El error más común cuando duele la garganta puede empeorar una infección

Otros Temas23/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Especialistas advirtieron que la mayoría de los cuadros invernales no necesita antibióticos. Qué síntomas exigen consulta médica urgente.

Alguien siente dolor al tragar, carraspera o ardor en la garganta y busca un antibiótico para cortar el problema rápido.
Alguien siente dolor al tragar, carraspera o ardor en la garganta y busca un antibiótico para cortar el problema rápido.

El pedido aparece todos los inviernos en consultorios, farmacias y guardias: alguien siente dolor al tragar, carraspera o ardor en la garganta y busca un antibiótico para cortar el problema rápido. El punto es que, en la mayoría de los casos, ese tratamiento no sólo resulta inútil sino que puede empeorar otro fenómeno sanitario mucho más amplio: la resistencia bacteriana. La advertencia volvió a cobrar fuerza con el aumento de cuadros respiratorios durante las semanas más frías.

La médica otorrinolaringóloga Ana Cofre explicó que buena parte de las molestias típicas de esta época ni siquiera tiene origen bacteriano. El frío intenso, el aire seco de las estufas, los cambios bruscos de temperatura y la circulación de virus respiratorios crean el escenario ideal para irritaciones e infecciones leves que suelen resolverse solas. Incluso hábitos cotidianos como forzar la voz durante horas, fumar o convivir con reflujo gastroesofágico pueden dejar una sensación persistente de garganta áspera sin necesidad de que exista un cuadro infeccioso.

La diferencia entre una infección viral y una bacteriana cambia completamente el tratamiento. Cuando el cuadro es viral, generalmente aparecen congestión nasal, tos, secreción, algo de cansancio y fiebre baja. En cambio, cuando interviene una bacteria como el Streptococcus pyogenes, la situación suele intensificarse con fiebre alta, dificultad marcada para tragar, ganglios inflamados y placas visibles sobre las amígdalas.

El problema empieza cuando ambos cuadros se mezclan en la percepción cotidiana y muchas personas intentan resolverlos de la misma manera. “En la práctica cotidiana, uno de los pedidos más frecuentes que recibimos como especialistas es el antibiótico ‘por las dudas’”, señaló la especialista. La médica remarcó además que “la clave es distinguir, no medicar a ciegas”, porque la mayor parte de las infecciones de garganta no responde a ese tipo de medicamentos.

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La Organización Mundial de la Salud ya ubicó la resistencia antimicrobiana entre las amenazas sanitarias más graves del planeta. Datos citados del estudio publicado en The Lancet indican que el fenómeno provoca directamente 1,27 millones de muertes anuales en el mundo. Cada tratamiento interrumpido antes de tiempo o cada antibiótico utilizado sin necesidad alimenta ese problema y vuelve más difíciles futuras infecciones bacterianas.

La situación puede complicarse todavía más cuando aparecen señales específicas que muchas veces se minimizan. “Cuando una amígdala se inflama considerablemente más que la otra, o el dolor se irradia hacia el oído sin que exista un problema auditivo real, hay que pensar en algo más serio: un absceso periamigdalino”, advirtió Cofre. Ese cuadro implica acumulación de pus detrás de la amígdala y puede requerir drenaje quirúrgico o internación.

Los síntomas ambientales también ocupan un lugar importante dentro de las consultas invernales. La calefacción intensa dentro de ambientes cerrados reseca la mucosa y favorece irritaciones que muchas veces se confunden con infecciones. En esos casos, la hidratación, el reposo vocal y sumar humedad al ambiente suelen alcanzar para aliviar el cuadro sin recurrir a medicamentos innecesarios.

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Algunos recursos caseros conservan utilidad concreta para aliviar síntomas leves. Las gárgaras con agua tibia y sal ayudan a disminuir inflamación, la miel tiene efecto calmante sobre la tos y las bebidas templadas reducen la sensación de sequedad. Sobre este punto, la especialista aclaró que no existe una única recomendación válida. “Las frías ayudan a disminuir la inflamación de la zona; las tibias, como las infusiones con miel y limón, alivian la sequedad e irritación”, explicó.

También hay elementos cotidianos que funcionan mejor de lo que suele creerse. La bufanda, por ejemplo, no evita contagios virales, pero sí ayuda a templar el aire antes de que llegue a la mucosa respiratoria. Ese detalle favorece defensas locales más eficientes y disminuye irritaciones provocadas por el ingreso directo de aire frío y seco.

El dolor persistente, la fiebre alta durante más de tres días, la dificultad para respirar o tragar y la inflamación desigual de las amígdalas forman parte de las señales que requieren atención médica. La especialista insistió en que postergar la consulta puede permitir que una infección avance hacia zonas profundas del cuello o afecte el oído medio. “Ante cualquiera de estas señales, la consulta médica no es opcional”, sostuvo Cofre al remarcar que un diagnóstico temprano reduce complicaciones evitables.

La amigdalectomía aparece como una posibilidad en cuadros recurrentes, aunque no representa una solución automática para todos los pacientes. Generalmente se evalúa cuando las infecciones alteran seriamente la calidad de vida, afectan el descanso o se repiten de manera constante. La decisión depende siempre de una evaluación especializada y de la frecuencia real de los episodios.

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