
El Pentágono acusa a Israel de espiar a los enviados de Trump mediante micrófonos ocultos
Actualidad07/06/2026
REDACCIÓNInformes de inteligencia califican como "desmesurada" la ofensiva de contrainteligencia de Tel Aviv sobre los planes de la Casa Blanca para pactar con Irán.

Los altos funcionarios del gobierno de los Estados Unidos facilitan el espionaje de sus propios aliados debido a conductas de grave negligencia tecnológica en sus misiones oficiales. El uso sistemático de teléfonos personales desprotegidos y el traslado en aviones privados sin protocolos de interferencia electrónica expone la estrategia de la Casa Blanca en Medio Oriente. Esta preocupante desatención de la seguridad nacional facilitó que los servicios secretos extranjeros intercepten deliberadamente las deliberaciones diplomáticas más reservadas del país.
El principal negociador de la administración norteamericana para los asuntos de Irán, Steve Witkoff, encabeza la lista de las autoridades gubernamentales civiles que sufrieron intervenciones en sus comunicaciones directas. Las agencias de inteligencia de Tel Aviv concentraron sus recursos tecnológicos en auditar los movimientos de este enviado y de sus colaboradores más estrechos en el departamento de defensa. El espionaje alcanzó de forma directa al alto funcionario de política del Pentágono, Elbridge A. Colby, y a su principal asesor adjunto para la región, Michael P. DiMino IV.
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Un lapidario dossier militar confeccionado en forma conjunta por la Agencia de Inteligencia de Defensa y otras dependencias de contrainteligencia resolvió modificar el estatus de la relación con su socio histórico. Las autoridades de Washington elevaron la calificación de la amenaza de espionaje proveniente de Israel, promoviéndola formalmente de la categoría de alta a una condición “crítica”. El documento técnico confidencial acusa a las agencias aliadas de desplegar un esquema agresivo de recolección de datos que un alto funcionario norteamericano tildó directamente como “desmesurada” frente a las prerrogativas de la alianza internacional.
El historial de intromisiones materiales en las oficinas estatales de Washington registra antecedentes graves que dinamitan la confianza mutua entre los mandos militares. Los agentes del Shin Bet intentaron colocar un dispositivo de escucha encubierto en un vehículo oficial perteneciente al Servicio Secreto de los Estados Unidos durante el transcurso del año pasado. Esta maniobra ilegal reitera los incidentes detectados en 2021, oportunidad en la que oficiales de inteligencia militar de ese país resultaron sorprendidos mientras instalaban micrófonos ocultos en la mismísima sede central de la Agencia de Inteligencia de Defensa.
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El quiebre de la confianza mutua se profundiza por la divergencia extrema que exhiben los planes geopolíticos del presidente Donald Trump y el primer ministro Benjamin Netanyahu. La Casa Blanca pretende desgastar las capacidades de defensa del régimen de Teherán para forzarlo a suscribir un acuerdo de paz duradero y estabilizar la economía regional. Por el contrario, la conducción política de Israel busca desmantelar de fondo las estructuras estatales iraníes, golpear de forma permanente las bases operativas de Hezbollah y sostener la supremacía militar por la fuerza.
Las autoridades de Tel Aviv dirigen sus micrófonos hacia los delegados estadounidenses para descifrar el verdadero margen de negociación que maneja la diplomacia norteamericana frente al gobierno de Irán. Los informes internos advierten que las agencias aliadas incrementaron sus operaciones clandestinas para adelantarse a cualquier modificación de la estrategia exterior de la Casa Blanca. El valor político de conocer las posiciones cambiantes de la presidencia de los Estados Unidos empuja a los servicios secretos a cruzar límites operativos que durante décadas resultaron tolerados por el Pentágono.
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La anomalía de esta crisis de seguridad radica en que el espionaje masivo convive con niveles de cooperación militar táctica totalmente inéditos en la historia de la región. El personal del ejército estadounidense comparte diariamente datos operativos de enorme valor estratégico y coordinan misiones conjuntas para contrarrestar la influencia de las milicias proiraníes. Los oficiales de ambos países trabajan codo a codo dentro de las oficinas del Comando Central de los Estados Unidos, obligando a las dotaciones de campo a cumplir tareas operativas comunes mientras las alertas de infiltración interna permanecen activas.
Los contingentes de funcionarios civiles y militares norteamericanos que prestan servicios en territorio de Medio Oriente comenzaron a implementar rigurosos esquemas de blindaje electrónico de carácter individual. Las directivas imponen la revisión constante de los smartphones de uso institucional y restringen drásticamente el intercambio de archivos digitales sensibles fuera de los perímetros fortificados. Las jefaturas de la fuerza admitieron la vigencia de estos resguardos especiales de contrainteligencia, aunque clausuraron la difusión de los detalles técnicos para evitar dar ventajas a los servicios que operan en la periferia.
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Los ingresos recaudados en información por las agencias del golfo complican de forma inmediata la viabilidad de la integración militar de las fuerzas aliadas a mediano plazo. Las oficinas técnicas del departamento de defensa analizan aplicar restricciones severas en el flujo de datos tácticos para evitar filtraciones masivas que comprometan las operaciones en curso. El destino de la alianza en Medio Oriente ingresa en un terreno de absoluta incertidumbre logística, entrampada en la necesidad de coordinar batallas regionales con un socio al que la inteligencia interna ya califica de peligro crítico.
Fuente: LA NACION.
















