
Madryn enseña seguridad vial desde el juego en los Centros de Primera Infancia
Chubut19/06/2026
REDACCIÓNNiñas y niños de los CPI trabajaron señales, semáforos y circulación con juegos, arte y experiencias compartidas junto a equipos y familias.

Una señal, un semáforo de colores o un circuito armado en la sala pueden convertirse en la primera forma de aprender cómo moverse con cuidado en la calle. En los Centros de Primera Infancia de Puerto Madryn, la Semana de la Educación Vial se trabajó desde el juego, el arte y las experiencias compartidas. La propuesta buscó que niñas y niños incorporen hábitos responsables sin perder el lenguaje propio de la infancia.
Las actividades se organizaron en espacios dependientes de la Subsecretaría de Niñez, Adolescencia y Familia, dentro de la Secretaría de Desarrollo Comunitario municipal. Los equipos educativos prepararon propuestas pensadas para edades tempranas, con consignas simples y situaciones cercanas a la vida cotidiana. La idea central fue acercar normas básicas de tránsito desde prácticas concretas, no desde explicaciones abstractas.


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Los chicos participaron en juegos corporales, producciones artísticas y circuitos recreativos vinculados con la circulación vial. También trabajaron el reconocimiento de señales, los colores del semáforo y los cuidados necesarios al desplazarse por la vía pública. En ese recorrido, las infancias se transformaron en “pequeños conductores”, una dinámica que permitió ensayar comportamientos seguros desde una escena lúdica.
La propuesta incluyó un recurso especialmente cercano para los chicos: talleres de cocina con “semáforos de chocolate”. Ese tipo de actividad permitió unir colores, normas y juego en una misma experiencia. El aprendizaje vial apareció entonces asociado a sabores, movimiento y producción compartida, con una metodología más efectiva para edades en las que el cuerpo y la exploración tienen un lugar central.
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Los escenarios armados dentro de los CPI permitieron recrear situaciones de tránsito en escala infantil. Allí, las señales dejaron de ser objetos lejanos o exclusivos de los adultos y pasaron a formar parte de un juego guiado. Cada consigna permitió trabajar hábitos como mirar, esperar, circular con cuidado y reconocer indicaciones básicas, siempre desde una experiencia adecuada para niñas y niños pequeños.
La Semana de la Educación Vial también reforzó el rol de los centros como espacios de prevención temprana. Aprender a identificar un semáforo o una señal no resuelve por sí solo los riesgos de la calle, pero construye una base de cuidado que puede acompañar a los chicos en su crecimiento. Esa formación inicial ayuda a que las infancias comprendan que la vía pública tiene reglas, responsabilidades y formas de convivencia.
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El acompañamiento de las familias ocupó un lugar importante durante las propuestas. La educación vial en edades tempranas necesita continuidad fuera del centro, porque muchos hábitos se refuerzan en caminatas, viajes familiares o recorridos diarios por la ciudad. En ese sentido, el trabajo de los CPI funciona como un puente entre el aprendizaje institucional y las prácticas cotidianas de cada hogar.
Los equipos educativos sostuvieron una planificación que combinó creatividad, contención y objetivos pedagógicos. La seguridad vial se presentó como un contenido posible de abordar con canciones, dibujos, movimiento y juegos de roles. Esa mirada permite que los chicos aprendan sin forzar el formato escolar tradicional, respetando el modo en que la primera infancia observa, imita y participa.
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La agenda continuará la semana próxima con dinámicas inspiradas en el clima futbolero y en el entusiasmo que despierta el Mundial. Ese recurso busca aprovechar un lenguaje cercano a las infancias para que el aprendizaje resulte más natural. La pelota, los colores y la participación grupal pueden convertirse en nuevas puertas de entrada para trabajar circulación, respeto de turnos y cuidados compartidos.
La experiencia también deja una lectura sobre el valor de enseñar ciudadanía desde los primeros años. La educación vial no se limita a conductores ni a normas para adultos, porque niñas y niños también participan de la ciudad como peatones, pasajeros y acompañantes. En los Centros de Primera Infancia, ese aprendizaje se construyó desde actividades que priorizaron juego, vínculos y comprensión progresiva.
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El cierre de la semana deja una consecuencia concreta para la comunidad educativa de los CPI: sostener estos contenidos más allá de una fecha puntual. La continuidad dependerá del trabajo de los equipos, del acompañamiento familiar y de nuevas propuestas que mantengan vivo el aprendizaje. En Puerto Madryn, la seguridad vial empezó por una escala pequeña, pero con una idea de fondo muy clara: cuidar también se aprende jugando.

















