
Un puñado de estancias concentra casi todas las ovejas y expone una grieta histórica en Chubut
Chubut16/06/2026
Sergio BustosLa postal clásica de la ganadería ovina en Chubut suele mostrar una actividad extendida sobre miles de kilómetros de estepa. Sin embargo, detrás de esa imagen aparece una realidad mucho más desigual: la mayor parte de la producción provincial depende de un número reducido de establecimientos, mientras la mayoría de los productores opera con escasa capacidad para crecer.

Los datos del Registro Nacional Sanitario de Productores Agropecuarios (RENSPAS), administrado por SENASA, permiten observar con precisión esa estructura. En toda la provincia se registran 2.979.864 ovinos distribuidos en 3.637 establecimientos. Pero la distribución de esos animales está lejos de ser equilibrada.
El dato que sobresale es que apenas 692 establecimientos concentran el 80% del stock ovino provincial. En términos porcentuales, representan el 19,1% de los productores registrados. El 81% restante comparte solamente el 20% de las ovejas existentes en Chubut.


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La consecuencia de esa concentración va más allá de una cuestión estadística. La producción de lana y carne ovina destinada a los mercados depende principalmente de unas pocas centenas de grandes explotaciones. Cualquier problema que afecte a ese segmento, desde una sequía severa hasta una caída de precios internacionales, puede impactar de manera directa sobre toda la actividad provincial.
Pero el análisis también detecta otro fenómeno que preocupa. Entre los productores más pequeños y los medianos aparece una especie de vacío productivo que dificulta el crecimiento. Los establecimientos con entre 51 y 250 animales prácticamente no existen dentro del mapa ovino chubutense: apenas seis casos integran ese segmento.
Ese dato revela una dificultad estructural para escalar dentro de la actividad. El salto entre una pequeña explotación y una unidad económicamente viable requiere inversiones en tierra, infraestructura, financiamiento y tecnología que muchos productores no logran alcanzar. En la práctica, el crecimiento aparece más como una barrera que como un proceso gradual.
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El grupo más numeroso está integrado por establecimientos con entre 251 y 500 ovinos. Allí se concentra el 41% de los productores registrados. Se trata de explotaciones que logran insertarse en el circuito comercial formal, pero que todavía enfrentan dificultades para negociar precios, acceder a crédito o soportar eventos climáticos adversos.
La desigualdad también se refleja en el territorio. Río Senguerr aparece como el departamento con mayor concentración de stock, al reunir el 17,2% de todos los ovinos de la provincia. Allí predominan las grandes estancias, con un promedio superior a los 2.100 animales por establecimiento.
En el otro extremo se ubica Cushamen. Aunque concentra el 26% de los establecimientos registrados de Chubut, el promedio apenas alcanza los 249 animales por productor. La presencia de pequeños productores y comunidades mapuche-tehuelche configura una realidad productiva muy distinta a la de los grandes establecimientos del centro y sur provincial.
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Los números también muestran diferencias importantes en la eficiencia productiva. Mientras los establecimientos de mayor escala logran tasas reproductivas cercanas al 35%, los productores más pequeños apenas superan el 12%. La brecha se explica por factores como el acceso a servicios veterinarios, infraestructura, personal capacitado y mejores condiciones de manejo.
La tasa de señalada provincial alcanza el 26,5%, muy por debajo de los registros observados en países líderes de la actividad como Australia o Nueva Zelanda, donde supera el 80%. Esa diferencia refleja no solo las dificultades climáticas de la Patagonia, sino también problemas históricos vinculados a la inversión, la asistencia técnica y el acceso a herramientas de modernización productiva.
Detrás de las cifras aparece un desafío que excede la cantidad de ovejas existentes. El futuro de la actividad no dependerá únicamente de aumentar el stock provincial, sino también de generar condiciones para que más productores puedan sostenerse económicamente, mejorar su productividad y permanecer dentro de una de las actividades que históricamente moldearon la identidad productiva de Chubut.















