
Justicia halló culpable a anestesista por maltrato y violencia de género contra una mujer en parto prematuro, prohibiendo su acercamiento.

Un médico anestesista del Hospital Durand deberá cumplir 30 horas de trabajo comunitario y realizar un curso sobre violencia de género como parte de su condena. La sentencia, homologada por la jueza Natalia Molina, también le prohíbe el contacto con la víctima y el acercamiento al hospital por el término de un año. Estas pautas de conducta fueron establecidas en el marco de un juicio abreviado por maltrato.
El profesional fue condenado por violencia obstétrica tras maltratar a una mujer que estaba internada para un parto prematuro en dicho centro de salud público. La Fiscalía Penal, Contravencional y de Faltas N°28, a cargo de Martín Perel, logró la condena por la contravención de maltrato en contexto de violencia de género. El caso se inició a partir de la denuncia de la propia víctima, respaldada por testigos.


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Según el relato de la mujer, el maltrato comenzó antes de la intervención quirúrgica, cuando le manifestó al médico que se sentía mal del estómago. La respuesta del anestesista fue un grito: «Si tenés ganas de vomitar, vomitate encima. Acá los partos son así, tenés que aguantártela». Este trato despectivo ocurrió en un momento de extrema vulnerabilidad para la paciente.
El maltrato continuó durante la aplicación de la anestesia raquídea, según declaró una de las médicas neonatólogas que presenció el hecho. La testigo manifestó que el imputado sentó a la víctima «con una fuerza innecesaria, de una forma muy brusca», provocándole dolor. Ante las quejas de la mujer, el doctor le respondió con un tono de voz elevado que se quedara quieta y que no le podía doler.
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La propia paciente ratificó que, al quejarse del dolor, el médico le dio unas palmadas en la frente para silenciarla. El condenado le dijo textualmente: «Callate la boca porque vas a vomitar». Esta agresión se sumó a las anteriores, que fueron presenciadas por el equipo médico presente en el quirófano.
La violencia verbal del anestesista se extendió también a la pareja de la mujer, que esperaba para ingresar al quirófano. Cuando la paciente pidió que lo dejaran entrar, el encausado gritó: «¿Por qué lo van a hacer pasar? Si se llega a desmayar, lo van a tener que atender ustedes». Esta negativa a respetar los deseos de la paciente fue parte del accionar denunciado.
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El comportamiento agresivo del médico se mantuvo incluso después del nacimiento, durante el primer contacto entre la madre y su beba. Una de las neonatólogas declaró que el condenado le advirtió: «No me vayas a dejar la cara sucia de la madre con el contacto con el bebé». Inmediatamente después, le gritó a la especialista, acusándola de ensuciar su lugar de trabajo.
Un informe elaborado por la Oficina de Atención a Víctimas y Testigos (OFAVyT) fue clave para la causa, concluyendo que se trató de un caso de violencia obstétrica. El documento destacó el trato deshumanizado desplegado por el imputado y la relación desigual de poder en el contexto de vulnerabilidad de la paciente. La denunciante fue asistida por profesionales de esta oficina durante todo el proceso judicial.
La causa judicial se fundamentó en la denuncia inicial de la víctima, cuyo testimonio fue respaldado por las declaraciones de las médicas neonatólogas que atendieron el parto. Estas profesionales actuaron como testigos directas de la situación de maltrato. La condena finalmente se centró en la figura de maltrato psíquico, expresamente sancionada por la ley.















