Una economía regional enfrenta su peor escenario productivo en quince años por costos altos

Actualidad02/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Las empresas exportadoras aplicaron un recorte drástico en la siembra para frenar la caída de los precios internacionales. Con una producción que bajará más del 30%, el sector intenta equilibrar un mercado global saturado mientras el clima demora las tareas en los campos cordobeses.

Siembra de maní
Siembra de maní

Apenas el 15% de la superficie sembrada con maní logró cumplir con la primera etapa de recolección en los lotes argentinos. El proceso de arrancado, que consiste en dar vuelta el pan de tierra para que el fruto se seque al sol, se encuentra en niveles históricamente bajos debido a las lluvias que complicaron las tareas durante el mes de abril. Este retraso operativo es solo la cara visible de una campaña que se encamina a ser la segunda más pobre de la última década y media.

La superficie destinada al cultivo sufrió un recorte feroz del 27% respecto al ciclo anterior, alcanzando apenas las 381.590 hectáreas en todo el país. Esta decisión no fue azarosa ni climática en su origen, sino un movimiento defensivo de las empresas para intentar sostener la rentabilidad. Según explican desde la Cámara Argentina del Maní (CAM), el mercado mundial arrastra un exceso de oferta que desplomó los valores de venta, obligando a un reajuste que también se está replicando en Brasil.


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En la provincia de Córdoba, corazón de esta economía regional, la retracción es todavía más nítida con una caída del 28% en el volumen que se espera obtener. El principal factor que expulsó a los productores de los lotes fue la combinación de precios internacionales deprimidos y costos de producción que no dejan de subir. Particularmente, la siembra en campos alquilados fue la que más terreno perdió, ya que los márgenes económicos no permiten cubrir los arrendamientos actuales.

“En la campaña anterior había crecido mucho el área sembrada y se tuvieron buenos rindes, por lo que hubo una producción muy elevada”, detalló Edoardo Fracanzani, director ejecutivo de la CAM. Esta abundancia terminó siendo un problema para el complejo exportador, que ahora busca “equilibrar oferta y demanda” reduciendo drásticamente la cantidad de materia prima disponible. El objetivo de las firmas exportadoras es que, ante una menor cosecha, los precios logren una mejora que sanee sus cuentas internas.


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La producción estimada para este ciclo se ubica apenas por encima de las 918.000 toneladas, lo que representa unas 408.000 toneladas menos que el año pasado. A pesar de este desplome en la cantidad de granos, los especialistas aseguran que los compromisos externos de Argentina no corren peligro. Históricamente el país embarca unas 460.000 toneladas al año, por lo que, aun con la merma productiva, existe volumen suficiente para abastecer los contratos internacionales vigentes.

Jennifer Demarchi, analista de la Bolsa de Cereales de Córdoba, destaca que el principal motivo de este retroceso es la rentabilidad asfixiada. Al ser una economía que exporta entre el 70% y el 80% de lo que produce, cualquier movimiento en el tablero mundial impacta directamente en el productor local. La analista coincide en que el costo de los alquileres fue el golpe de gracia para que miles de hectáreas quedaran fuera del circuito manisero en esta oportunidad.


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El proceso de cosecha actual es lento y complejo, ya que el maní requiere días de secado en el lote tras ser arrancado, antes de proceder a la trilla final. Las estimaciones indican que la recolección recién concluirá entre julio y agosto, dependiendo exclusivamente de que el invierno no traiga humedades excesivas. Solo detrás de la campaña 2022/23, marcada por una sequía extrema, los números de este año se perfilan como los más críticos de la historia reciente.

Esta estrategia de achique busca, en palabras de los protagonistas, un “equilibrio económico en las empresas exportadoras”. No se trata solo de producir, sino de que el negocio sea sustentable en un contexto donde los insumos y la logística pesan cada vez más en la balanza comercial. La provincia de Córdoba, por su peso específico en el sector, es la que más siente el impacto de estas 400 mil toneladas que no llegarán a las plantas de procesamiento.

El horizonte para los próximos meses está atado a la reacción del mercado externo ante este recorte coordinado en la región. Mientras los productores terminan de levantar lo poco que sembraron, el sector reza para que la jugada de reducir la oferta global surta efecto. De lo contrario, una de las economías regionales más dinámicas de Argentina terminará el año con galpones a media carga y una rentabilidad que seguirá bajo presión.

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