
El cerdo ya entra varias veces por semana a los hogares y apunta a ganarle espacio a la carne vacuna
Actualidad13/06/2026
REDACCIÓNEl consumo creció más de tres veces en dos décadas. El sector busca que más familias incorporen cortes porcinos en comidas cotidianas.

Las milanesas, hamburguesas y pulpas aparecen en el centro de una estrategia que busca modificar hábitos profundamente instalados en la alimentación argentina. El objetivo no pasa solamente por vender más carne de cerdo, sino por lograr que los consumidores la incorporen en preparaciones que históricamente estuvieron asociadas a la carne vacuna.
Ese cambio cultural ya muestra resultados concretos. De acuerdo con datos aportados por el vicepresidente de la Cámara de Productores Porcinos de Córdoba, José Arrieta, el consumo por habitante pasó de entre 6 y 7 kilos anuales a unos 20 o 21 kilos en las últimas dos décadas. La evolución transformó a una proteína que durante años tuvo una presencia limitada en la mesa familiar.


La expansión del consumo estuvo acompañada por cambios en la producción. La industria incorporó avances en genética, nutrición y sistemas de crianza que modificaron las características del producto final. Para Arrieta, esa transformación permitió ofrecer una carne distinta a la que muchos consumidores aún tienen en mente.
El dirigente sostuvo que “hoy tenemos un producto de alto valor biológico, con poca grasa, mucha proteína y a un precio muy accesible”. Esa definición apunta directamente a algunos de los cuestionamientos más frecuentes que todavía persisten alrededor del consumo porcino.
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La percepción sobre la carne de cerdo también evolucionó dentro de las carnicerías y supermercados. Durante años gran parte de la producción tuvo como destino la elaboración de fiambres y chacinados. Actualmente el sector observa una realidad diferente y busca profundizarla. En palabras de Arrieta, “dejamos de utilizar la carne de cerdo solamente para fabricar algún fiambre y realmente hoy tenemos dos o tres veces por semana carne de cerdo en la mesa de los argentinos”.
El desafío ahora se concentra en el conocimiento de los cortes. Mientras la carne vacuna cuenta con una larga tradición de consumo que facilita identificar opciones y preparaciones, los productores consideran que todavía existe margen para ampliar el repertorio de productos porcinos que llegan al consumidor final.
Esa estrategia se vincula además con una cuestión económica. Los productores sostienen que muchos cortes porcinos pueden cumplir funciones similares a las de la carne vacuna en distintas comidas cotidianas. La intención es ampliar la oferta disponible para quienes buscan alternativas de menor costo sin resignar calidad nutricional.
La industria también trabaja con objetivos de largo plazo. El sector proyecta alcanzar entre 27 y 28 kilos de consumo por habitante por año hacia 2032 o 2033, una meta que implicaría consolidar el crecimiento observado durante las últimas dos décadas. Para lograrlo, consideran indispensable reforzar la difusión de información sobre el producto.
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El panorama actual del negocio aparece acompañado por condiciones que los productores describen como favorables. Arrieta afirmó que “el negocio está bueno, está estable, con un costo de alimentación relativamente moderado y un precio de venta que hace varios meses nos está dejando una rentabilidad”. Esa situación permite pensar en nuevas inversiones dentro de la actividad.
La alimentación de los animales constituye uno de los factores que explican la evolución del sector. El maíz y la harina de soja siguen siendo los principales insumos, pero los avances en investigación nutricional modificaron los resultados productivos. Según explicó Arrieta, la rentabilidad ya no está asociada a animales con más grasa, sino a una mayor proporción de músculo.
Junto con el crecimiento interno, los productores mantienen la atención sobre el mercado externo. La cercanía con Brasil, uno de los principales actores mundiales del sector porcino, aparece como una preocupación recurrente. Actualmente las importaciones se concentran en algunos productos específicos, entre ellos bondiolas y lomitos congelados.
En paralelo, el sector intenta derribar ideas que considera desactualizadas. Arrieta señaló que “hay varios mitos todavía: que el cerdo tiene mucha grasa, que cae pesado o dudas sobre cómo se cría. La realidad es que la producción cambió muchísimo en estos últimos 20 años”. Sobre esa transformación productiva y cultural descansan las expectativas de una industria que busca que la carne porcina deje de ser una excepción y se convierta en una elección habitual.














