
El FMI marcó riesgos políticos y el Gobierno ya mide sus próximos pasos entre retenciones, actividad, divisas, mercados y calendario electoral.

El dólar vuelve a aparecer como el indicador que puede ordenar las expectativas políticas antes de que la campaña tome forma. En el Gobierno miran 2026 como un año con oferta suficiente de divisas, pero la atención empieza a desplazarse hacia 2027. La duda no pasa solo por el tipo de cambio, sino por la capacidad de llegar a la elección con actividad en recuperación, inflación en descenso y confianza todavía en pie.
La discusión electoral entró esta semana en el propio discurso presidencial. Javier Milei habló de la rebaja de retenciones y dejó una frase que corrió el eje hacia la continuidad de su proyecto político: “el cronograma de reducción va a continuar en 2028, si es que nos reeligen”. La mención mostró una decisión de proyectar medidas más allá del actual mandato y de instalar una lectura económica con impacto directo en la carrera por la reelección.


También Luis “Toto” Caputo incorporó la variable electoral en una entrevista radial. El ministro sostuvo: “Aún si la economía no repunta la gente no lo va a votar a Kicillof, porque no quiere volver al pasado”. Esa frase dejó ver que el oficialismo no solo mira los números de actividad, inflación o reservas, sino también el contraste político que buscará construir frente a la oposición.
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El Fondo Monetario Internacional sumó otra advertencia al escenario. Sin hacer referencia a un episodio puntual, el organismo mencionó el aumento de “percepción de corrupción” como un factor capaz de afectar el respaldo al oficialismo. Ese tipo de señal no apunta a una variable económica tradicional, pero puede incidir sobre la confianza, el humor social y la lectura de los mercados.
La evolución de la economía muestra un panorama desparejo. En varios sectores, la actividad parece haber encontrado un piso y algunas ramas ya muestran una recuperación más visible. Otras, como la industria y la construcción, empiezan a salir desde niveles muy bajos, lo que obliga al Gobierno a transformar la mejora estadística en una percepción concreta para los hogares.
El cuadro cambiario luce distinto al que enfrentó Mauricio Macri en la antesala de su crisis política y económica. Para este año, la posibilidad de una corrida aparece acotada según esa lectura, mientras el Banco Central seguiría comprando dólares al menos hasta julio. Después llegarían divisas de la energía, emisiones de deuda provinciales y colocaciones empresarias, con una oferta que permitiría atravesar 2026 sin sobresaltos mayores.
La preocupación cambia cuando el calendario se mueve hacia 2027. Carlos Melconian calificó como “inexorable” un proceso de dolarización de carteras antes de las elecciones. El antecedente inmediato pesa: en 2025, la compra récord de divisas durante las legislativas necesitó ayuda del Tesoro de Estados Unidos para evitar un desorden cambiario mayor.
El cronograma político también achica los márgenes del oficialismo. Las PASO serán en agosto y las candidaturas empezarían a definirse durante el primer trimestre del año. Por eso, la “ventana” para que el superávit comercial llegue a los bolsillos aparece como un período corto, incluso en el escenario más favorable para el Gobierno.
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El cronograma político también achica los márgenes del oficialismo. Las PASO serán en agosto y las candidaturas empezarían a definirse durante el primer trimestre del año. Por eso, la “ventana” para que el superávit comercial llegue a los bolsillos aparece como un período corto, incluso en el escenario más favorable para el Gobierno.
En ese contexto, Milei podría llegar a la elección con algunos objetivos cumplidos, pero sin una respuesta definitiva sobre el ánimo social. Evitar otro estallido cambiario, ponerle un piso a la actividad y sostener una desinflación gradual puede ser suficiente para ordenar la economía, aunque no necesariamente para despejar la incertidumbre política. La pregunta sobre la reelección seguirá abierta hasta mucho más cerca de octubre de 2027.
Los mercados, mientras tanto, empezarán a anticipar ese escenario antes que la campaña formal. El riesgo país, las tasas de interés, el dólar y el nivel de actividad pueden sentir el impacto de una elección presidencial que ya aparece en los discursos oficiales. La economía todavía mira 2026, pero la política empezó a operar con el reloj de 2027.















