
El arquero contó el costo físico y mental de sostener su lugar en la Selección, con entrenamientos limitados y una recuperación contra el reloj.

La férula todavía separa a Emiliano Martínez de una atajada completamente natural en este Mundial. El arquero de la Selección argentina ya jugó tres partidos con el dedo anular derecho fracturado y ahora apunta a sacarse esa protección para el cruce de 16avos de final ante Cabo Verde. El dato deportivo convive con otro más íntimo: el titular del equipo de Lionel Scaloni sostuvo su puesto entre dolor, dudas médicas y una preparación lejos del grupo.
El parte más visible de la historia aparece en la cancha, donde Argentina cerró la fase de grupos con puntaje perfecto. El equipo venció 3-0 a Argelia, 2-0 a Austria y 2-1 a Jordania, resultados que le permitieron terminar primero en el grupo J. Detrás de esa campaña sin derrotas, Martínez atravesó una recuperación que todavía no terminó y que condicionó cada entrenamiento desde su llegada a Estados Unidos.


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La lesión nació antes del Mundial, durante la entrada en calor de la final de la UEFA Europa League. En ese partido, Aston Villa derrotó 3-0 al Friburgo y se consagró campeón, pero el arquero argentino terminó con una fractura en el dedo anular de la mano derecha. El golpe llegó el 20 de mayo, apenas 27 días antes del debut argentino ante Argelia, y convirtió la preparación mundialista en una carrera de urgencia.
Martínez reveló que el primer dilema fuerte apareció cuando le plantearon la posibilidad de una operación. La alternativa quirúrgica abría otra pregunta incómoda: cuánto podía afectar su presencia en el torneo. El arquero reconoció que tuvo “millones de preguntas en la cabeza”, porque la decisión no solo definía un tratamiento, sino también su disponibilidad para el Mundial.
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El camino elegido fue no operarse y sostener una recuperación especial. Durante ese tramo, Martínez usó yeso y entrenó con una mano detrás de la espalda hasta pocos días antes del debut argentino. Ese trabajo limitado explica por qué llegó a la concentración “muy jugado” y por qué todavía practica aparte, bajo la supervisión de Martín Tocalli, entrenador de arqueros de la Selección.
La incomodidad persiste incluso después de tres partidos oficiales. El arquero del Aston Villa disputó toda la fase de grupos con una férula que inmovilizó el dedo lesionado y modificó la sensación del guante. Martínez dijo que la protección resulta “muy incómodo” y que lo hace sentir con “el guante muy flojo”, una molestia sensible para un puesto donde cada detalle técnico pesa.
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El propio arquero sintetizó esa convivencia entre dolor y competencia con una frase directa. “La verdad es que me molesta muchísimo, pero en la cancha trato de no sufrirlo”, expresó al explicar cómo atraviesa los partidos. La declaración no funciona como excusa, sino como una ventana al esfuerzo físico que quedó tapado por la eficacia del equipo en la primera ronda.
La recuperación también incluyó un acompañamiento cercano dentro del plantel. Martínez agradeció el apoyo de Tocalli y de los otros arqueros convocados, Juan Musso y Gerónimo Rulli, quienes colaboran en los entrenamientos con pelotas de vóley. Ese recurso mostró una adaptación artesanal para sostener ritmo, reflejos y confianza sin exponer de más el dedo fracturado.
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Scaloni también ocupó un lugar importante en esa etapa. El arquero contó que el entrenador le dio “muchísimo ánimo” y le transmitió que lo iba a utilizar “llegue al partido que llegue”. Esa señal del cuerpo técnico sostuvo la confianza de Martínez en el tramo más incierto de la recuperación, cuando todavía no entrenaba con normalidad y la lesión podía dejarlo afuera del arranque mundialista.
El próximo punto de prueba será Cabo Verde, el viernes 3 de julio, desde las 19:00 de la Argentina, en Miami. La Selección llega como primera de su grupo y con el arco titular en condiciones de competir, aunque el propio Martínez todavía busca desprenderse de la férula. La intención del marplatense es jugar sin esa protección en el primer cruce eliminatorio, una decisión que dependerá de la evolución final del dedo.
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La noche previa a uno de los partidos también dejó una imagen del trabajo silencioso alrededor del arquero. Martínez contó que pasó horas intentando que le drenaran el dedo para bajar la hinchazón antes de competir. Después resumió esa ayuda con otra frase fuerte: “a veces el mérito no es de uno, sino de la gente que trabaja”. Esa mirada repartió el valor de su presencia entre médicos, cuerpo técnico, preparadores y compañeros.
El recorrido de Martínez en este Mundial ya no se explica solo por sus atajadas ni por su jerarquía desde 2021. Su continuidad se apoya en una decisión médica, una tolerancia física y una red interna que lo sostuvo hasta la fase eliminatoria. La incógnita inmediata queda en su mano derecha: cuánto margen le dará el dedo fracturado cuando Argentina ya no tenga partidos con retorno posible.
Fuente: NA.


















