
Científicos argentinos prueban una vía doble contra uno de los tipos de cáncer más mortales
Actualidad20/06/2026
REDACCIÓNUn estudio internacional identificó a PARP2 como blanco para debilitar tumores pancreáticos y activar una respuesta inmune contra células malignas.

El cáncer de páncreas conserva uno de los márgenes terapéuticos más difíciles de la oncología y por eso cada nueva línea científica exige una lectura precisa. Un equipo internacional con participación argentina identificó a PARP2 como una proteína capaz de sostener la supervivencia de tumores pancreáticos. La investigación todavía se ubica en una etapa preclínica, con resultados centrales obtenidos en ratones y datos moleculares de pacientes usados como respaldo. El hallazgo no implica un tratamiento disponible, pero sí marca una ruta de investigación con doble efecto. La propuesta apunta a debilitar el tumor desde sus mecanismos internos y, al mismo tiempo, favorecer la acción del sistema inmune.
El trabajo fue liderado por el Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas, en Barcelona, junto con el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona y otras instituciones europeas. También participaron investigadores argentinos vinculados al Conicet y a la Universidad de Buenos Aires, dentro de una colaboración internacional publicada en Science Advances. La proteína PARP2 aparece en el estudio como parte de los sistemas que permiten reparar daños en el ADN de las células tumorales. Esa función puede resultar decisiva para un cáncer que crece rápido y acumula errores genéticos. Al bloquear esa ayuda interna, los científicos observaron que el tumor pierde capacidad de sostener su avance en los modelos analizados.


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El valor del hallazgo se entiende mejor por las características del cáncer de páncreas. Este tumor suele detectarse tarde, responde poco a varias terapias y presenta una baja presencia de células inmunes en su interior. Por esa razón se lo describe como un “tumor frío”, una categoría que explica por qué algunas inmunoterapias no consiguen allí el mismo rendimiento que en otros cánceres. El sistema inmune encuentra pocas señales para reconocer y atacar las células malignas. La investigación intenta modificar ese entorno al volver al tumor más vulnerable y más visible para las defensas del organismo.
Los autores resumieron la estrategia con una frase que ordena el sentido del estudio: “El objetivo es atacar el cáncer por dos vías: desde dentro, facilitando la muerte celular, y desde fuera, promoviendo la acción del sistema inmune”. Esa definición permite distinguir la propuesta de un abordaje centrado solo en destruir células tumorales. Desde adentro, el bloqueo de PARP2 reduce la capacidad de reparación del ADN y empuja a las células malignas hacia un deterioro progresivo. Desde afuera, esa interferencia parece favorecer la llegada y activación de células inmunes en el tumor. El interés científico surge justamente de esa combinación, porque une daño interno y respuesta defensiva.
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La investigación se apoya en el concepto de estrés replicativo, una condición frecuente en células que se multiplican de manera acelerada. Cada división exige copiar ADN, y ese proceso aumenta la posibilidad de errores en células tumorales. Proteínas de reparación como PARP2 ayudan a corregir parte de esos daños y sostienen la viabilidad del tumor. Cuando esa asistencia se bloquea, las células quedan más expuestas a su propia inestabilidad genética. En los modelos evaluados, esa pérdida de protección favoreció la muerte celular y alteró el ambiente que rodea al tumor.
El estudio también observó señales vinculadas con una mayor respuesta inmune. En el material difundido por los investigadores se menciona la activación del sensor cGAS, asociado al reconocimiento de daño genético y a mecanismos defensivos del organismo. Esa activación puede ayudar a explicar por qué el bloqueo de PARP2 no solo afecta a la célula tumoral, sino también al entorno donde esa célula intenta sobrevivir. Los detalles de ese proceso todavía necesitan más investigación. Sin embargo, el dato resulta relevante porque el gran obstáculo de los tumores fríos es precisamente su baja capacidad para activar una reacción inmune eficaz.
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El alcance del trabajo podría extenderse más allá del cáncer pancreático, aunque esa posibilidad todavía requiere pruebas específicas. Los autores plantean que una estrategia basada en inhibir PARP2 podría evaluarse en otros tumores fríos donde la escasa infiltración inmune limita los tratamientos. La diferencia con los inhibidores PARP disponibles es importante, porque los fármacos actuales actúan sobre una familia más amplia de proteínas y no sobre PARP2 de manera selectiva. Esa falta de especificidad puede reducir eficacia y aumentar efectos adversos. Por eso, uno de los próximos pasos científicos será diseñar moléculas más dirigidas contra esta proteína.
Hoy, los tratamientos relacionados con PARP alcanzan solo a una porción reducida de pacientes con cáncer de páncreas, estimada entre el 5 % y el 10 %, según la presencia de determinadas mutaciones genéticas. El nuevo enfoque podría ampliar el universo potencial si confirma beneficios en más perfiles tumorales. Esa expectativa se sostiene en una debilidad común de muchas células malignas: su dependencia de mecanismos de reparación para sobrevivir al daño genético acumulado. El punto todavía no está resuelto en humanos. La investigación necesita avanzar hacia inhibidores específicos, pruebas de seguridad y ensayos clínicos antes de pensar en uso médico.
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La combinación con inmunoterapia aparece como otra línea posible. Si el bloqueo de PARP2 vuelve más visible al tumor para el sistema inmune, podría potenciar terapias que hoy encuentran barreras en el cáncer de páncreas. Ese tipo de combinación necesitará estudios propios, con dosis, tiempos y criterios de selección bien definidos. En oncología, una señal positiva en ratones no alcanza para cambiar la práctica clínica. El aporte del trabajo está en mostrar una vía biológica concreta para intervenir sobre dos problemas a la vez: la resistencia interna del tumor y su baja exposición frente a las defensas.
La participación argentina suma presencia local en una investigación biomédica de alta complejidad. El vínculo de científicos del Conicet y de la Universidad de Buenos Aires con equipos europeos muestra cómo la producción científica puede insertarse en preguntas globales sobre enfermedades agresivas. Para los pacientes, la traducción clínica todavía queda lejos y requiere prudencia informativa. Para la comunidad científica, el resultado ofrece un blanco molecular que merece nuevas pruebas. El límite operativo queda claro: PARP2 aparece como una puerta prometedora en modelos experimentales, pero todavía debe demostrar seguridad y eficacia antes de convertirse en tratamiento para personas.
Fuente: LA NACION.















