
Con un encuentro continental en Buenos Aires, el Gobierno busca posicionar al país en el turismo religioso, un segmento que combina cultura, tradición e impacto económico.

El Gobierno nacional dio un nuevo paso para instalar a Argentina dentro del mapa del turismo religioso internacionalcon la apertura del Primer Encuentro Continental del Rocío en América, realizado en la Ciudad de Buenos Aires. La actividad reunió a entidades ligadas a la devoción de la Virgen del Rocío y funcionó como una vidriera para mostrar el potencial del país dentro de un segmento que mueve millones de personas en todo el mundo. La apuesta oficial pasa por vincular esa tradición espiritual con una estrategia de desarrollo turístico de mayor escala.
La apertura estuvo encabezada por el secretario de Turismo, Ambiente y Deportes, Daniel Scioli, quien puso el foco en la capacidad de este tipo de encuentros para proyectar a la Argentina como destino. El conversatorio inaugural se desarrolló en el Palacio Libertad bajo el lema “El rocío sin fronteras: fe, identidad y patrimonio andaluz”. La consigna buscó resumir el espíritu del evento: una mezcla de religión, cultura, memoria migrante y proyección internacional.


El encuentro adquirió un peso especial por el contexto en el que se realizó. De acuerdo con los datos difundidos durante la jornada, el turismo de fe representa cerca del 20% del movimiento turístico mundial, un volumen que lo convierte en un nicho con fuerte atractivo para los países que buscan diversificar su oferta. En ese escenario, la Argentina intenta mostrarse como una plaza capaz de recibir visitantes motivados no solo por la espiritualidad, sino también por la identidad y el patrimonio cultural.
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En su intervención, Scioli remarcó que la realización del evento en Buenos Aires también puede leerse como una señal de confianza en el país. El funcionario sostuvo que existen condiciones favorables para consolidar este segmento y subrayó que la tradición religiosa, sumada a la vida cultural argentina, puede transformarse en una herramienta de crecimiento. La intención oficial es que el turismo religioso deje de ser un capítulo secundario dentro del sector y gane centralidad en la estrategia nacional.
Uno de los puntos que fortaleció esa idea fue la referencia a la comunidad andaluza radicada en el país. Argentina alberga cerca de 70 mil andaluces, una presencia que la ubica entre los principales centros de esta colectividad fuera de España. Ese dato no solo explica la elección de la sede, sino que además refuerza la idea de una relación histórica y cultural que hoy el Gobierno busca convertir en un activo turístico.
La convocatoria reunió a representantes de al menos siete países, entre ellos Estados Unidos, Brasil, Chile, Venezuela, Cuba y Puerto Rico, lo que le dio al evento una dimensión continental. Esa participación permitió ampliar la discusión más allá del plano local y mostrar que la devoción rociera ya tiene una red extendida en América. Para la organización, ese entramado internacional puede servir como base para nuevos circuitos de intercambio, encuentros y actividades vinculadas al turismo de fe.
El respaldo institucional también fue amplio y mostró una articulación entre distintas áreas estatales y actores privados. Participaron organismos ligados a Cultura, Cancillería, Culto y la Cámara Argentina de Turismo, una combinación que dejó ver que el objetivo no se limita a una celebración puntual. La idea es construir una agenda sostenida que conecte la dimensión espiritual con la oferta turística y con la proyección internacional del país.
Desde la Cancillería, el subsecretario de Culto y Civilización, Agustín Caulo, valoró que la Argentina haya sido elegida para albergar el primer encuentro continental. En la misma línea, Ignacio Lupi, jefe de Gabinete de la Secretaría de Cultura, remarcó que este tipo de iniciativas sirven para fortalecer vínculos entre comunidades y poner en valor el patrimonio cultural inmaterial. Esa mirada amplía el enfoque del turismo religioso y lo ubica también como una herramienta de integración y preservación cultural.
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Desde España, el presidente de la Hermandad Matriz de Almonte, Santiago Padilla, destacó el carácter histórico de la convocatoria y el crecimiento que alcanzó la devoción a la Virgen del Rocío fuera de su territorio de origen. La iniciativa además apunta a respaldar la candidatura del Rocío como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad ante la UNESCO, un objetivo que podría darle todavía más visibilidad internacional. En ese marco, Buenos Aires funcionó como una plataforma de proyección simbólica y política para esa aspiración.
La agenda incluyó ponencias, mesas redondas, actividades culturales y la firma de un acuerdo para crear la primera red panamericana de asociaciones rocieras, además de la lectura del Manifiesto Rociero de América. El cierre tuvo un fuerte contenido simbólico con una misa en la Catedral Metropolitana por el primer aniversario de la muerte del papa Francisco, junto con propuestas gastronómicas y musicales abiertas al público. Con ese despliegue, el Gobierno buscó mostrar que la fe también puede ser un motor de circulación, encuentro e impacto económico.
Con esta iniciativa, la Argentina intenta ocupar un lugar más visible en un segmento turístico que crece a escala global y que combina tradición, identidad y movimiento económico. La apuesta oficial es que el país no solo reciba visitantes atraídos por sus paisajes o su gastronomía, sino también por celebraciones, circuitos y manifestaciones ligadas a la espiritualidad. En esa búsqueda, el turismo de fe aparece cada vez menos como una expresión marginal y cada vez más como una oportunidad concreta de posicionamiento internacional.















