Una histórica empresa de bebidas entró en concurso por la caída del consumo

Actualidad02/07/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Frutafiel, con planta en General Ramírez, registró cheques sin fondos por más de $1.000 millones y busca reorganizar sus deudas.

Planta de Frutafiel en General Ramírez, Entre Ríos. (Frutafiel)
Planta de Frutafiel en General Ramírez, Entre Ríos. (Frutafiel)

La crisis del consumo sumó un nuevo caso empresarial con impacto regional. Frutafiel, una firma entrerriana con más de 70 años de trayectoria, se presentó en concurso preventivo ante la Justicia de Paraná. La compañía tiene su planta industrial en General Ramírez, departamento Diamante, y atribuyó su situación a una combinación de menor facturación, aumento de costos y dificultades para financiarse.

La empresa llegó a la instancia judicial después de que sus costos operativos y financieros superaran el nivel de ventas durante los primeros meses de 2026. Según la presentación realizada ante la Justicia, la situación de insolvencia se consolidó entre marzo y abril. En ese período, Frutafiel dejó de cumplir compromisos fiscales y comenzaron los rechazos de cheques.

El diagnóstico de la compañía apuntó directamente al deterioro del poder de compra. En el escrito judicial, la firma sostuvo que “el proceso inflacionario posterior a la pandemia erosionó el poder adquisitivo de los consumidores y elevó simultáneamente los costos de insumos y transporte”. También señaló que no pudo trasladar esos aumentos al precio final sin perder competitividad en góndolas.

La retracción impactó sobre productos considerados no esenciales dentro del consumo cotidiano. Frutafiel produce aguas saborizadas, cerveza, una bebida elaborada con vino y gaseosa, y la línea Aqualoe, su agua con pulpa de aloe vera. Además, la firma fabrica fideos secos y dulces de membrillo y batata, lo que la convierte en un actor productivo relevante para su localidad.

El encarecimiento de la energía y los combustibles profundizó el problema financiero. Según la empresa, los insumos derivados del petróleo representan hasta el 95% del costo final en algunas líneas de producción. A eso se sumó el cierre del crédito bancario, que “se volvió inviable ante las tasas de interés que regían en el mercado”.


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Frutafiel también intentó compensar la caída de ventas con promociones en supermercados y cadenas de distribución. Sin embargo, los descuentos necesarios para sostener presencia comercial dejaron márgenes de rentabilidad casi nulos. La morosidad de algunos clientes, con casos de cobro imposible, terminó de agravar la caja de la empresa.

Para sostener la operación, el presidente de la sociedad y principal accionista vendió un inmueble propio e inyectó esos fondos en la compañía. Ese aporte permitió lanzar una línea de cerveza con marca propia, Golden Saft, que comenzó a venderse a principios de 2025. El producto tuvo una buena recepción inicial, pero el incumplimiento de un proveedor de cerveza a granel y la rápida reacción de la competencia limitaron su crecimiento.

La situación patrimonial refleja la fragilidad del momento. La firma declaró un activo total de $4.016.951.403 frente a un pasivo de $3.818.314.937, con un patrimonio neto positivo de apenas $198.636.466. El Banco Central registra además 387 cheques rechazados sin fondos por un total de $1.085.442.794.

La cesación de pagos quedó ubicada entre fines de marzo y abril. A fines de marzo, la empresa dejó de cumplir planes de facilidades de pago con ARCA. El 21 de abril comenzaron los rechazos de cheques, un dato que marcó el agravamiento público de su situación financiera.


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Pese al cuadro crítico, Frutafiel sostiene que su operación puede recuperarse. En la presentación judicial afirmó que su actividad “es viable, siendo rentable en el mediano y largo plazo”. También planteó que “el concurso preventivo producirá el desahogo financiero” necesario para ordenar pagos y volcar recursos nuevamente a la producción.

El proceso quedó en manos del Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial N° 9 de Paraná, a cargo del juez Ángel Luis Moia. La apertura fue dispuesta el 10 de junio, tras una solicitud presentada el 22 de mayo. El magistrado ordenó la inhibición general de bienes de la firma y designó al Estudio Cerini-Cerini-Chiara como sindicatura.

El caso tiene impacto más allá de los números. Frutafiel es uno de los principales empleadores de General Ramírez, una ciudad de poco más de 13.000 habitantes. Por eso, el concurso preventivo será seguido de cerca por trabajadores, proveedores y comercios que dependen del movimiento económico que genera la planta.

La compañía busca ganar tiempo judicial para renegociar compromisos y evitar una interrupción mayor de su actividad. El desenlace dependerá de su capacidad para recomponer ventas, sostener abastecimiento y alcanzar acuerdos con acreedores. En un escenario de consumo debilitado, el expediente de Frutafiel expone cómo una marca histórica puede quedar atrapada entre costos altos, menor demanda y deuda de corto plazo.

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