
El pastor llegó al país con una agenda cargada de reuniones políticas, sindicales y empresarias mientras crece la idea de una candidatura que puede meterse en el electorado de La Libertad Avanza.

La llegada de Dante Gebel a la Argentina no quedó reducida a una visita personal ni a una gira vinculada a su perfil religioso. Esta vez, el pastor, empresario e influencer aterrizó con una hoja de ruta que lo ubica cada vez más cerca de una construcción política propia. Y en ese movimiento, el ruido más fuerte empezó a sentirse dentro de La Libertad Avanza, donde miran con atención a una figura que podría disputar parte del voto que acompañó a Javier Milei.
El dato central no pasa solo por sus reuniones de esta semana, sino por el tipo de espacio que empieza a ordenarse alrededor suyo. Consolidación Argentina, la agrupación que lo impulsa hacia 2027, reúne sectores del peronismo, dirigentes alejados del oficialismo libertario y figuras ligadas al sindicalismo, la sociedad civil y el mundo productivo. El armado busca instalar a Gebel como un outsider con volumen propio, capaz de hablarle a un electorado desencantado con la política tradicional y también a votantes decepcionados con el rumbo del Gobierno.


En ese mapa, una de las claves está en el conurbano bonaerense, donde el pastor arrancará su exposición pública con una mesa chica de máxima confianza. Allí aparece Juan Pablo Brey, titular del gremio de aeronavegantes y principal armador político de Gebel, junto a Eugenio Casielles, exiliado de LLA, José Minaberrigaray, del sindicato textil, y Daniel Darling, CEO de River Church. Más que un gesto de cortesía, ese primer paso muestra que el proyecto quiere asentarse en una red política y territorial concreta.
El entramado sindical aparece como otra de las patas que explican por qué el nombre de Gebel ya no circula solo en el plano religioso o mediático. En el lanzamiento de su espacio, a fines de 2025, ya habían aparecido dirigentes como Cristian Jerónimo, uno de los secretarios generales de la CGT, mientras en el interior sumaron peso figuras como Eduardo Cabello, referente de la CGT y la UOCRA en San Juan. Esa red le da al armado una densidad que va bastante más allá de una candidatura testimonial.
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Pero el proyecto no se apoya únicamente en gremialistas o exlibertarios. También empezó a tender puentes con gobernadores, intendentes y dirigentes del peronismo no alineado. En esa trama aparecen nombres como Martín Llaryora, Gustavo Sáenz y Julio Zamora, en un movimiento que busca aprovechar la fragmentación peronista y la falta de un liderazgo nacional ordenado. La apuesta parece clara: ocupar un espacio que hoy no tiene dueño firme y mezclar voto religioso, descontento social y estructura política dispersa.
El peso específico de Gebel en esa estrategia no surge solo de su notoriedad pública. También se apoya en el crecimiento del mundo evangélico, con fuerte penetración en zonas urbanas y en sectores atravesados por la fragilidad económica. La base de casi 7 millones de fieles evangélicos que menciona el artículo funciona como un dato político de fondo, porque convierte al pastor en algo más que una figura conocida: lo ubica como posible vehículo de representación para un universo social que ningún espacio quiere dejar librado.
Ahí está una de las razones por las que el eventual desembarco de Gebel genera inquietud en el oficialismo. En La Libertad Avanza temen una dispersión del voto blando que sostuvo a Milei en 2023 y que hoy aparece bajo presión por distintas puntas. El riesgo no pasa solo por una fuga hacia el PRO o por una eventual jugada de Victoria Villarruel, sino por la irrupción de una figura que puede combinar outsiderismo, religiosidad, presencia mediática y discurso antipolítica sin cargar con el desgaste de la gestión.
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La reacción del peronismo también ayuda a medir el impacto del fenómeno. El texto señala que Axel Kicillof recibió días atrás a autoridades de FECOPEBA, ACIERA y FAIE, en una movida que no parece casual en medio del crecimiento político del universo evangélico. Ese acercamiento deja ver que el nombre de Gebel no solo genera ruido en los libertarios: también obliga al peronismo a mirar con más atención un territorio social y religioso al que nunca terminó de ordenar del todo.
Mientras tanto, la agenda argentina del pastor suma empresarios del llamado círculo rojo, encuentros con líderes de otros credos y la posibilidad de contactos con dirigentes de alto nivel. El hecho de que haga base en Puerto Madero y combine reuniones políticas con citas empresarias refuerza la idea de una construcción en expansión. No es solo una gira de instalación simbólica: es una secuencia pensada para darle musculatura a una hipótesis presidencial que todavía no fue oficializada, pero ya se mueve como si necesitara llegar preparada.
Otro dato relevante es que el posible pronunciamiento formal se reserva para más adelante. Según el artículo, en diciembre Gebel tiene previsto un acto multitudinario en River Plate, durante el llamado superclásico de la juventud, donde podría hablar por primera vez en términos explícitos sobre una candidatura presidencial para 2027. Ese calendario confirma que, por ahora, el pastor prefiere cultivar expectativa antes que definiciones cerradas.
En ese juego de señales, también pesan sus mensajes en redes, donde evita anuncios directos pero deja frases que alimentan la lectura política sobre su figura. Una de ellas fue especialmente tomada como señal de clima interno y externo: “Apenas empiezas a dudar si vas por el buen camino, es cuando precisamente, el asustado enemigo repite su modus operandi: la mentira, la calumnia, la difamación”. Más que una reflexión espiritual, el mensaje fue leído como parte de una narrativa de construcción personal frente a las resistencias que ya empieza a encontrar.
Por ahora, Dante Gebel no confirmó su candidatura, pero su desembarco ya dejó de parecer una especulación marginal. Las reuniones, los nombres que lo rodean, el interés de sectores sindicales y empresariales y la inquietud que despierta en oficialismo y oposición muestran que su figura empezó a jugar en serio. A dos años de 2027, la política argentina ya mira a un actor que todavía no se lanzó, pero que ya consiguió alterar el tablero.






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