
La madre de Tyrone Ibáñez asegura que el hospital se negó a derivarlo a Buenos Aires pese a los pedidos desesperados. El niño padecía una patología compleja y falleció por fallas renales.

El acta de defunción de Tyrone Natanael Ibáñez, de apenas siete meses, certificó que su fallecimiento se produjo por complicaciones renales y respiratorias cerca de la 1:30 de este domingo. El pequeño, que nació con el síndrome de Prune Belly, permanecía bajo seguimiento en el Hospital Regional de Comodoro Rivadavia luego de un largo periplo por centros de salud de La Plata. Estrella Alejandra Sepúlveda, madre del niño, fue tajante al expresar el dolor de un sistema que ignoró sus alertas: “Hoy me vuelvo a casa con las manos vacías, el corazón destrozado, mi alma rota”.
La familia, oriunda de Las Heras, sostiene que el desenlace fue el resultado de una cadena de negativas burocráticas y falta de atención especializada. Sepúlveda denunció que, durante el tratamiento ambulatorio en la ciudad petrolera, existió una barrera de acceso a profesionales críticos para la patología del bebé. “Nunca nos otorgaron un turno para que lo vea la nefróloga”, afirmó la mujer, subrayando que la evaluación por parte de una especialista en nefrología pediátrica fue un pedido constante nunca cumplido.


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El cuadro de salud del niño se habría desestabilizado luego de cambios en el esquema de medicación que recibía para mantener la operatividad de sus órganos. Según el relato de los padres, se tomaron decisiones clínicas que retiraron soportes fundamentales sin una justificación clara para ellos. “Le quitaron medicaciones que eran importantes para sus riñones y no resistieron”, expresó la madre ante la pérdida de su hijo, quien nació el 30 de octubre pasado.
Uno de los puntos de mayor conflicto entre los progenitores y el equipo médico local fue la insistencia en un traslado a centros de mayor envergadura en Capital Federal. La familia asegura que el pedido de derivación se realizó en múltiples ocasiones, pero siempre fue rechazado bajo el argumento de que la infraestructura regional era suficiente. “Nosotros no pedimos una sola vez la derivación, la pedimos varias veces”, enfatizó Sepúlveda sobre el choque de criterios con los profesionales locales.
De acuerdo a la versión familiar, el argumento médico para retener al niño en la zona era que el sistema regional contaba con los recursos para contenerlo. Sin embargo, la realidad de los últimos días contradijo esa seguridad institucional cuando el pequeño ingresó el sábado a las 15 a la guardia pediátrica. Tras cuatro horas de observación y estudios de imagen, los médicos determinaron su traslado urgente a la terapia intensiva infantil, donde finalmente no pudieron estabilizarlo.
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La imposibilidad de recibir atención domiciliaria adecuada en su ciudad natal, Las Heras, obligó a la familia a residir de prestado en Comodoro Rivadavia durante meses. Esta situación de desarraigo se debió a que la localidad santacruceña no garantizaba las condiciones mínimas para un paciente de esta complejidad. El seguimiento ambulatorio fuera de su hogar supuso un desgaste económico y emocional que fue sostenido, en parte, por una red de solidaridad regional que acompañó el caso.
El pequeño, conocido durante sus primeros meses bajo el seudónimo de "Ángelex" para proteger su identidad, había atravesado cirugías e internaciones intensivas en el Hospital Sor María Ludovica de La Plata. Al ser derivado nuevamente a la Patagonia en enero, la expectativa de la familia era una continuidad terapéutica que, según denuncian, fue interrumpida. Las críticas apuntan directamente a que “no fueron escuchados” cuando advirtieron sobre el deterioro del cuadro renal.
La situación económica de los padres, Ángel Nahuel Ibáñez y Alejandra Sepúlveda, es de extrema vulnerabilidad tras meses de dedicación exclusiva al cuidado del niño. Ante la falta de recursos para afrontar los gastos de sepelio, el Ejecutivo municipal de Las Heras confirmó que se hará cargo de la logística para llevar el cuerpo a su tierra. Este apoyo llega en el momento en que la madre asegura que “una parte de mí quedó en el hospital con vos, mi vida”, reflejando la devastación tras el final del tratamiento.
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La comunidad de Las Heras y diversos sectores de Santa Cruz y Chubut, que se habían movilizado para ayudar, asisten ahora a un final que los padres consideran evitable. La falta de acceso a turnos específicos y la supresión de fármacos renales se posicionan como los ejes de una investigación que la familia reclama de forma pública.
















