El emotivo abrazo de Franco Colapinto y su abuela: “Ella no puede venir a verme a las carreras”

Deporte26/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Antes de la exhibición en Palermo, Franco Colapinto vivió un momento íntimo con su abuela y dejó una imagen que cruzó el automovilismo con la emoción familiar.

La abuela de Colapinto
La abuela de Colapinto

En medio de la expectativa por verlo arriba de un Fórmula 1 en pleno corazón de Buenos Aires, Franco Colapintodejó una escena mucho más silenciosa, pero igual de poderosa. Antes de subirse al Lotus E20 y de encender la locura de los fanáticos en Palermo, el piloto argentino se encontró con su abuela y protagonizó un abrazo que cambió por un rato el tono de toda la jornada. La imagen tuvo algo especial porque mostró al corredor lejos del casco, de los tiempos y de la adrenalina, en una versión mucho más íntima.

El gesto fue simple, pero no pasó inadvertido. Colapinto la abrazó, la besó con cariño y compartió con ella unos segundos que rápidamente tomaron otro peso cuando se entendió lo que significaban para su historia familiar. En una carrera deportiva que lo obliga a vivir entre viajes, circuitos y compromisos internacionales, no todos pueden acompañarlo de la misma manera, y ese detalle volvió mucho más fuerte el momento.

La escena apareció justo antes de una exhibición que ya de por sí tenía un valor enorme para el público argentino. Miles de personas se acercaron para verlo girar por las calles porteñas, en una demostración que reunió pasión fierrera, expectativa por su presente y la ilusión de seguir viendo a un argentino cada vez más instalado en el radar grande del automovilismo. Pero antes de que el ruido del motor se llevara toda la atención, el foco quedó puesto en ese encuentro familiar.


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El propio piloto explicó por qué ese instante le pegaba tan de cerca. “Traer un Fórmula 1 al país es algo muy lindo para los fanáticos, pero también para mi familia, como por ejemplo mi abuela que no puede venir a verme a las carreras. Hacer algo acá, cerquita de su casa, me pone muy contento”, expresó durante una charla con fanáticos. La frase ayudó a entender que no se trataba solo de una visita afectuosa, sino de una manera de acercar su mundo a alguien que casi nunca puede estar en la primera fila.

Ahí aparece una de las dimensiones más sensibles del crecimiento de Colapinto. Cuanto más se agranda su carrera, más se achican los momentos cotidianos con su entorno más cercano. La rutina del automovilismo internacional no deja demasiado espacio para lo doméstico, y por eso cada regreso al país tiene una carga distinta, especialmente cuando le permite compartir un logro con quienes lo siguieron desde mucho antes de que su nombre explotara a nivel masivo.

La exhibición en Palermo estaba pensada como una fiesta para los fanáticos, y en ese sentido cumplió con todo lo que prometía. Hubo expectativa, movilización, cámaras apuntando a cada movimiento y una energía especial alrededor del piloto argentino. Sin embargo, el abrazo con su abuela introdujo algo que ningún show puede fabricar: una emoción real, sin escenografía, nacida del valor que tiene estar cerca cuando casi siempre se está lejos.


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Ese contraste entre el espectáculo y la intimidad terminó dándole otra profundidad al día. Por un lado, estaba el corredor que genera furor, el que se sube a un auto histórico y convoca multitudes. Por el otro, aparecía el nieto que disfruta poder hacer en su ciudad algo que su abuela sí puede ver de cerca, sin aeropuertos, sin distancias imposibles y sin la barrera que suele imponer una carrera disputada en el otro lado del mundo.

También hay algo más en esa postal: la forma en que Colapinto logra sostener una imagen cercana aun cuando su exposición crece. Esa naturalidad con la que se mueve entre la idolatría pública y los vínculos personales ayuda a explicar por qué su figura conecta tan rápido con la gente. No queda encerrado solo en el rendimiento o en la promesa deportiva, sino que transmite una humanidad que vuelve más fácil identificarse con él.

Por eso el abrazo no quedó como una anécdota menor de la previa. Terminó siendo una de esas escenas que condensan mejor que cualquier declaración el momento que atraviesa el piloto: el sueño de correr cada vez más alto, pero con los afectos empujando desde el lugar de siempre. Antes del motor, antes del show y antes de la ovación, Franco Colapintodejó una imagen que dijo mucho sin necesidad de exagerar nada.

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