
La Escuela 7705 recibe charlas de buen trato con juegos, conversatorios y actividades para trabajar accesibilidad, respeto e inclusión.

La discapacidad empezó a trabajarse en la Escuela Secundaria N° 7705 de Rawson desde un lugar poco habitual para una charla escolar: el juego, la pregunta y la conversación directa con los estudiantes. La propuesta “Hackeando conceptos” llegó curso por curso, con actividades pensadas para abarcar a toda la matrícula hasta sexto año. El objetivo no pasa por repetir definiciones, sino por revisar prejuicios, barreras cotidianas y formas de trato que aparecen dentro y fuera del aula. En ese recorrido, la escuela se convierte en un espacio para mirar la inclusión como una práctica concreta.
La actividad forma parte del programa de Buen Trato, impulsado por la Dirección General de Atención Integral a la Persona con Discapacidad de la Municipalidad de Rawson. El trabajo se realiza junto a establecimientos educativos y áreas municipales, con una metodología participativa y lúdica. Las jornadas incluyen juegos, dinámicas grupales y espacios de intercambio donde los adolescentes pueden decir qué conocen, qué dudas tienen y qué ideas necesitan revisar. Esa modalidad permite que la discapacidad no aparezca como un tema distante, sino como una realidad que atraviesa vínculos, edificios, lenguaje y convivencia.


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El concepto “Hackeando conceptos” resume la intención de romper miradas instaladas. La propuesta busca derribar mitos, abordar la accesibilidad, explicar distintos tipos de discapacidad y reconocer barreras que muchas veces se naturalizan. En el aula, esas barreras pueden aparecer en una palabra, una actitud, una escalera, una falta de información o una práctica cotidiana que excluye sin ser advertida. Por eso, el programa no se apoya solo en contenidos teóricos. La conversación con estudiantes permite poner ejemplos cercanos y detectar cómo se construye o se bloquea la participación de una persona.
La directora de Atención Integral a la Persona con Discapacidad, Rocío Duarte Malla, valoró la recepción de la propuesta en la institución. Según destacó, los estudiantes se muestran receptivos, colaborativos y respetuosos frente a la temática. Esa participación resulta central porque el buen trato no puede enseñarse como una orden externa ni como una consigna vacía. Necesita escucharse en las preguntas, discutirse en grupo y traducirse en conductas concretas. La experiencia en la Escuela 7705 apunta justamente a que los jóvenes puedan reconocer su propio rol en la construcción de espacios más accesibles.
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Duarte Malla explicó que las actividades se organizan como espacios de intercambio. “Trabajamos en formato de conversatorio, lo que nos permite construir en conjunto el significado de la discapacidad y reflexionar sobre el paradigma en el que hoy nos encontramos”, expresó. La frase marca una diferencia importante frente a enfoques más antiguos, centrados solo en la condición individual de la persona. El paradigma actual mira también las barreras sociales, institucionales y comunicacionales que dificultan la participación. Esa mirada permite entender que la inclusión no depende únicamente de la persona con discapacidad, sino del entorno que la recibe.
La propuesta también tiene un valor pedagógico para la escuela secundaria. En esa etapa, los estudiantes atraviesan debates sobre identidad, vínculos, futuro laboral, ciudadanía y convivencia. Incorporar discapacidad, accesibilidad y respeto dentro de ese proceso puede modificar prácticas que después se trasladan a otros espacios. Un adolescente que entiende qué es una barrera cotidiana puede mirar distinto una vereda, un aula, una actividad deportiva o un trámite público. La escuela, entonces, no solo informa: también forma criterios para que los jóvenes actúen como parte de una comunidad más inclusiva.
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El programa se adapta a cada institución según su matrícula, orientación y disponibilidad. Esa coordinación permite organizar una agenda de trabajo realista y evitar intervenciones aisladas que no dialoguen con la dinámica escolar. Las charlas pueden solicitarse por correo electrónico a [email protected] o de manera presencial en las oficinas ubicadas en Chacho Peñaloza 65 y Catamarca 230, en el barrio Gregorio Mayo. El dato resulta importante porque deja abierta la posibilidad de que otras escuelas se sumen. La inclusión, en este caso, no queda cerrada a una sola institución.
El recorrido de estas charlas muestra una línea de trabajo que busca instalar el tema en la comunidad educativa local. La metodología lúdica no reduce la seriedad del contenido, sino que habilita una entrada más cercana para estudiantes de distintos cursos. Hablar de tipos de discapacidad, accesibilidad y barreras cotidianas con juegos y dinámicas grupales ayuda a bajar defensas, ordenar dudas y construir nuevas formas de trato. En una escuela, esos cambios pueden verse en gestos simples: cómo se acompaña a un compañero, cómo se comunica una actividad o cómo se piensa un espacio común.
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La continuidad del programa será decisiva para que la experiencia no quede en una charla puntual. La Escuela 7705 ya forma parte de una agenda que busca ampliar espacios de formación y participación sobre discapacidad en Rawson. El límite pendiente está en sostener esa conversación durante todo el año, con escuelas que pidan la actividad, equipos que acompañen y estudiantes que lleven lo aprendido a la convivencia diaria. Hackear conceptos, en definitiva, implica revisar ideas heredadas y reemplazarlas por prácticas concretas de buen trato, respeto y accesibilidad.

















