
Sodio contra litio: la batería china que cambia la pelea por la energía
Actualidad26/05/2026
REDACCIÓNCATL llevará a escala industrial sus baterías Naxtra de ion-sodio y reabre una pregunta para países mineros: cuánto puede afectar al futuro del litio.

La carrera global por las baterías sumó un nuevo competidor de peso y volvió a encender una discusión sensible para la minería. La compañía china CATL anunció la producción a escala de sus baterías de ion-sodio Naxtra, una tecnología basada en un recurso más abundante y más barato que el litio. El dato inquieta a una industria que viene de años de inversiones millonarias alrededor de la electromovilidad y el almacenamiento energético.
El interrogante no es menor para países como Argentina, Chile y Australia, que construyeron parte de sus expectativas de desarrollo sobre la demanda futura de litio. Si el sodio logra consolidarse como una alternativa competitiva, podría modificar parte del mapa de proveedores y tecnologías. Sin embargo, el escenario todavía no muestra un reemplazo inmediato, sino una posible convivencia entre distintas químicas para usos diferentes.


CATL llega a esta discusión con un peso difícil de ignorar. La empresa no es una firma experimental ni una promesa de laboratorio, sino uno de los actores centrales del negocio mundial. Produce cerca de un tercio de las baterías de ion-litio del planeta y se consolidó como proveedor global para vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento energético.
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La compañía nació formalmente en 2011, aunque su historia tecnológica se remonta a 1999 con ATL, una empresa enfocada en baterías de ion-litio para electrónica de consumo. Su crecimiento se aceleró en 2012, cuando selló una alianza con BMW para desarrollar baterías para vehículos eléctricos. Después llegaron acuerdos con fabricantes como SAIC, Geely, Dongfeng y FAW, además de una expansión industrial hacia Asia y Europa.
El anuncio de Naxtra marca un cambio de etapa porque la batería de sodio deja el terreno experimental para entrar en producción industrial. Según la compañía, las nuevas celdas alcanzan densidades energéticas de entre 160 y 175 Wh/kg, con eficiencia cercana al 97% y una vida útil de hasta 15.000 ciclos con retención del 80% de capacidad. También se destacaron mejoras de seguridad frente a perforaciones, aplastamientos o situaciones de estrés térmico.
Uno de los puntos que más atención generó es su desempeño en temperaturas extremas. CATL sostiene que las baterías pueden mantener más del 90% de capacidad útil cerca de los -40°C y operar hasta -50°C. Esa característica puede resultar atractiva para almacenamiento estacionario, climas fríos, transporte urbano y aplicaciones donde la seguridad y el costo pesen más que la máxima autonomía.
El litio, de todos modos, conserva ventajas importantes. El informe de Thunder Said Energy remarca que la principal diferencia sigue estando en la densidad energética. Mientras las Naxtra rondan los 175 Wh/kg, muchas baterías de litio se ubican entre 200 y 300 Wh/kg, y algunas tecnologías más avanzadas se acercan a 350 Wh/kg. Esa brecha es relevante para vehículos eléctricos que necesitan mayor autonomía sin sumar peso.
El desafío técnico también está en la química interna. El sodio tiene un radio iónico aproximadamente 30% mayor que el litio, lo que obliga a rediseñar ánodos, cátodos, electrolitos y materiales auxiliares. El informe citado lo resume con una frase contundente: “Es necesario reinventar la batería por completo”. CATL asegura haber resuelto más de 100 problemas de ingeniería, con inversiones superiores a los US$ 1.200 millones, aunque la competitividad plena podría demandar todavía varios años.
Por eso, la pregunta no parece ser si el sodio eliminará al litio de un día para otro. La respuesta más probable apunta a un reparto de funciones. Las baterías de ion-sodio podrían ganar espacio en almacenamiento de energía renovable, sistemas estacionarios, vehículos urbanos y aplicaciones de menor exigencia en autonomía. El litio, en cambio, seguiría fuerte en segmentos de alta performance, autos eléctricos de mayor rango y usos donde cada kilo cuenta.
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La demanda global también sigue jugando a favor del litio. Según las proyecciones de Thunder Said Energy, el consumo mundial pasó de 23.000 toneladas anuales en 2010 a 240.000 toneladas en 2024. Hacia 2030 podría llegar a 400.000 toneladas y escalar hasta 1,2 millones de toneladas en 2050, impulsado no solo por vehículos eléctricos, sino también por inteligencia artificial, centros de datos, robótica y almacenamiento energético.
Para Argentina, el avance del sodio funciona como una señal de mercado que conviene seguir de cerca. El país ya ocupa el cuarto lugar mundial como productor de carbonato de litio equivalente y, según datos recientes de CAEM, produjo 116.000 toneladas en 2025. Las proyecciones ubican al país con posibilidades de superar la producción de Chile en 2029 y la de China en 2031, siempre que los proyectos en marcha logren concretarse.
El movimiento de CATL confirma que la transición energética no dependerá de una sola tecnología. El litio conserva una posición fuerte, pero el sodio aparece como una pieza nueva en un tablero que empieza a diversificarse. La revolución de las baterías puede no tener un único ganador: el futuro probablemente combine materiales, costos, autonomía, seguridad y disponibilidad según cada uso.














