
Una marca en el polvo cambió un set decisivo encendiendo el debate en París
Deporte01/06/2026
REDACCIÓNLa tecnología volvió a convertirse en tema de conversación en Roland Garros. Un punto resuelto mediante la observación de una marca sobre el polvo de ladrillo terminó ocupando el centro de la escena durante el partido que enfrentó al brasileño Joao Fonseca con el noruego Casper Ruud por los octavos de final del Grand Slam parisino.



La situación ocurrió en uno de los momentos más sensibles del encuentro. El segundo set se encontraba en definición y Ruud disponía de una oportunidad para equilibrar el desarrollo del partido. Una pelota extremadamente ajustada ejecutada por Fonseca cayó cerca de la línea de fondo y generó reacciones inmediatas tanto dentro como fuera de la cancha.
El primer indicio de controversia surgió cuando desde las tribunas se escuchó un grito de "out" que fue interpretado por muchos espectadores como una señal de que la pelota había salido. Sin embargo, los jueces encargados de la línea no interrumpieron la acción y consideraron válida la trayectoria del golpe.
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Ante la incertidumbre generada por la cercanía del pique, la jueza de silla descendió para inspeccionar personalmente la marca dejada sobre la superficie. Tras observarla, confirmó la decisión original y validó el tiro del brasileño. Como consecuencia, también se consideró fuera de juego la devolución posterior de Ruud, otorgándole el punto a Fonseca.
La resolución adquirió una dimensión mayor debido a una particularidad reglamentaria. Roland Garros continúa siendo uno de los grandes torneos que no utiliza el sistema electrónico de revisión automática de líneas, por lo que las marcas sobre el polvo de ladrillo siguen teniendo valor determinante para resolver situaciones de este tipo.
La discusión se trasladó rápidamente a la transmisión televisiva internacional. Utilizando un sistema propio de reconstrucción visual basado en múltiples cámaras, la cobertura estadounidense mostró una interpretación distinta de la jugada y sostuvo que la pelota habría picado fuera de los límites reglamentarios de la cancha.
De acuerdo con esa reconstrucción, el punto debió haber favorecido a Ruud. De haberse tomado esa lectura como válida, el noruego habría cerrado el segundo parcial a su favor. La secuencia alimentó el debate acerca de la diferencia que puede existir entre la evaluación humana sobre la superficie y las herramientas tecnológicas utilizadas en otros torneos del circuito.
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Un dato que llamó la atención fue la reacción del propio protagonista. Casper Ruud no protagonizó protestas significativas ni mantuvo una discusión prolongada con las autoridades del encuentro. El juego continuó y el marcador quedó igualado en 8-8 dentro del tie-break.
Ese desenlace terminó resultando determinante para el desarrollo posterior del partido. Fonseca aprovechó el impulso anímico de la situación, se quedó con el desempate y luego cerró el encuentro por 7-5, 7-6 (8), 5-7 y 6-2 para alcanzar los cuartos de final del torneo por primera vez.
La victoria mantuvo intacto el sueño del joven brasileño de 19 años, que ahora enfrentará al checo Jakub Mensik por un lugar entre los cuatro mejores del certamen. Sin embargo, más allá de la clasificación, la imagen que quedó instalada en París fue la de una marca sobre el polvo de ladrillo que volvió a poner bajo discusión uno de los aspectos más particulares de Roland Garros: la convivencia entre tradición y tecnología en la resolución de jugadas decisivas.














