La pregunta que desató risas en el Pentágono escondía una historia demasiado real

Otros Temas11/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Una consulta insólita sobre “delfines suicidas” volvió a poner en circulación una trama militar que mezcla espionaje, animales entrenados y operaciones secretas.

Un periodista preguntó si Irán utilizaba “delfines suicidas” en medio de la creciente tensión militar en Medio Oriente.
Un periodista preguntó si Irán utilizaba “delfines suicidas” en medio de la creciente tensión militar en Medio Oriente.

La escena duró apenas unos segundos, pero alcanzó para que una vieja historia volviera a circular en todo el mundo. Durante una conferencia del Departamento de Defensa de Estados Unidos, un periodista preguntó si Irán utilizaba “delfines suicidas” en medio de la creciente tensión militar en Medio Oriente. Las risas aparecieron enseguida entre los funcionarios norteamericanos, aunque detrás de la pregunta existía un antecedente mucho más extraño de lo que parecía.

El tema reapareció después de una publicación del diario Wall Street Journal que mencionó la posibilidad de que Teherán recurriera a “armas nunca antes utilizadas” en un eventual conflicto en el Golfo Pérsico. Entre esas versiones aparecieron otra vez los mamíferos marinos entrenados para operaciones militares, una historia que llevaba años archivada y que ahora volvió a ganar espacio en redes sociales y medios internacionales.

El origen del caso se remonta a fines de los años 90 y tiene como punto central una antigua base soviética ubicada en Sebastopol, en Crimea. Allí funcionaba un programa secreto dedicado al entrenamiento de animales marinos para tareas vinculadas con la defensa naval y operaciones submarinas durante la Guerra Fría. Tras la caída de la Unión Soviética, el proyecto quedó prácticamente abandonado por falta de financiamiento.

En ese contexto apareció la figura de Boris Zhurid, un ex oficial soviético especializado en medicina y comportamiento animal que quedó a cargo de los mamíferos. El deterioro económico del programa llevó a situaciones extremas y el propio entrenador explicó públicamente el problema que atravesaban. “Si fuera una persona cruel, podría quedarme en Sebastopol, pero no puedo soportar que mis animales pasen hambre”, declaró en ese momento al diario ruso Komsomolskaya Pravda.

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Los reportes publicados por la BBC en 1999 aseguraban que Irán compró parte de esos animales entrenados por la armada soviética. Entre ellos había delfines, focas, leones marinos, marsopas e incluso una ballena beluga, todos preparados originalmente para cumplir tareas militares específicas en el mar. La operación despertó interés internacional porque se trataba de animales capaces de intervenir en maniobras de vigilancia y combate.

Según aquellos documentos, los mamíferos recibían entrenamiento para detectar buzos enemigos, transportar explosivos y aproximarse a embarcaciones llevando minas adheridas al cuerpo. Algunos delfines también podían distinguir submarinos soviéticos de barcos extranjeros mediante el sonido de las hélices, una habilidad desarrollada durante años por especialistas militares.

La historia adquirió todavía más repercusión cuando trascendió que varios de esos animales fueron trasladados en avión desde Crimea hasta el Golfo Pérsico. Esa imagen terminó alimentando durante décadas versiones, teorías y relatos que mezclaron operaciones militares reales con elementos casi cinematográficos. El episodio quedó instalado como una de las historias más extravagantes surgidas después del colapso soviético.

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Con el correr del tiempo, Irán negó oficialmente cualquier utilización militar de los animales y sostuvo que eran usados para exhibiciones y entretenimiento. Sin embargo, distintas referencias públicas mantuvieron viva la sospecha sobre las verdaderas funciones del programa. Incluso el expresidente iraní Akbar Hashemi Rafsanjani escribió sobre esos mamíferos en sus memorias personales.

“Allí nos mostraron las habilidades que habían aprendido; fue muy interesante”, relató el exmandatario iraní tras visitar las instalaciones donde estaban alojados. En otro fragmento agregó que los animales “obedecían órdenes”, aunque incluyó un comentario inesperado sobre las demostraciones realizadas durante aquella visita. “Cuando se trataba de poner música, los delfines no obedecían”, escribió.

Aunque durante años la historia quedó asociada a rumores o relatos exagerados, el entrenamiento militar de mamíferos marinos continúa existiendo en distintos países. Estados Unidos mantiene programas oficiales en San Diego para operaciones navales específicas, mientras que Rusia sigue utilizando delfines entrenados en tareas de protección marítima en el Mar Negro.

La viralización reciente volvió a mezclar hechos comprobados con especulaciones propias del clima de tensión internacional actual. Sin embargo, detrás de las bromas y las preguntas insólitas apareció otra vez una trama real que une espionaje, guerra submarina y animales convertidos en herramientas militares en uno de los capítulos más extraños surgidos de la Guerra Fría.

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