Miles de ballenas Sei se alimentan frente a Chubut, pero aún nadie sabe dónde crían

Chubut11/07/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El Golfo San Jorge concentra unos 2.700 ejemplares durante el otoño. Los rastreos apuntan hacia Brasil, aunque la ruta reproductiva sigue sin confirmarse.

Ballena Sei
Ballena Sei

Unas 2.700 ballenas Sei llegaron a concentrarse durante mayo en las costas del Golfo San Jorge, en un sector que se extiende desde Camarones hasta el sur de Caleta Olivia. La cifra supera incluso el máximo de ballenas francas contabilizado durante una temporada reciente en Península Valdés. A pesar de esa presencia masiva, los investigadores todavía intentan determinar hacia dónde migran los animales para reproducirse.

La estimación corresponde al último relevamiento aéreo realizado en 2021 y permanece como la referencia más completa disponible. El equipo científico considera que actualmente podría haber una cantidad mayor, aunque necesita repetir los vuelos a baja altura para comprobarlo. Mariano Coscarella, biólogo e investigador principal del CONICET, explicó en diálogo con #LA17 que ese tipo de campañas resulta costoso y requiere financiamiento específico.

La mayor concentración aparece entre el norte de Comodoro Rivadavia y el límite con Santa Cruz, además de otro núcleo cercano a Caleta Olivia. Los animales pueden distribuirse hasta unos 40 kilómetros mar adentro, pero una parte importante se mantiene cerca de zonas urbanas y costeras. Esa proximidad convierte al Golfo San Jorge en un sitio poco habitual para observar una especie que, en otras regiones del mundo, suele desplazarse por aguas oceánicas.

El golfo funciona principalmente como un área de alimentación. Las primeras ballenas comienzan a aparecer entre fines de octubre y principios de noviembre, aunque la presencia se vuelve más regular desde mediados de enero. El máximo se registra entre abril y mayo, antes de que la mayoría inicie su desplazamiento hacia el norte durante junio.

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Los rastreadores satelitales permitieron seguir parte de esa migración, aunque los datos todavía son limitados. Un transmisor instalado durante la campaña anterior llegó hasta la altura de Río de Janeiro y permaneció varios días a unos 700 kilómetros de la costa, antes de dejar de emitir. Otros dos dispositivos continuaban acercándose a esa región, una coincidencia que sostiene la hipótesis de una posible zona reproductiva en aguas brasileñas.

La cantidad de animales instrumentados todavía resulta insuficiente para confirmar esa interpretación. Hasta el momento, los investigadores cuentan con información de apenas tres ejemplares en esas rutas tardías de la temporada. “Creemos que la zona de reproducción está por ahí, pero por supuesto que nos hace falta instrumentar más animales”, señaló Coscarella durante la entrevista.

La ballena Sei presenta un aspecto y un comportamiento muy diferentes a los de la ballena Franca, más conocida en las costas de Puerto Madryn y Península Valdés. Posee cuerpo estilizado, aleta dorsal, carece de callosidades en la cabeza y puede medir entre 12 y 18 metros. También alcanza velocidades elevadas y cambia de dirección con rapidez cuando se alimenta o se desplaza.

Su forma de comer explica buena parte de ese movimiento. El animal acelera con la boca abierta, incorpora agua junto con el alimento y luego la expulsa mediante las barbas. Los pliegues de la garganta se expanden durante esas embestidas, conocidas como estocadas, y le permiten capturar grandes volúmenes en pocos segundos.

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La observación desde tierra ofrece condiciones distintas a las del avistaje de ballena franca en El Doradillo. Desde la costa suelen distinguirse las respiraciones, aunque resulta más difícil apreciar el cuerpo completo del animal. La Reserva Provincial Punta Márquez ofrece uno de los mejores puntos terrestres porque su mirador se interna unos dos kilómetros y medio en el mar y se eleva cerca de 160 metros.

También existen paseos náuticos en Comodoro Rivadavia y Rada Tilly, aunque los avistajes comerciales específicos todavía no cuentan con habilitación. Los investigadores calculan que podrían autorizarse para el comienzo de la temporada comprendida entre enero y febrero de 2027. La eventual apertura sumaría una nueva actividad turística en una zona que también reúne ballenas francas, jorobadas, azules, cachalotes y varias especies de delfines.

La abundancia local contrasta con la situación global de la especie. La ballena Sei permanece clasificada en peligro de extinción, luego de haber sufrido una intensa presión por la caza. “Esto que tenemos acá es algo fenomenal”, definió Coscarella, al destacar que la recuperación comienza a advertirse también en otras regiones, aunque todavía no permite considerar superado el riesgo de conservación.

El trabajo científico deberá responder dos preguntas centrales antes de completar el panorama: cuántas ballenas utilizan actualmente el golfo y dónde se concentra su reproducción. Para resolverlas harán falta nuevos vuelos, más transmisores y continuidad en las campañas. Sin esos datos, la Patagonia posee una de las mayores concentraciones conocidas de ballena sei, pero todavía observa solamente una parte de su ciclo de vida.

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