
Subieron por la vista más buscada de Río y terminaron atrapados en medio de un tiroteo
Actualidad20/04/2026
REDACCIÓNUn operativo policial en Vidigal alteró una excursión turística en el Morro Dois Irmãos y dejó a casi 200 personas sin poder bajar durante varias horas.

La postal de Río de Janeiro cambió de golpe en uno de sus recorridos más elegidos por visitantes de todo el mundo. Lo que parecía una mañana de caminata y miradores terminó atravesado por disparos, tensión y una espera forzada en la parte más alta del Morro Dois Irmãos. La escena dejó expuesta, una vez más, la convivencia inestable entre los circuitos turísticos y la violencia armada en algunas zonas de la ciudad.
El episodio ocurrió en la favela de Vidigal, en la zona sur de Río, cuando un operativo de seguridad irrumpió para detener a sospechosos vinculados al Comando Vermelho. A partir de esa intervención se desencadenaron intensos tiroteos entre las fuerzas de seguridad y miembros de esa organización criminal. En medio de ese despliegue, cerca de 200 turistas quedaron aislados en la cima del morro, sin posibilidad de descender de inmediato.


Muchos de los visitantes se encontraban allí disfrutando de una de las vistas panorámicas más conocidas de la ciudad. Desde ese punto elevado, el paisaje suele ser el gran protagonista de la experiencia, pero esta vez todo quedó alterado por el ruido de los disparos y las instrucciones de los guías. El paseo pasó de ser una excursión habitual a una situación de resguardo y desconcierto.
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La tensión no se limitó al cerro. Durante el operativo, delincuentes bloquearon una avenida clave que conecta Leblon y São Conrado, dos barrios muy transitados y de fuerte movimiento turístico. Según se informó, utilizaron un colectivo atravesado y contenedores para interrumpir la circulación y complicar aún más la situación en la zona.
Con el correr de las horas, los turistas lograron bajar sin que se registraran heridos. Esa fue una de las pocas noticias aliviadoras de una jornada que combinó fuego cruzado, encierro temporal e incertidumbre. La Policía Civil de Río confirmó además que al finalizar el procedimiento fueron detenidas dos personas.
Entre los testimonios que se conocieron después del operativo apareció el de la turista portuguesa Matilda Oliveira, que relató cómo cambió el clima del grupo en cuestión de segundos. “Siempre es algo que asusta, pero dentro de todo estaba controlado”, dijo, al describir la reacción de quienes estaban en el lugar. También contó que los guías les indicaron sentarse cuando comenzaron a escuchar los disparos.
La misma visitante explicó que el descenso se produjo ya con presencia policial en el camino. “Pasamos junto a la Policía al bajar y la situación estaba bajo control”, afirmó, en una frase que muestra que el momento más crítico ya había pasado cuando pudieron dejar la cima. Aun así, el episodio dejó una marca evidente en un grupo que había llegado para vivir una experiencia turística y terminó envuelto en una operación de alto riesgo.
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Según las autoridades, el procedimiento fue resultado de información de inteligencia y contó con apoyo del estado de Bahía. El objetivo era capturar a un grupo de presos que se había fugado de una cárcel de ese estado a fines de 2024. Esa búsqueda terminó impactando de manera directa en un sector donde conviven residentes, turistas, guías y actividades cotidianas.
Desde la Policía Civil insistieron en que sus agentes “no eligen el enfrentamiento”. También responsabilizaron a los grupos criminales por poner en riesgo a la población y a los visitantes, y remarcaron que seguirán actuando para identificar y detener a los responsables. La frase busca fijar una posición institucional, aunque no alcanza para borrar la imagen de decenas de personas atrapadas en medio de una excursión interrumpida por balas.
Lo ocurrido en Vidigal volvió a mostrar una tensión conocida en Río de Janeiro, donde algunos de los paisajes más buscados por el turismo internacional se apoyan sobre territorios atravesados por disputas armadas y operativos frecuentes. Esta vez no hubo víctimas entre los visitantes, pero el episodio dejó claro que la frontera entre paseo y peligro puede volverse muy frágil en apenas unos minutos. En una ciudad acostumbrada a convivir con contrastes extremos, casi 200 personas lo comprobaron desde el peor lugar posible: atrapadas arriba de un morro, esperando que abajo dejaran de disparar.














