Vecinos esperan que la demolición de la calera traiga seguridad, asfalto y títulos

Chubut20/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El derribo del predio sacó del medio un foco de riesgo en Trelew, pero ahora los vecinos empujan subcomisaría, plaza, luces nuevas y obras.

Junta Vecinal del Barrio Corradi
Junta Vecinal del Barrio Corradi

Durante años, la calera del barrio Corradi ocupó una manzana enorme en el corazón de un sector que aprendió a convivir con el peligro. El predio, de 12.000 metros cuadrados, quedó abandonado, abierto y convertido en una referencia constante cada vez que aparecía un hecho de inseguridad en la zona. Por eso, cuando se anunció la demolición, Camila Sepúlveda describió en #MODO17, por #LA17, el clima que se armó entre los vecinos con una frase simple y directa: “fue una actividad bastante que dio alegría al barrio, por lo menos a los vecinos del sector”.

La presidenta de la Junta Vecinal recordó que la comisión lleva cuatro años detrás de ese objetivo y que durante ese tiempo la vecinal empujó informes, reclamos y gestiones para que el expediente se moviera. “Nosotros hemos sido, desde que estamos en esta comisión hace cuatro años, hemos venido gestionando y tramitando de lleno el tema este que era algo fundamental que el vecino pedía”, explicó, antes de agregar que “hace un año y medio salió el fallo” y desde entonces el barrio quedó esperando que llegara el día en que la estructura empezara a caer.


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La dimensión del problema aparecía con crudeza cada vez que vecinos, policías y referentes barriales entraban a recorrer el lugar. Sepúlveda contó que dentro del predio había sectores cerrados, recorridos internos y puntos donde se refugiaba gente para dormir, tomar o pasar horas sin ningún control, una postal que los vecinos conocían demasiado bien. La descripción que hizo al aire dejó poco margen para la exageración: “tiene mucho sucucho, tiene muchos túneles y demás, hemos encontrado colchones”, dijo, y con esa imagen resumió por qué la calera había dejado de ser una ruina vieja para convertirse en un asunto de seguridad urgente.

La ubicación del predio explica también por qué la discusión nunca se limitó a una sola cuadra. La calera está dentro de Corradi, sobre los límites con Menfa, frente a Malvinas y cerca de otros barrios que también terminan afectados por lo que pasa en ese punto de la ciudad. Sepúlveda la ubicó sobre Rawson, entre Bullmeister, Juan XXIII y Daleoso, y remarcó que se trata de una superficie muy grande para quedar librada al abandono, más todavía en una zona con circulación barrial intensa y con familias que hace décadas viven alrededor de esa estructura.


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En el barrio todavía hay vecinos que trabajaron en esa fábrica o que la recuerdan como parte de otra etapa de Trelew, vinculada a una época de producción y empleo, y por eso la caída del edificio mezcla alivio con una cuota de nostalgia. La propia Sepúlveda lo planteó con claridad cuando contó que “muchos vecinos del sector trabajaron ahí”, aunque enseguida fijó la prioridad del presente: “entendemos que es muy inseguro y bueno, vamos por eso”.

A partir de esa demolición, el barrio empezó a discutir qué uso concreto debe ocupar ese vacío. Entre las alternativas que circularon en el encuentro con funcionarios aparecieron una subcomisaría, una plaza y un playón deportivo, con la idea de que el beneficio no quede encerrado en Corradi sino que alcance también a barrios cercanos. Sepúlveda lo explicó sin vueltas: “lo que se proyectaba era poder tener una subcomisaría, poder hacer una plaza, algún playón para los chicos”, y enseguida aclaró que esa transformación “no solamente va a beneficiar a Corradi” sino también a Menfa, Malvinas, Amaya y otros sectores del entorno.


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La insistencia con una dependencia policial en esa zona tiene una razón práctica y cotidiana. Hoy, Corradi depende de la comisaría tercera, que cubre una cantidad muy amplia de barrios y obliga muchas veces a esperar cuando la urgencia estalla lejos del punto donde está el patrullero disponible. Sepúlveda lo detalló al enumerar que esa jurisdicción alcanza desde Costanera hasta varios sectores más de la ciudad, y esa sobrecarga ayuda a entender por qué el pedido de más presencia policial aparece junto con la demolición y no como un reclamo separado.

La entrevista también dejó ver que la vecinal funciona como una estructura cotidiana, activa y con llegada directa a las familias. Sepúlveda habló de una red sostenida con el centro de salud, la capilla Ceferino, la biblioteca, el centro de jubilados, las escuelas, los grupos de WhatsApp y el contacto directo con vecinos que consultan por distintas necesidades a cualquier hora. Cuando dijo “estamos 24-7 a cualquier hora del día que llamen”, no armó una frase de ocasión, sino que expuso el tipo de presencia territorial que le permitió a la junta vecinal sostener durante años un reclamo de alta complejidad.


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Sobre esa trama barrial se montan ahora pedidos que vienen de mucho antes que la demolición y que reaparecieron apenas el gobierno abrió una mesa de conversación. Sepúlveda contó que los vecinos aprovecharon el encuentro para volver a pedir obra pública, cordón cuneta, asfalto, reemplazo de luminarias viejas y la regularización de los títulos de propiedad, un tema especialmente sensible para familias y adultos mayores que llevan décadas esperando una respuesta. La frase que recogió de los propios habitantes del barrio resume ese cansancio acumulado mejor que cualquier explicación técnica: “somos la tercera generación y todavía no tenemos cordón”.

En Corradi, explicó la dirigente, mucha gente compró terrenos con compraventa vinculada a Pedro Corradi, levantó su casa por cuenta propia y quedó después fuera de un proceso ordenado de escrituración, de modo que el barrio se consolidó mucho antes que la regularización formal de esas tierras. Por eso, cuando los vecinos hablan de títulos, no mencionan un trámite menor sino una deuda histórica que convive con calles sin asfalto, iluminación envejecida y obras que todavía esperan entrar de verdad en la agenda pública.


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Sepúlveda pidió que el proceso continúe, valoró que los funcionarios se hayan acercado a hablar cara a cara con los vecinos y destacó que la palabra oficial llegue al territorio en lugar de quedar sólo en declaraciones a distancia: “está bueno que ellos vengan y den la cara con los vecinos y puedan hablarlo”. La expectativa que quedó en Corradi ya no pasa sólo por ver caer una estructura peligrosa, sino por comprobar si esa escena se transforma de una vez en obras, seguridad y papeles que el barrio reclama desde hace demasiado tiempo. 

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