
La final de la Copa del Rey dejó una secuencia difícil de asimilar para Julián Álvarez. En una misma noche, el delantero pasó de sostener a su equipo con una acción decisiva a quedar marcado por un error en la definición. Atlético de Madrid no logró cerrar el partido y terminó cediendo el título en los penales frente a Real Sociedad.



El desenlace se resolvió desde los doce pasos luego de un 2-2 que se mantuvo tanto en el tiempo reglamentario como en el alargue. En esa instancia, el arquero Unai Marrero se convirtió en figura con dos atajadas clave. Una de ellas fue justamente ante Álvarez, en un remate que pudo cambiar la historia.
Antes de ese momento, el partido había mostrado un desarrollo cambiante. Real Sociedad golpeó prácticamente desde el vestuario, con un gol de Ander Barrenetxea a los 13 segundos, tras una desatención defensiva. Ese arranque condicionó a un Atlético que debió reacomodarse rápidamente.
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La reacción llegó con el empate de Ademola Lookman, que sacó un remate potente desde la puerta del área para devolverle vida al equipo dirigido por Diego Simeone. Sin embargo, la igualdad duró poco y antes del descanso volvió a imponerse el conjunto vasco.
Un penal cometido por Juan Musso sobre Gonçalo Guedes derivó en el 2-1 parcial, convertido por Mikel Oyarzabal. Ese gol reforzó la sensación de control de Real Sociedad, que durante buena parte del segundo tiempo manejó el ritmo y se acercó al título.
Cuando el cierre parecía definido, apareció Álvarez con una jugada individual que rompió el partido. A los 38 minutos del complemento, el argentino construyó una acción propia y definió con precisión para marcar el 2-2. El gol no solo estiró la final, sino que cambió el clima y obligó a un desenlace abierto.
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El tiempo suplementario no modificó el resultado y todo quedó sujeto a los penales. En esa instancia, Marrero volvió a inclinar la balanza con intervenciones decisivas. El arquero contuvo los remates de Alexander Sorloth y del propio Álvarez, sellando el 4-3 que le dio el título a Real Sociedad.
El equipo vasco celebró así su cuarta Copa del Rey, la primera desde 2020. La consagración se apoyó en una actuación sólida y en la capacidad de sostener la ventaja emocional en el momento más tenso de la definición.
Para Atlético de Madrid, en cambio, el cierre dejó una sensación amarga. El equipo logró reaccionar en momentos críticos, pero no consiguió sostener esa recuperación en la instancia final. La noche terminó con un contraste marcado entre el impulso del empate y el golpe de la eliminación.















