
Un estudio de CEPEA detectó que la mitad de los menores de 9 años sufre falta de calcio. El bajo consumo de frutas y verduras alcanza niveles preocupantes.

Apenas doce de cada cien chicos de entre 4 y 9 años en la Argentina logran sostener una alimentación que pueda considerarse de alta calidad. El dato surge de un relevamiento exhaustivo realizado por el Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA), que pone el foco en una carencia que va más allá de la cantidad de comida disponible. La investigación detectó que la gran mayoría de los menores analizados se encuentra en niveles de calidad alimentaria medios o bajos, lo que condiciona su desarrollo a largo plazo.
La falta de calcio se convirtió en el punto más crítico del informe, afectando a casi la mitad de los niños evaluados en distintas ciudades del país. Este mineral es indispensable para el crecimiento óseo y la salud general durante la infancia, pero el 49% de los menores presenta una ingesta insuficiente. El estudio advierte que este déficit no es un hecho aislado, sino que forma parte de un desequilibrio estructural en la composición de la mesa diaria de los argentinos.
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Para llegar a estas conclusiones, un equipo de nutricionistas analizó la dieta de 315 niños y niñas junto a 375 mujeres adultas en puntos estratégicos como Rosario, Tucumán, Gualeguaychú y la Ciudad de Buenos Aires. Se utilizó una encuesta de frecuencia de consumo sobre 67 productos agrupados por su valor nutritivo o su carácter ocasional. El resultado permite trazar un mapa de la alimentación urbana donde la falta de nutrientes esenciales atraviesa diferentes estratos sociales y regiones geográficas.
El abandono de los hábitos saludables es evidente al observar que el rechazo a las verduras, frutas y legumbres roza niveles de inadecuación cercanos al 90%. Sergio Britos, director de CEPEA, sintetizó que “uno de los hallazgos centrales es la alta prevalencia de ingesta insuficiente de calcio: afecta al 49% de los niños, lo que convive con un patrón alimentario caracterizado por un bajo consumo de verduras, frutas y legumbres -cercano al 90% de inadecuación- y una presencia más frecuente de alimentos de origen animal”. La dificultad principal, según los expertos, no radica únicamente en la falta de un solo nutriente, sino en una estructura alimentaria que requiere cambios urgentes.
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La investigación analizó qué impacto tendría en la salud infantil la incorporación de un yogur diario a la dieta de los encuestados. Se consideraron versiones naturales o con sabor natural, libres de octógonos de advertencia y con presencia de probióticos para garantizar el aporte nutricional. Los resultados de este simulacro mostraron que una inclusión cotidiana de este lácteo podría reducir la insuficiencia de calcio hasta un 40% en los escenarios más optimistas analizados por los especialistas.
El yogur funciona en el estudio como una alternativa práctica y accesible, aunque no se lo presenta como una solución definitiva para todos los problemas nutricionales. Su proceso de fermentación favorece una mejor absorción del calcio frente a otras fuentes y suma microorganismos vivos que benefician la microbiota intestinal de los más chicos. Sin embargo, el informe aclara que este aporte no corrige otras faltas importantes como la vitamina D, lo que obliga a pensar en estrategias sanitarias mucho más integrales.
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La mirada profesional insiste en que un patrón saludable debe estar conformado por una variedad real de grupos, dándole prioridad a los llamados alimentos protectores. Sandra Blasi, especialista en Nutrición Pediátrica de la UBA, sostuvo que un esquema equilibrado requiere “especial verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, granos y frutos secos, lácteos, huevos, pescado, otras carnes (pollo y rojas) y aceites vegetales”. La clave, según la experta, está en lograr un consumo limitado de aquellos productos ocasionales que suelen ser fuente de azúcares y sodio.
Uno de los desafíos más grandes para los padres es enfrentar la selectividad alimentaria severa, una característica frecuente en la infancia que traba la incorporación de nuevos sabores. Romina Lambert, especialista del Hospital Italiano de Bahía Blanca e integrante de PROFENI, destacó que mejorar el aporte de calcio con un alimento cotidiano es una “oportunidad relevante para acompañar el crecimiento y desarrollo de los niños, especialmente en un contexto donde las deficiencias nutricionales conviven con otros desafíos de salud pública”. Esta observación pone de relieve la necesidad de encontrar soluciones sencillas que convivan con los retos actuales de la salud.
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El relevamiento permite separar la discusión del simple exceso de golosinas o productos procesados para ponerla sobre el faltante estructural de nutrientes críticos. La respuesta del sistema de salud no debería enfocarse únicamente en las prohibiciones, sino en la promoción activa de la ingesta regular de lácteos adecuados y fibras. La mesa infantil argentina tiene hoy una deuda pendiente que se mide en centímetros de crecimiento y en la capacidad de prevenir enfermedades futuras a través de la diversidad nutricional.
Fuente: NA.

















