
Recibir alimentos ya no es el único eje. En Rawson, un programa que históricamente brindó asistencia a mujeres en situación de vulnerabilidad empieza a incorporar herramientas pensadas para algo más duradero: la posibilidad de generar ingresos propios.

La iniciativa suma este año instancias de formación orientadas a la autonomía económica. El objetivo es que quienes participan no solo cuenten con un acompañamiento inmediato, sino también con recursos que les permitan proyectar a futuro en un contexto muchas veces complejo.
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Las capacitaciones forman parte de una nueva etapa que se encuentra en proceso de organización. Bajo el formato “Nutriendo Futuro 2.0”, se prevé desarrollar cuatro ejes formativos, que estarán destinados a fortalecer habilidades y ampliar oportunidades laborales.
Mientras ese esquema toma forma, el programa mantiene su base de funcionamiento. Cada mes, mujeres que atraviesan situaciones de violencia de género y tienen personas a cargo reciben módulos alimentarios que buscan cubrir necesidades básicas.
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En total, se distribuyen 80 módulos mensuales, que llegan a beneficiarias de distintos sectores de la ciudad. Las entregas se realizan en espacios comunitarios ubicados en las áreas 12 y 16, además de la sede de la Secretaría de Desarrollo Social, Familia y Salud.
El alcance del programa se sostiene a partir de un trabajo articulado. La iniciativa se implementa mediante un convenio con la Fundación de Estudios Patagónicos, responsable del Banco Patagónico de Alimentos, en conjunto con la firma La Anónima S.A., que aporta insumos desde sus sucursales locales.
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Este entramado permite que la asistencia se mantenga de manera regular. A la vez, abre la posibilidad de sumar nuevas herramientas sin perder la continuidad del acompañamiento alimentario que ya se encuentra en marcha.
Desde el área de la Mujer, Género y Diversidad destacan que la propuesta apunta a una intervención más amplia. La coordinadora Romina Sacco explicó: “Agradecemos el compromiso en red del personal de cada sucursal en el armado y la buena predisposición en cada entrega, garantizando que cada mes las 80 usuarias beneficiarias puedan recibir su módulo de alimentos”.
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El programa no se limita a la entrega de recursos materiales. La incorporación de formación busca ampliar ese alcance, integrando asistencia, acompañamiento y promoción de derechos en un mismo esquema de trabajo territorial.
En ese cruce entre lo urgente y lo proyectado, la iniciativa empieza a redefinir su rol. Ya no se trata solo de sostener una necesidad inmediata, sino de abrir posibilidades para que más mujeres puedan construir autonomía en el mediano plazo.

















