Máximo Kirchner salió a marcar la cancha y enfría el frente anti Milei

Política26/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Máximo Kirchner volvió a tensar la interna del peronismo al rechazar un armado que se ordene solo contra Javier Milei y reclamar una propuesta con identidad propia.

Interna PJ
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La discusión en el PJ ya no pasa solo por quién encabeza o quién negocia mejor, sino por algo más incómodo: qué tipo de oposición quiere ser el peronismo frente al gobierno de Javier Milei. En ese punto, Máximo Kirchner decidió salir a fijar posición y lo hizo con una frase que golpeó sobre una idea que venía creciendo en distintos sectores del espacio. Para el líder de La Cámpora, pensar un armado basado únicamente en el rechazo al oficialismo no alcanza y hasta puede convertirse en una trampa.

El mensaje apareció durante su paso por Santa Fe, una provincia que en el kirchnerismo miran como terreno para volver a ordenar vínculos, acumular volumen político y empezar a mover piezas con la vista puesta en 2027. Esa mini gira no fue leída como una visita protocolar ni como una actividad menor, sino como una señal de que el diputado busca intervenir en el debate de fondo sobre el rumbo opositor. El contexto también suma tensión porque la relación entre el kirchnerismo y otros sectores del peronismo sigue cargada de recelos y desconfianzas.

En ese marco, Máximo Kirchner dejó una definición que apuntó directo contra el reduccionismo de armar un frente sólo para pararse enfrente de Milei. "Cuando hablan del frente anti-Milei, no me convence", dijo, y con esa frase se corrió de una estrategia puramente reactiva. El planteo no fue sólo electoral: también buscó poner sobre la mesa que una coalición sin programa propio puede juntar bronca, pero no necesariamente construir una alternativa de poder.


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La idea que quiso instalar va un poco más allá de la consigna coyuntural. Según expresó en Santa Fe, el peronismo necesita "pensar de manera más positiva y construir no en contra de alguien", una formulación que deja ver el intento de discutir desde otro lugar el rearmado opositor. Ahí aparece una diferencia importante con quienes creen que la sola resistencia a las políticas libertarias podría ordenar a todo el campo anti oficialista.

El punto más filoso de su intervención tiene que ver con la memoria reciente del peronismo. En el kirchnerismo hay una lectura cada vez más marcada de que limitar la política a frenar al adversario puede servir para una elección, pero deja al espacio sin densidad cuando le toca gobernar. Por eso, Máximo insistió con que no le interesa una dinámica orientada a destruir al rival, sino una construcción que llegue al gobierno con capacidad real para administrar, decidir y sostener un rumbo.

Esa discusión no se da en el vacío. El peronismo arrastra una interna abierta sobre liderazgos, métodos y tiempos, con sectores que imaginan una renovación más asociada a Axel Kicillof y otros que siguen viendo a Cristina Kirchnercomo la figura con mayor centralidad política y capacidad de ordenar. La irrupción de Máximo en Santa Fe, en medio de ese reacomodamiento, funcionó también como un recordatorio de que el kirchnerismo no piensa correrse ni resignar influencia en el armado que viene.

Desde ese lugar, su intervención también buscó correrse de una política hecha sólo de reflejos defensivos. "No me interesa destruirlo, me interesa que en la elección juntemos más votos y, cuando seamos gobierno, estemos a la altura de la circunstancia", sostuvo. La frase resume bastante bien el tono de su planteo: menos consigna de trinchera y más discusión sobre qué ofrecer, cómo administrarlo y con qué legitimidad llegar otra vez al poder.


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Santa Fe, en ese sentido, no fue apenas un escenario elegido al azar. El desembarco de Máximo Kirchner en el sur provincial fue interpretado como una jugada para fortalecer lazos con dirigencias territoriales y preparar el terreno de un kirchnerismo que busca presencia más allá del conurbano bonaerense. La señal es doble: discutir la estrategia nacional y, al mismo tiempo, reconstruir musculatura política en provincias donde el peronismo necesita volver a tener volumen.

Lo que dejó su paso por Santa Fe, entonces, no fue solo una crítica al llamado frente anti Milei, sino una advertencia más profunda hacia adentro del propio peronismo. Máximo quiso decir que el problema no es solamente cómo ganarle al Presidente, sino qué hacer con el país después y con qué ideas salir a buscar votos. En una oposición todavía atravesada por sus propias tensiones, esa discusión ya empezó y promete dejar heridas bastante más visibles de las que muchos estaban dispuestos a mostrar.

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