Los riesgos del fútbol amateur y las pautas médicas para evitar lesiones

Actualidad02/07/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Especialistas del Hospital de Clínicas advierten sobre el desbalance fisiológico en adultos y detallan las medidas preventivas para retomar el deporte.

Lesiones en el fútbol
Lesiones en el fútbol

El Hospital de Clínicas de la UBA identificó que la práctica del fútbol amateur presenta riesgos específicos que se intensifican con el paso de los años. Los médicos advierten que, a partir de los 30 años, la frecuencia de los daños musculares se vuelve más común, mientras que el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares se incrementa significativamente cuando los deportistas superan los 35 años.

La problemática principal radica en la falta de preparación física de quienes deciden retomar la actividad de forma repentina. El Dr. Jorge Franchella (M.N. 44.396), director del Programa de Actividad Física y Deporte del mencionado hospital, explica que el problema surge cuando el organismo no está habituado al esfuerzo. Según el especialista, “Cuando una persona que no entrena regularmente vuelve a jugar con intensidad, se genera un desbalance entre la demanda fisiológica del deporte y la capacidad real del organismo”.


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Este desequilibrio físico tiene consecuencias directas en la integridad del jugador, manifestándose en fatiga desproporcionada y respuestas cardíacas exageradas. En el ámbito del fútbol no profesional, las afecciones más recurrentes se localizan en los isquiotibiales, aductores, gemelos y sóleo. Asimismo, el informe detalla que las lesiones de rodilla —incluyendo roturas de ligamento cruzado anterior, meniscos y esguinces colaterales— junto con los esguinces de tobillo, completan el cuadro de las patologías más frecuentes.

Para mitigar estos riesgos, la recomendación médica central es la incorporación de un entrenamiento de fuerza constante. El Dr. Franchella sostiene que, aunque en el fútbol amateur es una práctica poco habitual, es fundamental para mejorar la velocidad y la potencia. El objetivo es fortalecer específicamente los glúteos, isquiotibiales, aductores y la zona media, ya que estos grupos musculares actúan como protectores de la cadera, la rodilla y la zona lumbar.


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La preparación previa al encuentro deportivo es otro pilar de la seguridad deportiva. Un calentamiento dinámico de 8 a 10 minutos resulta indispensable para activar el sistema neuromuscular y mejorar la coordinación y la velocidad de reacción. Esta rutina debe incluir ejercicios de sprint y cambios de dirección, permitiendo que el sistema cardiorrespiratorio se adapte gradualmente. De esta manera, se logran evitar picos bruscos de frecuencia cardíaca y presión arterial, reduciendo además la sensación de falta de aire durante los primeros minutos de juego.

Existen pautas básicas de autocuidado que los jugadores deben cumplir antes de entrar a la cancha. Es necesario asegurar una adecuada hidratación, llegar al partido descansado y mantener una alimentación correcta. Los especialistas subrayan la importancia de evitar competir con lesiones previas y de realizar una progresión en la intensidad, pasando de un trote suave a aceleraciones controladas. Al finalizar la actividad, se sugiere realizar ejercicios de estiramiento para facilitar la recuperación muscular.


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A pesar de las medidas preventivas, el cuerpo emite señales de alerta que requieren la interrupción inmediata de la actividad. Los médicos del Hospital de Clínicas señalan que síntomas como dolor u opresión en el pecho, palpitaciones irregulares o intensas, y mareos o sensación de desmayo son señales críticas. También se debe prestar atención a la falta de aire desproporcionada, la fatiga extrema fuera de lo habitual, y la presencia de náuseas o sudor frío sin una causa aparente.

La clave para una práctica deportiva segura reside en la escucha activa de las propias capacidades físicas. El especialista resume que el jugador debe llegar preparado, escuchar al cuerpo ante cualquier síntoma inusual y aumentar la intensidad de manera progresiva. El objetivo final es permitir que el deportista disfrute del fútbol minimizando las consecuencias de un esfuerzo que supere la capacidad de recuperación del organismo.

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