Menos dueños, más inquilinos, hospitales públicos desbordados y el gas de red en retroceso

Actualidad07/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un informe de la Fundación Tejido Urbano revela que más de 10 millones de personas dependen solo del hospital público. La casa propia pierde terreno frente al alquiler.

Alquileres Foto Freepik
Alquileres Foto Freepik

La atención médica en los hospitales argentinos enfrenta una carga operativa que se agudizó sensiblemente durante la última década. El sistema público absorbió a un millón y medio de nuevos pacientes que perdieron su cobertura privada o de obra social entre 2016 y 2025. Según la Fundación Tejido Urbano, la población que depende exclusivamente del Estado "pasó de 8,5 millones a 10 millones de personas".

Este desplazamiento hacia el sector público coincide con una retracción histórica en el acceso a la vivienda propia. Las familias que lograban consolidar la posesión de su techo y el terreno representaban el 67,3% hace nueve años, pero esa cifra cayó al 61,1% en el relevamiento más reciente. El alquiler dejó de ser una etapa transitoria para convertirse en una modalidad de residencia estable ante la ausencia de crédito hipotecario y la erosión constante de los salarios.


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El retroceso en la calidad de vida urbana se manifiesta con especial crudeza en lo que los especialistas denominan la paradoja de los servicios básicos. Mientras la expansión de las redes de agua y cloacas mostró avances moderados, la conectividad al gas de red sufrió un desplome significativo. Este suministro vital para el funcionamiento de los hogares cayó del 71,4% al 65,7%, dejando a miles de usuarios dependientes de alternativas más costosas o precarias para cocinar y calefaccionarse.

La carencia de prestaciones esenciales configura un mapa donde casi la mitad de los hogares urbanos padece algún tipo de privación estructural. En el primer semestre de 2025, el 46,2% de los hogares no accedía a alguno de los tres servicios básicos medidos por la encuesta nacional. La mejora en el saneamiento ambiental, con un acceso a cloacas que alcanzó el 73,1%, no logra compensar el impacto de la desconexión energética.


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El mercado de alquileres absorbe la demanda de una población que ya no encuentra en la propiedad un destino alcanzable. Los hogares inquilinos pasaron a representar el 20,7% del total, consolidando una tendencia que alcanzó picos superiores al 22% durante el año pasado. Esta realidad se desprende de un contexto de ingresos tensionados y un costo de entrada al mercado inmobiliario que ignora la capacidad de ahorro promedio de los trabajadores.

La paradoja argentina permite que indicadores de formación humana muestren progresos mientras la base material de los hogares se debilita. La asistencia escolar en niños y adolescentes de 4 a 17 años experimentó un salto notable hasta situarse en el 97,9%. Al mismo tiempo, la proporción de adultos con nivel superior o universitario completo creció hasta rozar el 25%, marcando un clima educativo más alto en hogares que, sin embargo, tienen dificultades para ser propietarios.


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Resulta llamativo que la calidad constructiva de las viviendas haya mejorado marginalmente pese a la crisis habitacional de fondo. El porcentaje de hogares con viviendas de materiales suficientes se elevó al 81,5%, mientras que las construcciones con elementos precarios descendieron al 5,7%. Esta mejora técnica sugiere que las familias invierten en mejorar sus viviendas actuales, aunque no logren dar el salto hacia la propiedad plena sobre vivienda y terreno.

Los niveles de hacinamiento crítico y la proximidad a zonas insalubres también registraron descensos que alivian la presión sobre los sectores más vulnerables. La población que habita cerca de basurales disminuyó al 5,1% y quienes viven en áreas inundables representan ahora el 9% del total nacional. Estos datos, aunque positivos, están sujetos a las condiciones ambientales recientes y no garantizan una solución definitiva a los problemas de planificación urbana.


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La realidad de las ciudades argentinas para 2026 expone una fractura profunda entre la mejora de ciertos estándares individuales y la degradación del acceso colectivo a la propiedad. El déficit en servicios esenciales y la mayor demanda sobre la salud pública representan los límites operativos de un modelo que ya no garantiza la casa propia. La vivienda aparece hoy más como un problema estructural de ingreso, crédito, infraestructura y planificación urbana que como una meta alcanzable para las nuevas generaciones.

Fuente: NA.

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