La gente compra menos en supermercados y cambia su forma de consumir para llegar a fin de mes

Actualidad25/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un leve repunte convive con un giro en los hábitos: compras más chicas, más frecuentes y una caída sostenida en grandes cadenas.

El consumidor ajusta cada decisión frente a un contexto donde los ingresos pierden fuerza.
El consumidor ajusta cada decisión frente a un contexto donde los ingresos pierden fuerza.

Las compras ya no se organizan como antes. Lo que durante años fue una rutina semanal o mensual en grandes supermercados empieza a diluirse en recorridos más cortos, frecuentes y medidos, con el foco puesto en sostener el presupuesto.

Ese cambio no responde a una moda, sino a una necesidad. El consumidor ajusta cada decisión frente a un contexto donde los ingresos pierden fuerza y los gastos fijos ganan peso. En ese escenario, el consumo se reconfigura sin desaparecer.

El dato más visible aparece en las góndolas de las grandes cadenas. Allí, las ventas siguen en retroceso, mientras crecen los movimientos en almacenes y autoservicios. Según explicó Damián Graziano, director comercial de Nielsen, “en abril todavía no está recuperando supermercados”.

El fenómeno no es aislado ni pasajero. El especialista advierte que se trata de una tendencia que empieza a consolidarse en el tiempo, con un consumidor que modifica la forma de comprar para tener mayor control sobre el gasto diario.

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Esa transformación convive con una señal tenue de recuperación. Después de varios meses de caída, el consumo muestra un leve repunte impulsado por alimentos y bebidas. Graziano lo describió como “un leve brote verde”, aunque con cautela.

El rebote, de todos modos, es limitado. Según detalló, apenas alcanza un crecimiento interanual del 1%, lo que obliga a mirar el dato con prudencia. “Somos muy conservadores porque ahora se compara contra bases más altas del año pasado”, explicó.

Mientras tanto, los precios siguen subiendo y condicionan cada decisión. Las variaciones no son iguales en todos los canales, y eso influye en el comportamiento. “En autoservicios las variaciones son un poco menores, y eso también está atrayendo al consumidor”, señaló.

Ese movimiento tiene una lógica clara. El consumidor deja de hacer compras grandes y opta por abastecerse en pequeñas cantidades. En palabras de Graziano, “el consumidor se está yendo de la gran cadena, de la compra grande”, en busca de mayor control. La consecuencia es un cambio profundo en la dinámica comercial. Las visitas a tiendas de cercanía aumentan y redefinen el mapa del consumo. “Empieza a tener más visitas a tiendas más chicas. El almacén de barrio y el autoservicio están más atractivos”, afirmó.

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El trasfondo de esta transformación está en el bolsillo. El aumento de tarifas y servicios básicos recorta el margen para otros gastos. “Hay una correlación casi uno a uno entre el aumento de tarifas y la caída del consumo”, explicó el especialista.

Ese ajuste no solo impacta en lo que se compra, sino en cómo se piensa el consumo. “Se pasa de un consumo aspiracional a uno funcional”, sintetizó, marcando un cambio que atraviesa distintos sectores sociales.

El efecto también se refleja en la estructura del comercio. En algunos rubros, como perfumerías, se registran entre 600 y 700 locales menos en todo el país. “No hay pesos, y eso se ve en el consumo”, sostuvo. Incluso los sectores de mayores ingresos modifican sus prioridades. Según Graziano, “el ABC1 hoy no está traccionando consumo”, ya que destina su dinero a otros objetivos, como viajes, autos o propiedades.

Este escenario no es exclusivo del país. En la región se observa un comportamiento similar, donde el precio gana protagonismo y las marcas pierden peso. En ese contexto, el consumo se vuelve más flexible, más cauteloso y menos previsible.

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