
El Club Social y Deportivo Madryn cumple 102 años con una historia que sigue escribiendo
Deporte07/05/2026
REDACCIÓNLa historia de Deportivo Madryn empezó mucho antes de los ascensos nacionales, de los estadios llenos y de las campañas que lo pusieron frente a clubes grandes del país. El club aurinegro cumple 102 años atravesado por una transformación profunda: pasó de ser una institución barrial nacida en un pequeño pueblo patagónico a convertirse en uno de los símbolos deportivos y sociales más fuertes de Chubut.



El aniversario encuentra a la institución en uno de los momentos más sólidos de toda su trayectoria. Con presencia estable en la Primera Nacional, infraestructura en expansión y una vida social activa durante todo el año, Madryn dejó hace tiempo de ser solamente un club de fútbol para transformarse en un espacio de pertenencia regional.
La entidad fue fundada en 1924 y tuvo como primer presidente a Rafael Cosentino, una figura clave en los años iniciales. Su gestión se extendió durante siete años y marcó el perfil comunitario que todavía distingue al club. En aquella época, Puerto Madryn apenas comenzaba a crecer y el deporte aparecía como uno de los pocos puntos de encuentro para los vecinos.
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Durante décadas, el fútbol se convirtió en el motor principal de la identidad aurinegra. Uno de los ciclos más recordados llegó entre 1958 y 1963, cuando el club conquistó un histórico pentacampeonato local que todavía ocupa un lugar especial dentro de la memoria deportiva de la ciudad. Muchos de esos relatos siguen circulando entre generaciones de hinchas que heredaron la pasión familiar por la camiseta amarilla y negra.
La relación entre Madryn y la ciudad se fortaleció también desde lo simbólico. La sede ubicada sobre Avenida Roca, inaugurada en 1926 frente al mar, terminó integrándose al paisaje urbano y se transformó en uno de los edificios más representativos de la rambla local. La construcción fue impulsada en gran parte por Emilio Kirchmayr, otro de los nombres fundamentales en la historia institucional.

El salto más fuerte llegó durante las últimas dos décadas. Bajo las gestiones de Ricardo y Gustavo Sastre, el club atravesó un proceso de profesionalización que modificó por completo su estructura deportiva y administrativa. El crecimiento quedó reflejado tanto en los resultados futbolísticos como en las obras que ampliaron la dimensión social de la institución.
En 2004 comenzó el recorrido nacional en el Torneo Argentino B. Diez años después llegó el ascenso al Federal A y, en 2021, el club consiguió alcanzar la Primera Nacional después de una campaña que quedó grabada entre los grandes hitos aurinegros. La definición frente a Racing de Córdoba todavía aparece como uno de los recuerdos más fuertes para los hinchas.
Ese avance deportivo estuvo acompañado por un desarrollo constante de infraestructura. El predio Poldo Remussi pasó a convertirse en uno de los centros deportivos más importantes de la Patagonia, con canchas, gimnasios, hotel, espacios recreativos y múltiples actividades que funcionan durante todo el año.
El crecimiento institucional también incluyó otras disciplinas. El básquet construyó una etapa histórica durante las décadas del 80 y 90, cuando Deportivo Madryn llegó a competir en la Liga Nacional y recibió en la ciudad a algunos de los equipos más importantes del país. Aquellas noches en estadios repletos todavía forman parte del patrimonio emocional del club.
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La vida diaria de Madryn hoy excede ampliamente la competencia profesional. Patín, natación, esgrima, newcom, danza y otras actividades deportivas sostienen una dinámica social que involucra a cientos de familias. El club amplió su función y pasó a ocupar un rol central dentro de la comunidad madrynense.

Detrás de esa expansión aparecen también los nombres menos visibles: socios, trabajadores, entrenadores, voluntarios y dirigentes que sostienen el funcionamiento cotidiano. Buena parte del crecimiento del club se construyó desde ese trabajo silencioso que permitió consolidar proyectos a largo plazo.
A los 102 años, Deportivo Madryn atraviesa una etapa donde el pasado funciona más como impulso que como nostalgia. El club conserva sus símbolos históricos, mantiene el vínculo fuerte con la ciudad y sigue alimentando una ambición deportiva que todavía no encontró techo.














