Una ballena franca apareció con “huéspedes” y sorprendió a los científicos

Actualidad11/06/2026Sergio BustosSergio Bustos

Una observación realizada en el golfo San Matías dejó a los especialistas frente a un escenario que no tenía antecedentes conocidos. Sobre una ballena franca austral aparecieron organismos que, según los registros científicos disponibles hasta ahora, pertenecen a otra especie de cetáceo. La combinación resultó tan inusual que despertó el interés inmediato de investigadores dedicados al estudio de la fauna marina.

fotografian ballenas
Epibiontes en ballenas Francas.

Las pequeñas estructuras rojizas detectadas sobre las callosidades del animal no pasaron inadvertidas durante el análisis de las imágenes. Los científicos identificaron que se trataba de epibiontes, organismos que viven adheridos a la superficie de otros seres vivos. Lo extraordinario fue que esos organismos no corresponden a los asociados habitualmente con las ballenas francas australes.

Según explicaron los investigadores, “Cada ballena tiene su conjunto de epibiontes, son específicos de cada especie. En las ballenas francas esperás encontrar tres especies de ciámidos, que son las características de esa especie”. Esa particularidad convierte al hallazgo en un caso excepcional, ya que los organismos observados suelen encontrarse en ballenas jorobadas y no en ejemplares de franca austral.


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La presencia de estos epibiontes en un huésped distinto rompe una relación considerada muy estable dentro del mundo de los cetáceos. Los especialistas remarcan que cada especie mantiene asociaciones biológicas características, lo que permite incluso utilizar estos organismos como indicadores para estudiar comportamientos y desplazamientos de los animales.

El caso fue registrado frente a las costas de Las Grutas, donde una ballena franca austral nadaba en aguas del golfo San Matías. Allí quedaron documentadas las imágenes que luego permitieron detectar un fenómeno nunca reportado en ninguna otra región del planeta.

La principal hipótesis apunta a que existió algún tipo de contacto prolongado entre una ballena franca y una ballena jorobada. Los investigadores consideran que la transferencia de estos organismos requiere tiempo suficiente para que puedan pasar de un animal a otro, una situación que abre interrogantes sobre la frecuencia y características de esas interacciones.


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El hallazgo también aporta nuevas herramientas para comprender cómo se relacionan distintas especies marinas. Los epibiontes funcionan como verdaderos rastros biológicos capaces de revelar encuentros, desplazamientos y comportamientos que de otro modo resultarían muy difíciles de detectar en mar abierto.

Las imágenes que permitieron identificar el fenómeno fueron obtenidas mediante un dron utilizado para observación de fauna marina. Esta tecnología ganó protagonismo en los últimos años porque permite registrar animales desde el aire sin alterar su comportamiento natural, generando información de gran valor para la investigación científica.

Más allá de la rareza del episodio, los especialistas destacan que el caso demuestra cuánto queda por conocer sobre las especies que habitan el Atlántico Sur. Incluso en animales ampliamente estudiados como la ballena franca austral siguen apareciendo señales capaces de modificar preguntas y abrir nuevas líneas de trabajo para la biología marina.

El episodio también confirma el valor científico que conserva la costa patagónica. Un detalle apenas visible sobre el cuerpo de un cetáceo terminó revelando una combinación que, hasta ahora, nadie había observado en ninguna parte del mundo.

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