Científicos en Tierra del Fuego rastrean hantavirus, pero logran otros hallazgos

Actualidad21/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Tres especialistas del Instituto Malbrán procesan los animales capturados en el parque nacional, buscando el eslabón genético que originó las muertes en el crucero MV Hondius.

ACTUALIZARON EL ESTADO DE SITUACIÓN SOBRE EL HANTAVIRUS
ACTUALIZARON EL ESTADO DE SITUACIÓN SOBRE EL HANTAVIRUS

El trabajo de campo se despliega directamente bajo la sombra de los árboles, donde se montó un laboratorio de campaña para procesar los ejemplares atrapados durante las noches. Los biólogos operan bajo estrictas condiciones de bioseguridad, retirando los roedores de las trampas de captura viva para iniciar de inmediato la extracción de sangre y de la totalidad de sus órganos. El procedimiento resulta indispensable para resguardar el material genético que permitirá determinar si el virus estuvo o está activo en la fauna local.

El análisis inicial que se ejecuta en el terreno funciona como una barrera inmunológica genérica que ofrece certezas parciales sobre la exposición de los animales. Las muestras recolectadas se conservan en frío extremo antes de su traslado definitivo a la Ciudad de Buenos Aires, donde se resolverán los diagnósticos moleculares complejos. Los técnicos asignados a la emergencia necesitan obtener cadenas limpias de ARN para realizar la secuenciación y evaluar si el código coincide de forma exacta con el extraído de las víctimas fatales del barco.


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La jefa del Laboratorio de Hantavirus del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas, Carla Bellomo, explicó los alcances de la evaluación inmunológica al señalar que “es muy genérica, no detecta que está directamente el virus sino evidencia de que el virus está o estuvo. Tomamos la muestra, la guardamos en frío y conservamos en condiciones de máxima bioseguridad. Al final de los tres días de captura, se mandan todas juntas a Buenos Aires, donde se hace el análisis para saber si es positivo para hantavirus o no”.

El relevamiento en las primeras doscientas estructuras dejó al descubierto una encrucijada científica respecto a los reservorios habituales de la enfermedad en la Patagonia. Los investigadores constataron la ausencia total del ratón colilargo, la especie identificada históricamente como el multiplicador principal del virus Andes en las zonas endémicas del sur. En contrapartida, las trampas registraron la caída de ejemplares de ratón oliváceo y de pelo largo, clasificados formalmente como Abrothrix olivacea y Abrothrix hirta.


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La presencia de estas especies alternativas abre un bache en la investigación epidemiológica debido a que se desconoce su capacidad real para sostener la transmisión hacia los seres humanos. Los biólogos sospechan que estos roedores de hábitos nocturnos pudieron haber recibido el virus por convivencia estrecha con algún colilargo infectado que todavía no logró ser capturado en los operativos matutinos. El equipo científico mantiene bajo análisis si estos animales actúan como reservorios efectivos o si representan simplemente un fondo de saco donde la cadena de contagio se interrumpe de forma natural.

Al evaluar las dudas que rodean el comportamiento de las especies capturadas, Carla Bellomo precisó que “no sabemos si esas dos especies positivas juegan el rol de reservorio o no. No sabemos si tienen una infección accidental con el virus, pero que no sean capaces de transmitirlo”. La experta remarcó las diferencias que guían el estudio en el Parque Nacional al sostener que “una cosa es que esté la presencia de este tipo de ratones, y otra cosa es que estén infectados”.


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El avance de las cuadrillas sanitarias sigue de cerca los registros de movimiento de la pareja de ciudadanos neerlandeses aficionados a la observación de aves, quienes se convirtieron en las primeras víctimas del brote. Las sospechas iniciales de los epidemiólogos apuntaban a zonas específicas de acumulación de residuos en Ushuaia que suelen atraer vectores, como el relleno sanitario local. Sin embargo, las inspecciones en esos entornos alterados suelen arrojar poblaciones dominadas por ratas comunes y no por los ratones silvestres vinculados al hantavirus.

La llegada de los expertos del Malbrán responde a una debilidad estructural de Tierra del Fuego, una jurisdicción que carecía por completo de registros previos de hantavirus o de contagios nativos del virus Andes. A diferencia de provincias como Neuquén, que disponen de laboratorios entrenados y protocolos aceitados para el envío de muestras, el sistema sanitario fueguino no contaba con la experiencia operativa necesaria para abordar la contingencia. Esta falta de antecedentes obligó a desplazar el equipamiento de alta complejidad desde Buenos Aires para coordinar las tareas de contingencia en el territorio de la isla.


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La posibilidad de que la transmisión se haya producido por la simple permanencia en espacios públicos abiertos o senderos turísticos tradicionales fue relativizada por los especialistas a cargo del muestreo. El contagio del virus Andes requiere de una interacción estrecha con las secreciones, la saliva o las deyecciones del animal infectado en entornos cerrados o semicerrados, disminuyendo las chances en áreas ventiladas. El foco se mantiene sobre las actividades específicas que desarrollaron los pasajeros afectados antes de embarcar en el muelle austral, donde se inició la crisis que mantiene a decenas de personas bajo régimen de aislamiento preventivo.

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