
Los alegatos finales determinarán si Javier Di Santo, Daniel Miralles y Luis Pizarro son destituidos. Las últimas declaraciones expusieron graves fallas en la búsqueda de ADN.

La pista definitiva para atrapar al autor del crimen de Nora Dalmasso estuvo guardada en un depósito judicial sin que nadie la explotara con éxito durante casi dos décadas. El fiscal de Cámara de Río Cuarto, Julio Rivero, sacudió el jury contra sus colegas al sostener que la investigación oficial fue un fracaso absoluto y cargado de errores. Según su visión técnica, el responsable de la muerte de la mujer “está en el cinto de la bata”, señalando el objeto con el que se cometió el asesinato ocurrido en noviembre de 2006.
Los fiscales Javier Di Santo, Daniel Miralles y Luis Pizarro escucharon en silencio las críticas hacia su desempeño mientras se define si conservarán sus puestos o enfrentarán la destitución. El proceso disciplinario intenta determinar si existió negligencia grave o mal desempeño en una causa que mantuvo en vilo a la opinión pública argentina durante dieciocho años. La acusación se apoya en la falta de pericias profundas sobre elementos básicos de la escena del crimen que recién fueron analizados con rigor hace pocos meses.
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La aparición de Roberto Bárzola en el radar judicial no fue el resultado de una estrategia planificada por los fiscales ahora juzgados, sino un golpe de fortuna que expuso la inacción previa. El fiscal Rivero fue tajante al respecto y dejó en claro que los investigadores de aquel entonces no buscaron ese rastro de forma proactiva durante años. “La aparición de Roberto Bárzola es un hallazgo casual, no producto de una exclusiva actividad investigativa”, disparó el funcionario ante el jurado encargado de dictar sentencia.
El relevo generacional en la causa permitió que aparecieran datos que dormían en el expediente desde el año 2008 sin que nadie les prestara la atención debida. Pablo Javega, quien asumió como fiscal de instrucción en octubre de 2022, detalló cómo lograron identificar un ADN mitocondrial en un pelo y un haplotipo masculino "Y" desconocido en el cinto de la bata. Javega explicó que su equipo comenzó a relevar el expediente de forma minuciosa para detectar los puntos más importantes apenas terminó el juicio al viudo Marcelo Macarrón.
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El desfile de testigos en los tribunales incluyó el testimonio de figuras de peso en la estructura del Ministerio Público que pasaron por la conducción general en distintos periodos. Vidal Lascano, fiscal general entre 2004 y 2007, y Darío Vezzaro, su sucesor hasta 2012, explicaron sus funciones y el alcance de sus decisiones antes de abandonar sus cargos. Ambos relatos sirvieron para reconstruir la cadena de mando y las prioridades que tuvo la fiscalía en los años donde la investigación parecía girar en círculos sin encontrar sospechosos firmes.
El fiscal Rivero, quien en su momento pidió la absolución de Macarrón por falta de pruebas, describió la pesquisa oficial como un derrotero sin destino claro. La insistencia del funcionario en seguir buscando la verdad contrasta con la parálisis que afectó a la causa durante los mandatos de Di Santo, Miralles y Pizarro. Esta mirada crítica refuerza la hipótesis de que se ignoraron evidencias científicas que estaban al alcance de la mano y que podrían haber resuelto el caso mucho tiempo antes.
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El hallazgo del ADN de Bárzola puso en evidencia que los recursos técnicos para identificar sospechosos estaban disponibles, pero no fueron utilizados de manera coordinada. La declaración de Javega permitió entender que el haplotipo masculino detectado hace dieciséis años era la llave que nadie se atrevió a girar. Este contraste entre la vieja y la nueva guardia de fiscales es lo que hoy pone en jaque la estabilidad laboral de los tres hombres que manejaron el expediente durante la mayor parte del tiempo.
El jurado de enjuiciamiento dictó un cuarto intermedio tras el cierre de esta etapa testimonial para permitir que las partes preparen sus estrategias finales. El próximo miércoles 6 de mayo será el turno de los alegatos, donde se escucharán los argumentos definitivos a favor y en contra de la destitución de los acusados. La expectativa en los pasillos de los tribunales es alta, ya que este fallo sentará un precedente sobre la responsabilidad de los investigadores en causas de alto impacto social.
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La decisión final sobre el futuro de Javier Di Santo, Daniel Miralles y Luis Pizarro se conocería recién antes de que finalice el mes de mayo. Mientras tanto, el caso Dalmasso sigue buscando justicia en un escenario donde los responsables de la seguridad jurídica rinden cuentas por sus actos u omisiones. La resolución del jurado marcará el cierre de un capítulo oscuro para la justicia cordobesa y definirá si los fiscales continúan en sus cargos o si sus carreras terminan producto de la negligencia grave denunciada.
Fuente: NA.

















