
Joaquín Pantuso produce 300 postres virales y la demanda supera los 400 pedidos
Actualidad18/07/2026
REDACCIÓNEl creador de Les Fruits adaptó un postre francés al paladar argentino en un año y busca ampliar su equipo ante la alta demanda de redes.

El emprendimiento de alta pastelería Les Fruits produce actualmente entre 250 y 300 unidades semanales, una cifra que no alcanza para cubrir la demanda. Semanalmente, el pastelero Joaquín Pantuso recibe consultas de alrededor de 400 personas interesadas en probar sus creaciones. A esta cantidad se suman los clientes que se acercan directamente al local sin tener una reserva previa.
Estas creaciones son un postre de la alta pastelería francesa que fue popularizado por el chef Cédric Grolet. A simple vista, las piezas parecen frutas reales, pero su interior está compuesto por una compleja estructura de mousses, cremosos y frutas de estación. Esta combinación de materia prima fresca y presentación cuidada despertó el interés de miles de personas.


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En Buenos Aires, las creaciones hiperrealistas de Pantuso se pueden encontrar en el local Jakarta Café, ubicado en el barrio de Palermo. El pastelero, que se formó directamente con el creador francés, utiliza frutas como limones, mangos y maracuyás como envase para diversas ganaches y rellenos. El objetivo es siempre conservar el protagonismo del ingrediente principal en cada postre.
Pantuso descubrió estos postres durante un viaje por Francia y decidió desarrollar una versión propia para el mercado local. El proceso de adaptación le demandó un año completo de pruebas para encontrar una identidad propia. Durante ese tiempo modificó recetas, ajustó sabores y trabajó sobre las texturas para respetar el paladar argentino.
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Una de las bases del emprendimiento es el criterio de calidad que mantiene el pastelero sobre la materia prima que utiliza. Pantuso aseguró que trabaja únicamente con frutas frescas para la elaboración de sus postres. En sus propias palabras, prefiere descartar una pieza antes que vender un producto que no represente los estándares de calidad con los que trabaja.
Al ser un producto sin antecedentes en el país, otro de los desafíos fue resolver el precio de venta al público. Pantuso explicó que, al no tener una referencia, optó por un criterio de accesibilidad para que más gente pudiera probarlo. «No tenía una referencia porque era algo nuevo. Preferí ganar menos y que la gente pudiera probarlo antes que convertirlo en un producto exclusivo», sostuvo.
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El camino profesional del pastelero no fue planificado y se fue construyendo a partir de la curiosidad, la formación y la experiencia. De hecho, Pantuso confesó que jamás se imaginó que se dedicaría a la pastelería. Sus primeros trabajos fueron como mozo, y su evolución lo llevó a convertirse en referente de una nueva tendencia gastronómica.
Para poder responder a la creciente demanda, el pastelero ya comenzó a trabajar en la incorporación de nuevas personas a su equipo. El objetivo es ampliar la capacidad de producción sin resignar la calidad artesanal que caracteriza al producto. «Si pudiera hacer más, lo haría, pero hoy no da ni el espacio ni mis manos», reconoció Pantuso.
El crecimiento del emprendimiento también le abrió una puerta que nunca imaginó recorrer: la de la enseñanza a nuevas generaciones. A partir del interés que despertó el proceso de elaboración, comenzó a dictar seminarios presenciales para profesionales y aficionados. «Jamás pensé que iba a dar clases. Así como nunca imaginé que iba a ser pastelero, hoy descubrí que también disfruto enseñar», afirmó.















