Expertos proyectan crisis de salud mental para 2030 por la desconexión digital

Actualidad12/07/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un psicólogo especializado advierte: el cerebro joven no asimila tanta información digital, causando ansiedad y afectando su desarrollo.

Salud mental
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Diferentes estudios proyectan que para el año 2030 la principal problemática de salud global estará relacionada con la salud mental. Esta previsión surge en un contexto donde el mundo digital avanza, pero se observa una creciente desconexión a nivel emocional y humano. Los desbordes emocionales en jóvenes, que van desde la frustración a actos como cortarse o consumos problemáticos, son un claro indicador de esta situación.

El impacto de la virtualidad en la adolescencia genera una preocupación cada vez mayor sobre la salud mental de las nuevas generaciones. Según el licenciado en psicología Alexis Alderete, especialista en Trastornos de Ansiedad, el mundo digital se impuso de una forma para la cual la evolución humana aún no tiene respuesta. El experto advirtió que el cerebro hoy no está preparado a nivel de desarrollo evolutivo para manejar la enorme cantidad de información digital.


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El psicólogo remarcó que se observa muchísimo cómo hay chicos que no adquirieron las habilidades humanas básicas, como la de «mirar a los ojos» o prestar atención en situaciones cotidianas. Para muchos jóvenes, situaciones simples como «pedir una hamburguesa fuera de una aplicación» les genera muchísima ansiedad. Esto se debe a que su sistema nervioso no está preparado para enfrentar ese tipo de interacciones directas.

Esta problemática ya se refleja en cifras concretas, ya que un reciente informe “Kids Online Argentina 2025” de UNICEF y UNESCO reveló datos alarmantes. El 46% de los chicos de entre 9 y 17 años tuvo algún problema relacionado con el uso de internet, celulares o videojuegos. Para Alderete, el uso de redes sociales se vuelve problemático cuando interfiere en la vida cotidiana de los jóvenes, dificultando las relaciones sociales o su rendimiento académico.


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La dependencia de los adolescentes hacia las redes sociales es fuerte porque buscan su identidad en el entorno digital, aunque de forma engañosa. Cada like, cada buen comentario o cada reposteo libera dopamina en el cerebro, generando una falsa esperanza y una imagen irreal de sí mismos. Hoy, tener una red social o mostrarse de una determinada manera parece definir el valor real que el adolescente percibe de sí mismo.

Uno de los factores más peligrosos del entorno virtual es la amplificación del discurso de odio y el anonimato que permite. En el ámbito digital no hay un cara a cara, lo que impide ver las consecuencias que se generan en el otro. El especialista explicó que está probado que, al no observar el impacto de sus actos, las personas elevan cada vez más su agresividad.


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Esta dinámica también altera la empatía, ya que el agresor digital no tiene ante sí la reacción inmediata de su víctima, anulando los mecanismos naturales de freno social. El hecho de que un primer comentario no tenga consecuencias hace que la situación escale cada vez más, generando una espiral de violencia. Al no ver las consecuencias de mi acto, «elevo cada vez más mi agresividad y me siento cada vez más libre», concluyó el experto.

Para las familias, es fundamental observar ciertas señales de alerta en el comportamiento de los adolescentes. Lo primero es un cambio de conducta, como la reticencia a ir al colegio o el abandono de sus hobbies habituales. También deben prestar atención a cambios físicos como la taquicardia, los ataques de pánico o la aparición de fiebre antes de asistir a clases, junto con alteraciones en la alimentación y el sueño.

Ante la problemática, el licenciado Alderete sugirió que los errores más comunes de los padres tienen que ver con una mala comunicación al intentar intervenir. Retirar el celular de manera inmediata genera en los adolescentes una «explosión conductual y emocional», que puede derivar en la rotura de objetos o incluso amenazas. La forma correcta de actuar es a través de la comunicación sobre el uso responsable y el establecimiento de horarios determinados para evitar que el niño se vuelva adicto.

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