
La historia de la enfermera suiza Marie Jeanneret: sus crímenes y la abolición de la pena capital en Ginebra
Enfoques12/07/2026
REDACCIÓNEl caso de la enfermera Marie Jeanneret, conocida como «el Ángel de la muerte», fue clave para la abolición de la pena capital en Ginebra tras su condena por envenenamiento.

La abolición de la pena capital en Ginebra, Suiza, fue una de las principales consecuencias de un juicio histórico. Ocurrió luego de la condena de la enfermera Marie Jeanneret, una mujer que envenenó a al menos seis personas. La decisión del jurado de no imponerle la pena de muerte llevó a las autoridades a eliminar completamente esta medida.
Jeanneret fue una enfermera suiza que se convirtió en una asesina serial, apodada «el Ángel de la muerte». Envenenó a sus víctimas con atropina, un derivado de la belladona, aunque la Justicia estimó que el número real pudo haber superado las 30 personas. Además de los asesinatos consumados, intentó asesinar a otras tres personas que lograron salvarse.


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La mujer ofrecía sus servicios de enfermería a cambio únicamente de alojamiento y comida, ganándose la confianza de sus pacientes. Utilizaba la atropina para llevar a cabo sus crímenes, un medicamento que también se aplicaba a sí misma. Este patrón de envenenamiento se repitió en varios casos que conmocionaron a la sociedad de la época.
Entre las víctimas confirmadas se encuentra Marie-Catherine Fritzgès, de 24 años, quien enfermó en junio de 1868 en una pensión de Ginebra y milagrosamente logró salvarse. Ella había entablado amistad con Jeanneret, quien la envenenó con grandes dosis de la sustancia. La víctima más joven de esta enfermera fue Jenny-Julie Juvet, de 11 años, a quien le había dado bombones envenenados.
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La víctima de mayor edad fue Louise-Marie Lenoir, quien tenía 72 años al momento de su fallecimiento. Estos casos evidenciaron un patrón de conducta criminal por parte de la enfermera. Curiosamente, Jeanneret desarrolló una obsesión con su propia salud y se automedicó con atropina durante tres años para tratar síntomas que los médicos consideraban imaginarios.
Un médico notó su particular preferencia por tratamientos dolorosos en lugar de remedios convencionales. Incluso le exigió que se quemara la espalda con un hierro al rojo vivo, y ella ya presentaba marcas en la columna que demostraban sus deseos. En el juicio, Marie Jeanneret declaró que había administrado los medicamentos con la convicción de que mejorarían a los pacientes, negando su intención de causar daño.
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El juez, sin embargo, la confrontó directamente con una pregunta clave sobre sus motivaciones. «Al ver los resultados de sus tratamientos, ¿por qué continuó administrándolos?», inquirió el magistrado ante el tribunal. La enfermera no pudo ofrecer una respuesta concreta a este planteamiento, limitándose a expresar su amor por los pacientes.
A pesar de la gravedad de los crímenes, el jurado se negó a imponerle la pena de muerte, considerando que la acusada también había salvado otras vidas. No quedó claro para ellos si la intención de Jeanneret era realmente asesinar a todas sus víctimas. Finalmente, fue declarada culpable con circunstancias atenuantes y sentenciada a 20 años de prisión, la pena máxima en aquel momento.
Nacida el 13 de enero de 1836 en Locle, en el cantón suizo de Neuchâtel, Marie Jeanneret quedó huérfana a muy temprana edad. Fue criada por su tío, a pesar de que sus padres le habían dejado una considerable herencia para su sustento. La enfermera falleció en Ginebra el 4 de abril de 1884, a la edad de 48 años.















