PSG quebró al Arsenal por penales para quedarse otra vez con Europa

Deporte30/05/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El equipo de Arteta defendió la ventaja mínima casi una hora, pero la efectividad parisina estiró la agonía hasta los doce pasos en Budapest.

PSG campeón de la Champions League. Foto @PSG_espanol
PSG campeón de la Champions League. Foto @PSG_espanol

Los disparos desviados por Eberechi Eze y Gabriel Magalhaes arruinaron definitivamente la ilusión de la parcialidad londinense en Hungría. La tanda decisiva expuso la fragilidad psicológica de un plantel británico que falló dos ejecuciones frente a la frialdad de los rematadores franceses. El festejo descontrolado de los futbolistas de la capital gala clausuró una noche extenuante en los doce pasos, dejando en evidencia que la efectividad pesa mucho más que la planificación táctica en las definiciones continentales.

Los directores técnicos quemaron sus naves durante la prórroga introduciendo piernas frescas para sostener un ritmo que ya carecía de claridad futbolística. El cansancio extremo de los 120 minutos en el Puskás Arena obligó al conjunto inglés a mandar a la cancha a Jurriën Timber, Viktor Gyökeres, Gabriel Martinelli, Noni Madueke, Eberechi Eze y Martín Zubimendi. La escuadra parisina contestó la rotación mandando al césped a Bradley Barcola, Gonçalo Ramos, Beraldo e Ilya Zabarnyi, forzando un desenlace cerrado donde la parálisis defensiva gobernó los instantes finales de la prórroga.


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La efectividad en los penales convalidó el recambio estratégico elaborado por los entrenadores en los minutos previos. Los ingresados Gonçalo Ramos y Beraldo mantuvieron la templanza para batir al arquero rival, acompañando los remates positivos de Désiré Doué y Achraf Hakimi para contrarrestar el único fallo de Nuno Mendes. Del lado de los derrotados, los aciertos desde el disco blanco de Viktor Gyökeres, Declan Rice y Gabriel Martinelli de nada sirvieron para torcer una historia que ya arrastraba un karma de frustraciones continentales.

El punto de inflexión del tiempo regular aconteció a los veinte minutos del complemento mediante una infracción imprudente en el área de castigo inglesa. El defensor colombiano Cristhian Mosquera derribó al extremo georgiano Khvicha Kvaratskhelia y obligó al colegiado alemán Daniel Siebert a sancionar la pena máxima de manera inmediata. El atacante Ousmane Dembélé asumió la responsabilidad de la ejecución con un disparo fuerte y cruzado que estampó el transitorio uno a uno, premiando la asfixiante presión que ejercían los franceses.


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El planteo conservador de Mikel Arteta condicionó el desarrollo estratégico del cotejo tras la prematurez del primer festejo. El cuerpo técnico del Arsenal optó de manera voluntaria por ceder la posesión del balón, replegando sus líneas con el claro propósito de defender la diferencia mínima cerca de su propio arco. Esta postura temeraria le entregó la iniciativa absoluta al monarca de la Ligue 1, formación que se instaló de forma permanente en campo contrario para acumular aproximaciones de riesgo.

La ventaja inicial de los británicos aconteció apenas a los cinco minutos del período de apertura gracias a una desatención en la última línea gala. El atacante alemán Kai Havertz capturó un rebote huérfano, rompió la línea de fuera de juego a pura velocidad y sometió al guardameta con un fierrazo inatajable. El artillero teutón revalidó así su vigencia en partidos cumbre, emulando la conquista que ya logró en la final de 2021 cuando defendía la camiseta del Chelsea frente al Manchester City.


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La paridad transitoria desarticuló por completo el control emocional que la escuadra londinense edificó durante la primera parte del choque. El PSG abandonó la desesperación del resultado adverso, mientras que sus contrincantes perdieron el orden defensivo y sufrieron el desgaste de perseguir la pelota. Ninguno de los dos planteles demostró la lucidez necesaria para quebrar la parálisis en los metros finales, sumergiendo a los espectadores en un desenlace gobernado por la pura resistencia física.

El éxito definitivo en el suelo de Budapest consagra los métodos conductuales de Luis Enrique al frente del vestuario francés. El estratega asturiano guió a su plantel hacia su segunda Champions League consecutiva, demostrando una notable capacidad para absorber los momentos de máxima zozobra deportiva. Sus dirigidos no necesitaron desplegar un fútbol vistoso o brillante, sino que apelaron al oficio internacional para sobrevivir al dominio adverso de la primera mitad.


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La caída desde los doce pasos profundiza la histórica herida continental de una institución inglesa que acumula frustraciones en los partidos definitivos de Europa. El conjunto de Londres masticará el dolor de una copa que acarició durante casi una hora de juego antes de quedar completamente vacío en la tanda de penales. La dolorosa derrota en la capital húngara deja planteado un duro proceso de reconstrucción anímica para un grupo de futbolistas que se quedó a las puertas de la gloria por sus propios fallos individuales.

Fuente: NA.

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