
La minería disparara el consumo eléctrico poniendo a prueba la infraestructura energética argentina
Política21/06/2026
Sergio BustosLa oportunidad económica más grande que tiene hoy Argentina podría convertirse también en uno de sus mayores desafíos. Mientras avanzan los proyectos de litio y cobre que prometen multiplicar exportaciones e inversiones, crece una pregunta que empieza a inquietar a especialistas y organismos internacionales: ¿tendrá el país la energía necesaria para sostener ese crecimiento?

La advertencia surge de un informe de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE), que proyecta que el consumo eléctrico de la minería en América Latina crecerá un 62% durante la próxima década. El sector pasará de demandar 124.524 GWh en 2024 a más de 201.500 GWh en 2034, una expansión que obligará a realizar fuertes inversiones en generación y transporte de energía.
Para Argentina, el escenario adquiere una dimensión especial. El país concentra algunos de los proyectos mineros más importantes del mundo vinculados a minerales críticos para la transición energética, especialmente litio y cobre, dos recursos considerados estratégicos para la fabricación de baterías, vehículos eléctricos, paneles solares y redes eléctricas.


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Sin embargo, la posibilidad de transformar ese potencial en exportaciones millonarias dependerá de una condición básica: disponer de energía suficiente en regiones donde actualmente existen limitaciones de infraestructura. El desafío no pasa solamente por extraer minerales, sino por garantizar el abastecimiento eléctrico que requieren operaciones cada vez más intensivas en consumo energético.
Los grandes proyectos cupríferos proyectados para San Juan y Salta representan uno de los principales focos de preocupación. La minería del cobre demanda enormes cantidades de electricidad para procesos de trituración, molienda, bombeo y tratamiento de minerales. A medida que disminuye la concentración de metal en los yacimientos, aumenta la necesidad de procesar mayores volúmenes de roca, incrementando aún más el consumo energético.
A eso se suman las exigencias derivadas de la disponibilidad de agua. Muchos emprendimientos deberán incorporar sistemas de bombeo de larga distancia y, eventualmente, infraestructura de desalinización, procesos que requieren cantidades significativas de energía para funcionar de manera continua.
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El panorama no es muy diferente para el litio. Las plantas que operan en Jujuy, Salta y Catamarca necesitan suministro eléctrico permanente para los procesos industriales vinculados a la producción de carbonato y cloruro de litio. Con seis proyectos ya en producción y más de cuarenta iniciativas en distintas etapas de desarrollo, la demanda energética del sector podría crecer a un ritmo sin antecedentes en el norte argentino.
Las cifras económicas explican por qué el tema ocupa cada vez más espacio en la agenda pública. Argentina dispone de recursos de litio estimados en 197,9 millones de toneladas y reservas por 18,6 millones. En cobre, los recursos alcanzan 116 millones de toneladas y las reservas superan los 17 millones. La expectativa oficial es que las exportaciones mineras pasen de los actuales niveles a más de 18.600 millones de dólares anuales hacia el final de la década.
La principal ventaja competitiva del país aparece precisamente en el campo energético. La Patagonia posee uno de los mejores recursos eólicos del planeta, mientras que el norte argentino cuenta con niveles de radiación solar que figuran entre los más altos de América del Sur. Esa combinación abre la posibilidad de abastecer buena parte del crecimiento minero mediante fuentes renovables.
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No obstante, la disponibilidad del recurso natural no resuelve por sí sola el problema. La construcción de líneas de transmisión, estaciones transformadoras y sistemas de distribución aparece como una condición indispensable para conectar la nueva oferta energética con los futuros centros de consumo minero.
El informe también advierte sobre otros desafíos estructurales que acompañarán la expansión del sector. La disponibilidad de agua, los impactos ambientales, la necesidad de infraestructura logística y las demandas de las comunidades locales forman parte de una ecuación cada vez más compleja para gobiernos e inversores.
“La transición energética requiere seguridad en la provisión de los minerales críticos, y es aquí donde ALC deja de ser un espectador para convertirse en protagonista”, sostuvo el secretario ejecutivo de OLACDE, Andrés Rebolledo.
La oportunidad económica está a la vista. Pero mientras las inversiones mineras avanzan y los proyectos ganan escala, el verdadero interrogante empieza a trasladarse desde los yacimientos hacia las redes eléctricas. El desafío ya no es sólo producir más litio y cobre, sino generar y transportar la energía necesaria para hacerlo.















