encontraba al momento de perder contacto. Esa falta de información obliga a ampliar el radio de búsqueda y a contemplar distintos escenarios posibles.
En paralelo, las autoridades continúan relevando datos que puedan aportar pistas sobre sus últimos movimientos. Cada detalle, desde el equipo que llevaba hasta el clima en el momento del ascenso, puede resultar determinante para orientar los trabajos. En ese marco, el operativo sigue abierto y en desarrollo, con el objetivo de encontrarlo en una zona donde el terreno, más que desafiar, puede ocultar.














