
Tres ejemplares llevan transmisores satelitales que permiten seguir su migración desde el Golfo San Jorge, donde permanecen durante gran parte del año.

Dos ballenas sei que se alimentaron durante meses frente a las costas de Comodoro Rivadavia transmiten ahora su ubicación desde el sur de Brasil. Los datos satelitales permiten observar en tiempo real una parte del desplazamiento migratorio de la especie, cuyo destino reproductivo todavía permanece sin identificar. Un tercer ejemplar también recibió un dispositivo durante la campaña científica realizada este año.
El seguimiento busca completar una ruta que comienza a delinearse después de la recuperación poblacional registrada en el Golfo San Jorge. Los investigadores confirmaron que los cetáceos permanecen en esa región desde octubre hasta junio, antes de abandonar las aguas patagónicas. Allí encuentran alimento suficiente para sostener el extenso viaje hacia otras zonas del Atlántico.


OTRAS NOTICIAS:
La concentración principal aparece entre 30 y 40 kilómetros de la costa, dentro de una franja que se extiende desde el norte de Comodoro Rivadavia hasta el sur de Caleta Olivia. Ese sector posee una alta productividad biológica, condición que también favorece la presencia de otras especies marinas. La información modificó el conocimiento disponible sobre la importancia ecológica del golfo para la ballena sei.
El trabajo está encabezado por el investigador del CONICET Mariano Coscarella e integra especialistas de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, la NOAA y Rewilding Argentina. La cooperación permite combinar observaciones en el mar, experiencia local y herramientas capaces de registrar movimientos a grandes distancias. El proyecto intenta establecer dónde se reproducen los animales después de abandonar la costa chubutense.
OTRAS NOTICIAS:
Los transmisores utilizados poseen una duración prolongada y envían posiciones a medida que las ballenas avanzan por el océano. Esa información permite reconstruir velocidades, direcciones, permanencias y posibles zonas de paso que resultan imposibles de observar desde embarcaciones. “La información que obtengamos nos permitirá comprender mucho mejor el recorrido completo de la especie y los sitios que utiliza durante su migración”, explicó Coscarella.
El hallazgo de ejemplares transmitiendo desde Brasil vincula por primera vez las aguas del Golfo San Jorge con sectores alejados de la costa patagónica mediante registros continuos. Aunque todavía no alcanza para determinar el destino final de la migración, aporta una referencia concreta sobre el rumbo elegido. Los científicos necesitan que los dispositivos continúen activos para establecer si los animales permanecen allí o siguen hacia latitudes más bajas.
OTRAS NOTICIAS:
El conocimiento acumulado también puede orientar futuras medidas destinadas a preservar las áreas utilizadas por la especie. La franja de alimentación coincide con un corredor biológico de gran actividad, donde cualquier modificación ambiental podría afectar la disponibilidad de recursos. Los resultados permitirán evaluar herramientas de conservación, incluida la eventual creación de un área marina protegida.
Obtener esos registros exige trabajar en un sector donde la navegación suele presentar condiciones parecidas a las del océano abierto. El viento, el oleaje y la distancia respecto de la costa condicionan las operaciones necesarias para acercarse a los ejemplares sin alterar su comportamiento. “Uno intenta estar preparado con todo y, por supuesto, tener un equipo de apoyo que es realmente invaluable”, afirmó el investigador al reconocer la tarea de los navegantes locales.
OTRAS NOTICIAS:
La presencia sostenida de ballenas sei también ofrece una posibilidad para el avistaje turístico en el sur de Chubut. La experiencia científica permite conocer temporadas, sectores de concentración y condiciones de navegación, datos indispensables para analizar una actividad de esas características. Cualquier iniciativa deberá contemplar reglas que reduzcan las molestias sobre animales que utilizan el área principalmente para alimentarse.
El seguimiento continuará condicionado por la duración de las baterías, la estabilidad de las transmisiones y la posibilidad de recibir posiciones durante todo el recorrido. Todavía falta localizar las áreas reproductivas y establecer cuántos corredores utiliza la población observada en el Golfo San Jorge. Cada señal enviada desde el Atlántico ampliará ese mapa, aunque la ruta completa dependerá de que los dispositivos resistan el viaje.
















