
Preocupa la salud mental de los adolescentes: se registra una internación al día por riesgo suicida
Actualidad28/04/2026
REDACCIÓNEl Ministerio Público Tutelar advierte que el 90% de los casos críticos involucra a jóvenes. El Hospital de Clínicas registró un salto del 30% en las consultas.

Las guardias de la Ciudad de Buenos Aires enfrentan hoy una realidad que desborda las estadísticas habituales de los centros de salud mental. Según los registros del Ministerio Público Tutelar, el sistema debe responder a más de una internación diaria de menores por cuadros de riesgo suicida inminente. Esta cifra refleja un panorama crítico donde nueve de cada diez intervenciones de emergencia tienen como protagonistas a adolescentes de entre 10 y 19 años.
La presión sobre el sistema público no constituye un hecho aislado, sino que se traduce en un incremento sostenido de la demanda espontánea en hospitales de referencia. Los profesionales del Hospital de Clínicas observaron que las consultas por padecimientos psíquicos en la juventud escalaron un 30% en apenas doce meses. Este salto estadístico coincide con la tendencia global marcada por la Organización Mundial de la Salud, que estima que "1 de cada 7 personas de entre 10 y 19 años atraviesa algún trastorno mental" a nivel regional.
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El entorno social en el que crecen estos jóvenes presenta aristas de hostilidad que complican el desarrollo emocional saludable y la estabilidad diaria. La Dra. Silvia Ongini, psiquiatra infanto-juvenil de la división Pediatría del citado centro de salud, advierte sobre la presencia de agresiones que permean los vínculos cotidianos de manera invisible. “Estamos asistiendo a un incremento de situaciones de violencia en todas sus dimensiones, que además tienden a naturalizarse”, sostiene la especialista respecto a la presión externa que reciben los menores.
La falta de herramientas para identificar el malestar temprano suele derivar en cuadros graves que requieren intervenciones de alta complejidad en las guardias. Muchos adultos tienden a interpretar el silencio o el cambio de conducta de los hijos como una simple cuestión madurativa o una rebeldía pasajera. Ongini señala que “uno de los errores más frecuentes es no detectar situaciones de riesgo a tiempo: naturalizar conductas o síntomas, minimizarlos como si fueran ‘caprichos’ o parte de la edad”.
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El aislamiento social permanente y la pérdida de interés en las actividades compartidas funcionan como banderas rojas que los padres no pueden ignorar en el día a día. Otros indicadores críticos incluyen alteraciones bruscas en el rendimiento escolar, problemas persistentes de sueño y una irritabilidad que se sostiene durante semanas. La sobreexposición digital también aparece como un factor que suele alterar los hábitos y dificulta de manera drástica los vínculos saludables entre pares en el mundo real.
La respuesta del entorno ante la manifestación del sufrimiento debe priorizar la validación del sentimiento por encima de cualquier juicio de valor o crítica inmediata. Resulta indispensable fomentar una escucha que respete los tiempos del adolescente, sin caer en descalificaciones que cierren los canales de comunicación. “Cuando alguien manifiesta un padecimiento, es fundamental intentar comprender qué le está pasando”, remarca la psiquiatra sobre la necesidad de involucramiento afectivo real por parte de los adultos.
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El bienestar de un adolescente no depende únicamente de su fortaleza individual, sino de la red de contención que logre estructurarse en su núcleo primario. Un cuadro depresivo o de ansiedad severa no afecta solo al joven, sino que sacude los cimientos de todo el grupo conviviente. Por este motivo, la especialista resalta que “cuando un integrante de la familia está mal, todo el sistema familiar se ve afectado, de modo que es clave poder acompañar y encontrar salidas en conjunto”.
Los centros de salud porteños están reforzando sus protocolos para ofrecer espacios de acompañamiento que excedan la atención farmacológica o el control médico de rutina. La idea consiste en habilitar ámbitos donde los jóvenes se sientan contenidos y escuchados, permitiendo que recuperen momentos de disfrute compartido con sus seres queridos. Los especialistas insisten en que dedicar tiempo de calidad representa la herramienta de prevención más potente que tienen los adultos frente al aislamiento digital.
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La consulta profesional debe dejar de ser vista como una medida de última instancia para convertirse en un recurso preventivo ante los primeros síntomas. Desestigmatizar la salud mental permite que las familias pierdan el miedo a pedir ayuda antes de que la situación llegue a un punto de no retorno. La doctora Ongini asegura que “pedir ayuda a tiempo puede cambiar trayectorias de vida”, subrayando que nunca es tarde para buscar el apoyo de un equipo especializado en infancia y juventud.
Fuente: NA.
















