
El ADN originario de América suma una huella patagónica desde el CENPAT
Actualidad20/05/2026
REDACCIÓNEl descubrimiento quiebra los sesgos de las bases de datos globales que perjudican los diagnósticos de salud en América Latina. Científicas del CENPAT aportaron los mapas de ADN locales.

La falta de representatividad de las poblaciones nativas en los mapas genómicos globales perpetúa una grave desigualdad en el acceso a la salud pública contemporánea. Los tratamientos médicos de precisión fallan con frecuencia al aplicarse en comunidades americanas debido a que los patrones biológicos de referencia pertenecen casi exclusivamente a individuos de origen europeo. Esta carencia de datos específicos impide identificar mutaciones asociadas a patologías complejas, dejando a miles de personas propensas a recibir diagnósticos erróneos o abordajes terapéuticos totalmente ineficaces.
La ciencia médica internacional arrastra sesgos históricos burdos al clasificar la enorme diversidad humana del continente bajo un mismo concepto administrativo y colonial. Las corporaciones biotecnológicas occidentales agrupan de forma simplista identidades biológicas y culturales totalmente disímiles dentro de categorías comerciales vacías de rigor etnográfico. Frente a este panorama, la investigadora del IPCSH-CONICET, Virginia Ramallo, cuestionó el uso de estos moldes idiomáticos al afirmar que "hasta ahora, las bases de datos mundiales utilizadas en estudios comparativos han empleado etiquetas de forma un poco simplista. Un ejemplo es la categoría ‘latino’, una etiqueta que carece de un valor etnográfico o poblacional real, deriva de un idioma impuesto tras el proceso de conquista".
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Las consecuencias de esta homogeneización artificial repercuten de forma directa en el diseño de las políticas sanitarias regionales y en la equidad del desarrollo biomédico. La medicina moderna requiere reconocer las particularidades demográficas específicas de cada territorio para formular respuestas farmacológicas basadas en la variabilidad real de los cuerpos. La genetista patagónica puntualizó la urgencia de abandonar los reduccionismos históricos al sostener que "la configuración actual de estos pueblos, su geopolítica y su complejo universo social no pueden resumirse en una única etiqueta".
Un consorcio científico internacional rompió este sesgo estadístico mediante la secuenciación de 128 genomas completos de alta cobertura pertenecientes a comunidades nativas de todo el continente. El relevamiento masivo arrojó el hallazgo crítico de más de un millón de variantes genéticas totalmente ausentes en los registros comparativos mundiales. La prestigiosa revista Nature publicó las conclusiones de este desarrollo tecnológico que altera de raíz la reconstrucción del mapa evolutivo americano y abre un nuevo paradigma analítico.
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El aporte de las científicas con asiento en el centro nacional CCT CONICET CENPAT de Puerto Madryn aportó una perspectiva territorial clave extraída de contextos comunitarios con historias muy disímiles. La investigadora María Laura Parolín, integrante del IDEAus-CONICET, aportó material genético de poblaciones mapuches y tehuelches asentadas en la región chubutense de Comodoro Rivadavia. Por su parte, el muestreo federal sumó las piezas recolectadas por su colega durante el desarrollo de su tesis doctoral con miembros de la comunidad Wichí de Formosa.
La recolección de estas muestras biológicas trasciende el mero interés estadístico de los laboratorios y adquiere una dimensión reparadora vinculada a la memoria social de los pueblos sometidos. Los genomas de los voluntarios conservan intactos los rastros de la continuidad poblacional a pesar de los siglos de asimilación cultural forzada y desplazamientos geográficos inducidos. Al respecto, Virginia Ramallo rescató el valor humano de la investigación: "Este proyecto reúne muestras de ADN de personas que habitan en distintos contextos, ya sea urbanos, rurales, en un universo multilingüe y multicultural, y otros que no. Porque los procesos de dominación y sojuzgamiento de las identidades son muy complejos, pero en el genoma nuestra señal biológica sigue latente".
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La coordinación de esta monumental base de datos continental demandó la intervención de más de 30 científicos y científicas bajo el liderazgo del Instituto de Biología Evolutiva de España y la Universidad de São Paulo. El consorcio recolectó fluidos biológicos en ocho naciones sudamericanas y americanas, abarcando muestras de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, México, Paraguay y Perú. Este despliegue logró mapear de forma inédita a 45 poblaciones pertenecientes a 28 familias lingüísticas diferentes en un esfuerzo logístico sin precedentes.
Los relojes moleculares analizados sitúan la diferenciación inicial de estos linajes nativos hace aproximadamente 25 mil años, durante un aislamiento prolongado en la región ártica de Beríngia. El ingreso efectivo de los primeros grupos humanos hacia el cono sur ocurrió hace al menos 15 mil años, registrándose un proceso dinámico de al menos tres dispersiones continentales consecutivas. Sorprendentemente, los análisis detectaron que ciertos pueblos conservan una afinidad del 2% con poblaciones de Australasia y hasta un 3% de herencia de homínidos arcaicos como los neandertales y denisovanos.
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La consolidación de este catálogo genético fue posible gracias al altruismo de cientos de ciudadanos que consintieron abrir los registros de su propia herencia biológica de forma desinteresada. Los científicos debieron recorrer extensas geografías urbanas y rurales para recolectar el material genómico de forma directa en cada comunidad participante. La investigadora recordó la mecánica de este trabajo de campo al detallar que "fueron distintas convocatoria de personas voluntarias, de donantes que aportaron un pedacito de su historia y de su biología. Es un dato único y nos permite entender mejor el complejo universo de la diversidad de las poblaciones americanas".
La aplicación médica de este millonario hallazgo de variantes representa el verdadero hito para el futuro sanitario de los distritos menos favorecidos por la industria farmacéutica global. La caracterización biológica de las minorías étnicas resulta indispensable para diseñar herramientas de precisión destinadas a curar patologías de origen desconocido. Al respecto, la científica del CENPAT remarcó los beneficios biomédicos inmediatos: "Saber cuán diversos somos ayuda a entender no solo la variabilidad que vemos a simple vista, como en el cabello, el color de piel o las distintas corporalidades, sino también aquella que no vemos. Hay muchas enfermedades genéticas que no tienen un diagnóstico certero o un tratamiento aproximado porque se desconoce su causa. Estudiar la diversidad general aporta ese conocimiento. De allí el enorme interés de estas investigaciones para la salud pública". La trascendencia de la investigación quedó inmortalizada gráficamente en la mismísima portada de la revista internacional a través de una ilustración diseñada por el artista madrynense Emiliano Bellini.
















